Archivos de la categoría Guerra

Todos nuestros ayeres

Todos nuestros ayeres – (Natalia Ginzburg)

El paso de la adolescencia a la juventud en una muchacha italiana durante los años terribles de la guerra constituye el pretexto en torno al cual Natalia Ginzburg ha tejido esta conmovedora crónica de los “pobres jóvenes” que constituye un fresco gigantesco y maravilloso de toda la vida de un país en una época. La acción de esta novela transcurre durante la segunda Guerra Mundial. Pero ella no aparece para nada. Aletea sobre todo cuando sucede como un espectro terrible y destructor, como una presencia permanente aunque apenas entrevista.

La obra se divide en dos partes claramente diferenciadas. En la primera aparece la ciudad multitudinaria donde sus pobladores, no por hacinados, están menos trágicamente incomunicados. En la segunda parte la acción se traslada a la campaña, al perdido Borgo San Constanzo, y nos hallamos entre seres que viven una existencia miserable y aletargada, acosados por pequeñas necesidades, acuciados por mínimas ausencias. Natalia Ginzburg no se ha propuesto entretenernos, ni siquiera adoctrinarnos. Sólo quiere mostrarnos. Y esa mostración  —cuanto este libro tiene de crónica terrible, estremecida—  es lo que hace que se construya en un documento tierno y memorable.

La batalla de Tebas

La batalla de Tebas – Egipto contra los Hicsos – (Naguib Mahfuz)

La acción tiene lugar en el siglo XVI a.C., una época en que los Egipto era dominado por los Hicsos. Tras una terrible revuelta del pueblo egipcio contra el invasor, Sekenenre  —legítimo emperador egipcio, pero con el cargo de mero gobernador a merced de  Apofis, rey de los Hicsos—  muere,  y su familia se ve obligada a huir a Nubia. Diez años después, Ahmose, el joven nieto de Sekenenre, logra obtener un salvoconducto de entrada libre en Egipto expedido por el propio Apofis, quien le cree un rico comerciante. Ahmose pretende reclutar un ejército de egipcios fieles a su causa, introducirlo clandestinamente en Nubia y declarar la guerra a los Hicsos. Mientras lleva a cabo esta misión, conoce a la bellísima princesa Ameniridis, hija de Apofis, y se enamora apasionadamente de ella, aunque es consciente de que el rey Hicso jamás entregará a su hija al enemigo.

Guerrilleros

Guerrilleros – (V. S. Naipaul)

En busca de nuevas causas por las que luchar, un hombre blanco, héroe de la resistencia sudafricana, llega a una isla del Caribe que se encuentra al borde de la revolución y dónde asiáticos, africanos, americanos y ex colonos británicos conviven en un estado de histeria contenida. Lo acompaña su amante, Jane, una mujer inglesa llena de fantasías sobre la sexualidad y el poder nativos, e incapaz de prever las consecuencias de sus acciones. Allí conocen a James “Jimmy” Ahmed, un revolucionario con delirios de grandeza y de poder, líder de una guerrilla que aspira a derrocar al gobierno. En medio de un clima sofocante, marcado por pequeños actos de violencia implícita y privada, la muerte de Stephen, el líder de una de las bandas juveniles, desata una espiral de muertes, violencia sexual e impotencia moral.

Un artista del mundo flotante

Un artista del mundo flotante

Un artista del mundo flotante – (Kazuo Ishiguro)

La Segunda Guerra Mundial ha terminado y Japón comienza a levantarse de entre sus cenizas. En los meses que van desde octubre de 1948 a junio de 1950  —el tiempo que media entre el comienzo de las negociaciones para casar a una hija y el matrimonio–,  Ono, un anciano pintor, recuerda su vida y reflexiona sobre su carrera artística, en un intento por comprender una realidad cada día más ajena.

No sé de ningún colega que pintara su autorretrato con absoluta honestidad“, declara Ono, y la pintura que va trazando de sí mísmo y de su época en una versión susceptible de múltiples y contradictorias interpretaciones, una trama compleja de instantes perfectos y decisiones erróneas, de heroísmos y traiciones.

Los triunfos del pasado de Ono quizá son ahora  —como insinúan sus hijas, que esconden sus cuadros—  aquello de lo que debería avergonzarse. Ono eligió abandonar las tradiciones pictóricas de sus maestros  —los pintores del mundo flotante de los barrios del placer, donde las cosas más bellas se construyen en la noche y se desvanecen en la mañana—  para dedicarse a loar un presente más heroico y menos fugaz. Y ahora el imperio militar que pintó no es más que otro mundo flotante desvanecido para siempre en la mañana del Japón “democrático” de posguerra…

Amo y admiro las novelas de Ishiguro. Para mí son un ejemplo de la mejor literatura internacional de nuestro tiempo.”

Bismarck e Hitler

Bismark e Hitler

Bismarck e Hitler – (Henry Vallotton) – Colección “El III Reich

La historia es el juicio de Dios

El Imperio alemán que fundó Bismarck en 1871 fue llevado a la derrota por Guillermo II en 1914, y a la ruina por Hitler, en 1939, convirtiéndose así en realidad el temor expresado por el “Canciller de Hierro” un año antes de su muerte:

Por las noches, la idea de que desmigajen la obra que yo he levantado piedra tras piedra no me deja dormir

¿Tan diferentes fueron el constructor y el demoledor de este Imperio? ¿Puede considerarse a Hitler  —como hay quien lo afirma—  discípulo y continuador de Bismarck? Y, sin ir tan lejos en el camino de las afirmaciones, ¿hubo parentesco espiritual entre el Junker de Pomerania y el hijo del aduanero austriaco? Estas son las tres preguntas que me propongo estudiar comparando las concepciones y procedimientos de los dos cancilleres, basándome en sus palabras, en sus escritos, y, sobre todo, en sus hechos.

Para poderlas contestar con pleno conocimiento de causa, he estudiado a fondo la vida y la obra de los dos hombres de Estado. Por lo que respecta a Bismarck, me ha resultado fácil hacerlo, pues el “Canciller de Hierro” pertenece a la Historia y poseemos abundante y fidedigna documentación sobre él; pero, en lo que a Hitler concierne, no me ha sido tan fácil. En primer lugar, pisamos aún terrenos movedizos, pues incluso acontecimientos tan importantes como el de su suicidio en el Búnker de la Cancillería no han podido comprobarse. Los informes soviéticos indican una cosa, mientras que los datos de los aliados indican lo contrario. Y no es que esta incertidumbre se deba precisamente a falta de material, sino a la excesiva abundancia de documentos y a la plétora de fuentes informativas, pues el espíritu de acribia de la Wehrmacht y de la Administración alemana exigía que se conservasen todos los archivos  —incluso los de las ejecuciones en los campos de concentración–,  aunque, dicho sea de paso, en documentos redactados convencionalmente. Fue tal la cantidad de protocolos, informes y correspondencia que se encontró, que, decenas de años después de la guerra, toneladas de documentos seguían aún sin haberse podido examinar.

No obstante, rara ha sido la semana en que no se hayan revelado documentos secretos o se publicasen libros o Memorias… Cuando no era un Canciller que publicaba documentos súbitamente esclarecedores de hechos misteriosos, era un embajador que escribía sus recuerdos, o algún jefe de la Gestapo o de las S.S. que intentaban rehabilitarse. Otras veces, quienes fueron conjurados un día precisaban detalles de complots poco conocidos, o quienes sufrieron detención e internamiento revelaban la resistencia de cierto núcleo de alemanes adversarios al régimen. En semejante avalancha de documentación de papel resulta dificultoso distinguir lo verídico de lo falso, llegar a conclusiones y considerar cifras casi siempre contradictorias.

Sé que han de surgir aún nuevos documentos y que se registraran nuevos testimonios que deberán obligar a modificar los presentes estudios, pero, como digo, la dificultad con que me he encontrado para mi trabajo no ha sido la escasez de datos, sino otra de muy diferente índole… Las atrocidades cometidas en el período 1933-1945  —que hicieron retroceder a Europa varios siglos en la barbarie—  fueron tales que, independientemente del asco y de la indignación que producen, provocan estados de ánimo que pueden perjudicar la imparcialidad de un ensayo histórico.

Naturalmente, yo no me he contentado con leer lo que ha ido apareciendo en los escaparates de las librerías o en la Prensa, sino que, personalmente, he inquirido cerca de los testigos que me parecieron seguros, muy especialmente en este trabajo a los embajadores André François-Poncet, Coulondre, Davignon, el Mariscal Mannerheim y el pastor Niemöller.

Si este paciente estudio da una visión exacta de los hechos; si el lector logra encontrar en él un resumen de la verdad y de lo que hoy día sabemos ya, y si los historiadores pueden obtener de él informaciones útiles, habré conseguido mi propósito.

La agonía de Alemania 1944-1945

La agonia de alemania

La agonía de Alemania 1944-1945 – (Georges Blond) – Colección “El III Reich

La lucha más sangrienta de la historia de Europa se desarrolló entre los meses de Julio de 1944 a Mayo de 1945. Millones de hombres fueron enfrentados en combates de una violencia inaudita, llevados a cabo con medios de destrucción incomparablemente muy superiores a los de la guerra mundial de 1914-1918. El centro de nuestro continente llegó a ser un auténtico cráter de volcán en erupción.

He pensado que, para contar, o, más bien, para mostrar ese drama en su unidad, debía colocarme en el centro de la acción, es decir, en territorio alemán, pues, solamente situándose allí, es posible ver llegar las dos invasiones que avanzaban desde el Este y el Oeste; además, el último acto, apocalíptico, no puede revivirse si no es trasladándose mentalmente a Berlín.

El objetivo de mi cámara lo he desplazado hacia el Este y hacia el Oeste tantas veces como me ha sido preciso para ver los episodios más dramáticos y significativos de la batalla de Europa. Aunque no pretendo  —ni mucho menos—  decir que he conseguido dar cuenta de todo en este libro, sí espero, no obstante, que todo lo substancial haya quedado reflejado en él.

Existe una inmensa documentación sobre la contienda europea de la Segunda Guerra Mundial, vista no sólo del lado aliado, sino también del lado alemán. Los archivos del Alto Mando de la Wehrmacht cayeron intactos en manos de los ingleses al entrar éstos en Flensburgo. En el transcurso de la invasión  —y más tarde también—  los Servicios de Información de los Ejércitos Aliados han buscado, recogido y clasificado metódicamente innumerables documentos militares y civiles  —órdenes, relaciones, informes, cartas personales—  e interrogado a miles de alemanes. Los expedientes de Nuremberg, con los interrogatorios y anexos,  constituyen un filón inagotable. Varios especialistas en la materia, franceses y de otras nacionalidades  —siendo muy de tener en cuenta los de la Historical División norteamericana–,  han reconstruido los acontecimientos ocurridos en el Este, basándose en los comunicados del Estado Mayor soviético, en diversas publicaciones rusas y en las declaraciones de los combatientes alemanes, húngaros y rusos, hechos prisioneros en su repliegue hacia el Oeste, y, más tarde, liberados o evadidos de su cautiverio. Existen también las numerosas obras de estimables historiadores que, tratando de los diferentes sectores y aspectos de la lucha en Europa, han sido publicadas.

Seleccionando y confrontando gran parte de estos documentos y obras, y también interrogando personalmente a varios supervivientes, he podido procurarme la substancia del texto contenido en las páginas que siguen. Obvio es decir que todo corresponde a la verdad y que, en esta obra, nada se ha inventado y a nada se le ha dado carácter novelesco. ¿Para qué iba a intentarlo siquiera, cuando la realidad histórica me proporcionaba a cada instante aspectos y detalles mucho más impresionantes y dramáticos que cuantos hubiera podido imaginar?

En Julio de 1944, Berlín había recibido ya más de treinta mil toneladas de bombas explosivas e incendiarias. Todos sus barrios, completamente devastados y convertidos en campos de cráteres gigantescos, presentaban un aspecto lunar. La mayor parte de sus calles sólo ofrecían a la vista restos de fachadas; lo demás se había volatizado, convertido en enormes espacios cubiertos de montones de escombros.

Había alarmas y bombardeos todas las noches. Primero se oían las sirenas, y, poco después, las bombas estremecían el suelo, hundiéndose los edificios e inmuebles. Los coches de bomberos corrían de un incendio a otro sin poder dar abasto. Al día siguiente, las llamas devoraban aún las ruinas. Los equipos de socorro circulaban por los barrios derruidos distribuyendo alimentos y vestidos, y recogiendo niños errantes y solitarios…

Historia de la Segunda Guerra mundial I

Historia de la Segunda Guerra mundial 1

Historia de la Segunda Guerra mundial I – (Karl Von Vereiter)

Quince años escribiendo libros de guerra han ido creando en mi conciencia un deber ineludible. La mayor parte de mis escritos gozaban del trabajo imaginativo, sin que por ello se abandonase el fondo, siempre histórico, en el que he procurado respetar escrupulosamente los datos y conceptos que, en gran parte, forman el bagaje de mi experiencia personal.

Muchos lectores avisados han debido percatarse, entre líneas, de aquello que había sido “realmente vivido”, porque se quiera o no, incluso en lo más hondo de la ficción, los recuerdos se deslizan, lenta y ladinamente, aflorando aquí y allá, sin que el autor pueda hacer nada por evitarlo.

Se han publicado tantas y tantas Historias de la Segunda Guerra Mundial, que no me atrevería, ni me atreveré, a hacer comparación alguna. Sólo deseo decir que he puesto en mi labor todo el entusiasmo, toda la fe que normalmente insuflo a mi trabajo, al que amo por encima de todas las cosas.

En las siguientes páginas, he procurado permanecer al margen de las naturales pasiones que se levantaron y siguen levantándose alrededor de esa gran tragedia de la humanidad cuyos efectos seguimos y seguiremos sufriendo durante décadas.

Creemos sinceramente que el autor ha conseguido de una manera neutral lo que se proponía. De ahí nuestra confianza de que el lector encuentre en esta Historia de la Segunda Guerra mundial el libro que, interiormente, deseaba leer desde hace mucho tiempo.

Historia de la Segunda Guerra mundial II

Historia de la Segunda Guerra mundial 1

Historia de la Segunda Guerra mundial II – (Karl Von Vereiter)

La extraordinaria complejidad de fenómenos humanos, militares y políticos que formaron parte en ese triste período de la historia humana conocido con el nombre de Segunda Guerra Mundial ha sido tratado, en este casi cuarto de siglo transcurrido desde entonces en innumerables obras, historias, publicaciones ilustradas y en fascículos.

Tratando las más de las veces a la ligera, se procuró siempre dar al público, más que un texto fidedigno e histórico, la mayor cantidad posible de documentación gráfica, dejando en muchas ocasiones que el lado visual de la obra remedase la poca altura de su contenido.

La importancia del tema, la urgente necesidad de presentar y ofrecer al público de habla hispana una obra lo más completa posible, ha empujado a realizar este esfuerzo, cuidando no solamente el contenido, sino también la presentación, la amenidad del texto, de forma a alejar al lector de ese fastidioso y aburrido modo de hacer que, desdichadamente, imprime su pesada huella en la casi totalidad de los libros históricos.

Manual para las Clases de Tropa

Manual para las clases de tropa

Manual para las Clases de Tropa – Curso de Aptitud para el Ascenso a Cabo

La orden de 30 de enero de 1956 aprueba el Reglamento del Voluntariado en el Ejército de Tierra e ingreso y permanencia en el Curso de Suboficiales y Escala Auxiliar, redactado por el Estado Mayor Central del Ejército.

El articulo 28 del mismo fija las materias a estudiar en el “Curso de aptitud para el ascenso a Cabo“, que son las que aparecen en la cubierta de esta obra.

El referido Estado Mayor Central del Ejército, Jefatura de Instrucción en orden comunicada del día 31 del mismo mes y año ordena la constitución de una ponencia integrada por un representante de dicho Alto Centro y un jefe por cada una de las Escuelas de Aplicación de las Armas y Cuerpo de Intendencia, para la revisión de los programas que rigen en los Cursos para ascenso a cabo, adaptándolos a las normas generales que fija el Reglamento citado, habiendo redactado la mencionada ponencia el que se inserta a continuación.