Archivos de la categoría Crítica

El tiempo del desprecio

El tiempo del desprecio – (André Malraux)

André Malraux pudo no haber escrito más que este libro, más que este título, que es un libro por sí sólo, para ganar de esa manera un lugar en la historia literaria contemporánea.

Malraux es un escritor, un hombre, una conciencia lúcida, un poeta ardiente, un hombre de acción y de lucha, que sabe que la palabra puede más que las balas, pero que en ciertas oportunidades las balas se encargan de rubricar aquello que las palabras gritan. Es escritor y combatiente, poeta y político. Está siempre en los puestos de lucha: en Teruel y en África del Norte, en una imprenta y en un ministerio, en el maquis y en los cielos cruzados de aviones enemigos.

Este libro suyo fué la profecía de Daniel, el grito desesperado de Catón, la angustia de una conciencia llena de amor ante un mundo que asistía con un egoísmo horroroso y suicida a su propia desintegración. Este libro gritó, cuando fué necesario, lo que era el mundo canalla del nazismo. Aun sigue gritando lo que podría llegar a ser el mundo incierto, confuso, triste y enfermo de hoy, si se permite brotar la raíz más pequeña del nazi más insignificante en la zona más alejada y desconocida del mundo.

Este es un libro que sigue acusando a los muertos, pero que no quisiera ya acusar a ningún otro ser humano por los tiempos de los tiempos.

Blues para Mr. Charley

Blues para Mr Charley – (James Baldwin)

Cuando en 1958 Elia Kazan propone a James Baldwin  —portavoz ideológico de un importante sector de la intelectualidad negra y novelística de reconocido talento—  escribir para el teatro, ve rechazada su oferta; sin embargo, en ese momento surge ya el germen de una idea que tomaría forma dramática seis años más tarde. Blues para Mr Charley (1964) se basa en un caso sucedido en Mississippi en 1955: el asesino blanco de un muchacho negro, tras ser absuelto en un juicio inícuo, acepta con toda desfachatez, seguro de su impunidad, que la confesión de su crimen sea publicada.

Aunque pudiera parecer que la obra se propone simplemente escenificar la cínica brutalidad con que gobernantes, policías, jueces y jurados imponen la discriminación racial en el Sur, el verdadero núcleo dramático lo constituye, no la inocencia de las víctimas, sino la irresponsabilidad moral de los verdugos. Con independencia de sus notables calidades teatrales y literarias, la importancia de la pieza estriba en que inicia una reflexión, histórica, ética y política de nuevo tipo sobre los blancos del Sur: emponzoñados por el odio racial, acosados por el miedo y la inseguridad, estos seres marginales, que no son una encarnación del mal sino instrumentos y víctimas del miedo social, han de cerrar los ojos ante la realidad de su propia conducta porque el conocimiento lúcido del contenido de sus actos les llevaría a la locura.

“Seguimos un camino  —concluye el autor del prólogo que abre el volumen—  dominado por las más horribles tinieblas; esta obra pretende dar testimonio de la existencia y el poder de la luz.”

El muerto indiscreto

El muerto indiscreto – (Rubén Correa)

Emilio Dargas, un periodista cuarentón y casi acabado, se tropieza en un restaurante de Buenos Aires con Luis Kunny, uno de los artífices del ascenso del presidente Saul Jalil. Pero todos saben que Luis Kunny murió dos años antes, y no dudan en atribuir tan singular encuentro al compulsivo romance de Dargas con el alcohol.

En busca de su verdad, el periodista se adentrará en la trastienda del poder político, sin advertir que es utilizado en una desesperada venganza: blanco involuntario en el fuego cruzado de una guerra secreta, se verá enredado en una lucha de fuerzas tan dispares que no será fácil predecir el desenlace.

Metáfora de la lógica sinuosa que ha regido la política argentina en las últimas décadas, “El muerto indiscreto” es también una parábola sobre las siempre difíciles relaciones entre periodismo y poder. “Un relato del proceso de progresiva corrupción, tanto del personaje, como del régimen político que le sustenta y promociona“.

Crímenes contra el planeta

Crímenes contra el planeta – (Ross Gelbspan)

Hemos gestionado este planeta sin el menor respeto hacia la vida y nos hallamos en el umbral de una catástrofe de dimensiones bíblicas. El cambio climático ha dejado de ser una amenaza para convertirse en un hecho irreversible y, en gran medida, inevitable. “Ni aunque se detuvieran ahora mismo todas las emisiones de gases contaminantes, cesarían de subir las temperaturas durante cerca de un siglo o dejarían de irrumpir en nuestra vida cotidiana esos fenómenos extremos, que cada vez más a menudo nos conmocionan“, asegura la comunidad científica. No pasa ya, de hecho, un solo día sin que los periódicos identifiquen nuevos signos que delatan el deterioro del entorno…

El autor de esta brillante obra pasa revista a todos ellos con una claridad diáfana al tiempo que revela ciertos hechos, por macabros, sorprendentes: “Algunos gobiernos y emporios económicos vienen organizando desde los noventa una campaña de engaño y desinformación diseñada para convencer a los políticos, la prensa y el gran público, de que el problema del cambio climático está rodeado de incertidumbre científica

El libro ha sido definido por la crítica norteamericana como “esencial“. Y esencial es, en verdad, además de sorprendente, para cuantos quieran comprender los entresijos político-económicos que rodean al fenómeno. Lo que Gelbspan denuncia es un intento de “privatización de la verdad” en el nombre del beneficio económico. “Esta variante de corrupción no es muy diferente a otros casos de falta de honestidad política. La diferencia radica en que esta vez salpica al futuro de toda nuestra civilización“, afirma. Y atentar contra la vida, sostiene este prestigioso reportero galardonado con un Pulitzer, es tomar parte en los más graves crímenes contra el planeta.

Farsa

Farsa – (Juan Goyanarte)

Después de “Lago Argentino, y luego de la presencia de obras intermedias como “La quemazón, “Fin de semana, “Campos de hierro, “Kilómetro 25… era de esperar la realización de otra obra de gran envergadura y de alcances universales como es aquella obra, ya clásica de la literatura argentina. La espera está satisfecha.

Farsa es el escenario y son los personajes de un drama íntimamente americano, de nuestra actual América: la realidad social ha cobrado tal grado de cosa insólita (en decadencia y, por contraste, en altura), que se confunde con trazos de leyenda, y la leyenda es aprovechada con un sentido económico tal, que desfigura el rostro de la belleza. Probos o traidores, decentes o luctuosos, constructores o asesinos: los personajes enfrentan el rostro impasible del drama, que es general. Y el amor, al caer sobre ellos con una fuerza desencadenada, se parece a un alud de corrupción, de miseria y de pena.

¿En dónde cabía semejante acción? En América, en la América al mismo tiempo blanca, indígena y mestiza. No valía la pena aludir a determinado país. Sin pecar de exagerados, acertarán aquellos que descubran en el país de Farsa una síntesis de las realidades nacionales de este Continente.

Juan Goyanarte ha dado tiempo y constancia a su obra, es decir, a las necesidades de su oficio; pero además ha ido más allá y, en el sitio de la desgracia o de la desventura, ha puesto la crítica, y en el de la crítica ha colocado la piedad, y en el de la piedad ha hecho erguirse la esperanza. Con mucho menos son saludadas hoy novelas de aquí y de allá. Su estilo eminentemente claro, porfiadamente claro, de una claridad que obliga a veces a cubrirse los ojos por el resplandor de los caracteres, las situaciones y los desenlaces, era el justo, el que se imponía. Lejos de las novedades puramente formales que tanto hacen en favor de nuestro engatusamiento, Juan Goyanarte ha obtenido, en esta Farsa llamada a perdurar en el recuerdo y en el entusiasmo de todos cuantos se asomen a ella, una exposición de tan diáfana sencillez, de tan ilustre naturalidad, que ahorra al lector el obstáculo de las palabras para imbuirlo de una vez por todas en el océano de las pasiones al rojo.

Su majestad el hambre

Su majestad el hambre – Cuentos brutales – (Ernesto Herrera)

Había frente a él una regia mesa,
toda cubierta de manjares extraños
y sangrientos como él”

La bohemia y el anarquismo conformaron el estilo feroz de Ernesto Herrera (Montevideo, 1889-1917), lástima que muriese un mes antes de cumplir veintiocho años.

Poetas, prostitutas, miserables, todos hambrientos y siempre invisibles. En las narraciones de Ernesto Herrera, la legión de los marginados abandona las sombras y se planta con orgullo ante la sociedad burguesa para desafiarla. Los sin voz tienen la palabra y, en nuestra edición, con las ilustraciones de Ana Dueñas, ahora también tienen rostro.

Publicados originalmente en Uruguay en 1910 e inéditos hasta la fecha en España, los cuentos incendiarios de “Su majestad el Hambre” nos devuelven a la necesidad de preguntarnos qué y quiénes gobiernan nuestras vidas.

Herrera pertenece a la noble categoría de los inquietos. ¡Santa inquietud, madre de las cosas! Vosotros los satisfechos, sabed que vuestra felicidad no es sino la sensación de lo que lleváis de difunto dentro de vosotros

(Rafael Barrett)

Ernesto Herrera (Montevideo – 1889-1917), nacido bajo el nombre de Nicolás Herrera Lascazes, se inició en la escritura a una edad temprana, lo que le valió el sobrenombre de “Herrerita” en el círculo de intelectuales que frecuentaba. Con ellos fundó “Bohemia: una Revista de Arte“, en la que publicó la mayor parte de sus cuentos, a menudo con el seudónimo de “Ginesillo de Pasamonte“. Firmó también poemas y crónicas, pero el mayor reconocimiento le llegó como autor de teatro con el estreno de su drama “El león ciego (1911)”, que se ha convertido en pieza de referencia en el teatro uruguayo moderno. Desde niño sufrió afecciones respiratorias, que finalmente le causaron la muerte a un mes de cumplir veintiocho años.

Raices

Raices

Raices – (Alex Haley)

Cuando Alex Haley era un niño, en Henning (Tennessee), su abuela solía contarle historias sobre su familia, hasta un antepasado que ella llamaba “el africano“. Contaba que ese hombre había vivido al otro lado del océano, cerca de lo que él llamaba “Kamby Bolongo” y que un día cuando estaba cortando un tronco en el bosque para fabricarse un tambor, fue atacado por cuatro hombres, apaleado, encadenado y arrastrado a bordo de un barco de esclavos con destino a la América Colonial.

Alex Haley creció con el recuerdo vivo de esas historias, y comenzó la búsqueda de documentación que pudiera autentificar las narraciones oídas. La investigación le ocupó durante doce años y tuvo que recorrer 800.000 kilómetros, pero al fin, descubrió no solamente el nombre de “el africano”  —Kunta Kinte—  sino también la localización precisa de Juffure, el lugar real de Gambia, en la costa Oeste de África, en la que fue prendido en 1767 a la edad de 16 años, hacinado en el Lord Ligonier hasta Maryland y vendido a un plantador de Virginia.

Así ha escrito el drama monumental de doscientos años de Kunta Kinte y las seis generaciones que vinieron tras él  —esclavos y libertos, campesinos y herreros, aserradores y encargados de coche-cama, abogados y arquitectos–,  y un escritor.

Pero Haley  ha hecho algo más que recapturar la historia de su propia familia. Ha redescubierto a un pueblo entero una rica herencia cultural que la esclavitud les arrebató, como les arrebató sus nombres y su identidad.

Comunidad teatro

Comunidad teatro

Comunidad – Teatro por Lisenio – (Jósant Ferrándiz)

Sobre la convivencia, relación y comunicación humanas

Un cura, con la crisis típica afectiva de sus treinta y tantos años, y un grupo de matrimonios, que viven juntos, afrontan su fracaso en la relación, comunicación y convivencia…

¿Cómo será la iglesia del futuro?

La confesión de un cura a una prostituta…

¿Por qué los poderosos han secuestrado el Evangelio a los marginados y explotados…?

La educación liberadora de los hijos…

La relación entre fe cristiana y compromiso por la transformación integral de la sociedad.

¿Para qué o para quiénes es el celibato de los curas, monjas y frailes…?