Archivos de la categoría España

Crónicas prohibidas

Crónicas prohibidas – (Pedro Monzón)

El libro que tiene delante ha sido precedido por una campaña detractora y en otros tiempos habría terminado en la hoguera antes de ver la luz.

Se ha dicho que era un libro cruel, mordaz, despiadado, cuando en realidad sólo es un juego literario, divertido, metafórico, festivo, tal vez punzante e hiriente en algunos pasajes, pero con heridas superficiales de pronóstico menos grave.

Se trata de 79 retratos con figura, de 79 caricaturas literarias de nuestro entorno, de nuestro “ahora mismo” albacetense. Son 79 semblanzas de personajes que bajo el prisma del autor tratan de reflejar la verdad y el camelo de una etapa de nuestra provinciana historia. Tal vez lo más sobresaliente del libro sea su estilo fluido, ese buscar símiles, esa intuición presta a poner ejemplos siempre clarificadores de lo que el autor quiere expresar.

El libro “se encuentra a caballo entre el barroquismo decadente, el realismo social y la clandestinidad“, y nace o parece ser que fue creado para divertir y hacer pensar por partes iguales. Don José S. Serna que se disculpó y que prefirió “guardar la ropa“, cuando se le encargó la confección del prólogo, habla de este libro como de algo prohibido y pone el ejemplo comparativo de los toros en puntas y los trapecistas sin red. 

Juan Luis Vives

J. Luis Vives – (Antología) – (José Corts Grau)

La verdadera sabiduría estriba en juzgar sanamente las cosas, de modo que estimemos cada una de ellas tal cual es en sí, y no vayamos tras las viles, como si fueran preciosas, o desechemos las preciosas como viles, ni vituperemos las laudables ni alabemos las vituperables

(Juan Luis Vives)

Jerónimo Feijoo

P. Jerónimo Feijóo – (Antología) – (J. de Entrambasaguas)

Extensa y multiforme la obra de Feijóo, presenta, aparte de su creación literaria, dos aspectos esenciales, discernidos con especial cuidado para esta Antología, que aspira a reflejar la ideología del polígrafo gallego: uno, sus estudios sobre el saber de su tiempo, bien científicos o de otra especie, técnicamente superados, que sólo interesan desde el punto de vista histórico; otro, sus opiniones personales sobre temas pervivientes que no han perdido su vitalidad, como reflejo de una época en relación con el pensamiento español. Este último aspecto es el que forma, casi íntegramente, la presente selección una vez deslindado el resto, separándolo escrupulosamente de cuanto le rodea sin unión con ello, tras demoradas lecturas y confrontaciones. Finalmente, los textos reproducidos  —sin más modificación que transcribirlos con la ortografía y puntuación modernas—  siguen fielmente las mejores ediciones de la obra de Feijóo.

Jerónimo Feijoo II

P. Jerónimo Feijoo – (Antología) – (J. de Entrambasaguas)

No puedo menos de improbar la conducta de aquellos escolásticos que, al ver que algún presidente de disputa pública a la autoridad de algún Santo, que se le objeta como argumento, no da interpretación alguna, ni otra respuesta que el que no se conforma con su dicho, se exacerban furiosamente, como si oyesen negar algún artículo de Fe.

Jerónimo Feijoo III

P. Jerónimo Feijoo III – (Antología) – (J. de Entrambasaguas)

Los ignorantes, por ser muchos, no dejan de ser ignorantes: ¿Qué acierto, se puede esperar, de sus resoluciones? Antes es de creer que la multitud añadirá estorbos a la verdad, creciendo los sufragios del error.

Siempre alcanzará más un discreto solo, que una gran turba de necios; como verá mejor al sol un águila sola, que un ejército de lechuzas.

El vulgo, el juez inícuo del mérito de los sujetos, suele dar autoridad contra el sí propio de los hombres literatos, y constituyéndolos en crédito hace su engaño poderoso. Las tinieblas de la popular rudeza cambian el tenue resplandor de cualquiera pequeña luz en lucidísima antorcha; así como la linterna colocada sobre la torre del faro, dice Plinio, que parecía desde lejos una estrella a los que navegaban de noche en el mar de Alejandría.

Don Juan Valera

Don Juan Valera – (Antología) – (Emiliano Aguado)

Bien acostumbrados estamos a no sentir la belleza de un paisaje que se nos describe como el más encantador del mundo ni a encontrar por ninguna parte la bondad, la perspicacia, o la perversidad de unos personajes que se nos presentan como los más buenos, perspicaces o perversos de los hombres. Y este hecho, que está al alcance de cualquier fortuna, puede explicarse de maneras bien distintas, aunque no brote más que de esa mirífica disonancia en que viven los que no han conseguido acomodar sus medios de expresión a los sentimientos que el mundo y el paso de la vida van dejando en su alma.

Vázquez de Mella

Vázquez de Mella  – (Antología)

Este no es un Mella partidista. Y no sólo porque él no lo fué, sino porque no conoció partidismo jamás. Los grandes hombres de España, vistos a través del prisma y su terrenal estilo, no son sólo grandes, sino que todos ellos siguen el camino recto y seguro del servicio patriótico. Si pudieron parecer en otro tiempo de derechas o de izquierdas, se debió a un prejuicio falsamente planteado. Si se encuadraron en partidos, no arrancó tanto de la lógica de sus opiniones como de la coacción de las circunstancias y del ambiente.

Los dioses de sí mismos

Los dioses de sí mismos – (J. J. Armas Marcelo)

Los ya míticos acontecimientos del Mayo Francés de 1968, también tuvieron un importante eco en España, sobre todo en Madrid, y especialmente en sus medios universitarios. En tales medios J. J. Armas Marcelo inicia “Los dioses de sí mismos“, novela que, sinfonicamente estructurada en trece partes, es al mismo tiempo una grandísima obra de arte literario y una rememoración meditativa, vivaz e incluso combativa, de lo que ha sido la vida social y política española de estos últimos veinte años.

Un grupo de estudiantes, ya al final de sus carreras, juegan fuerte en la lucha contra el franquismo, y lo hacen desde radicales posiciones de izquierdas. Su acción, entusiasta y peligrosa, corre pareja con la actividad menos agitada y más calculada, propia de políticos en la semiclandestinidad. Los hechos, que se sucederán con auténtica aceleración histórica a partir del asesinato de Carrero Blanco, irán modificando las vidas, el pensamiento político y las apetencias sociales de unos “dioses de sí mismos” que, por lo menos en parte, vienen a ser el símbolo de españoles comprometidos con determinadas ideologías que a unos les habran perjudicado y a otros les habran llevado a un poder ni fácil de ejercer ni exento de contradicciones. J. J. Armas Marcelo ha conseguido una obra poseedora de gran empaque narrativo, muy singular y sólida como relato de ficción, y también como texto que asume con todo éxito el riesgo de presentar como Historia una actualidad viva.

Su vida

Su vida – (Santa Teresa de Jesús)

Teresa Sánchez de Cepeda y Ahumada nació en Avila en 1515. De familia noble,  aunque humilde, era aún muy niña cuando las lecturas de vidas de santos y libros de caballerías despertaron en ella su entusiasmo por los hechos heroicos. Ingresada en el Convento de la Encarnación en su ciudad natal, bien pronto comenzó a sufrir en su salud el rigor de la clausura; no obstante, fundó un convento de Carmelitas Descalzas, restableciendo la austeridad que anteriormente tenía la Orden. Esto le ocasionó grandes contrariedades, y en constantes luchas recorrió los caminos de España multiplicando los conventos, que aún hoy día siguen su espíritu y su regla.

Fray Luis de León, que hizo imprimir los escritos de la Santa, decía de ellos: “Siempre que los leo me admiro de nuevo, y en muchas partes de ellos me parece que no es ingenio de hombre el que oigo“. Queda un retrato de ella, debido al pincel de Juan de Miseris, y que se dejó pintar, aunque no gustaba de esa vanidad, porque se lo ordenó el padre Gracián, provincial de la Orden, no sin exclamar al ver el retrato: “¡Dios te lo perdone, Fray Juan, que ya que me pintaste, me has pintado fea y legañosa!“.

Dotada de gran imaginación poética, escribió con donaire una serie de libros, siendo el más celebrado “Las Moradas; esta obra que ha sido traducida a todos los idiomas, fue escrita cuando contaba sesenta y dos años y se debatía en sus mayores luchas, sin que se vea en ella cansancio o amargura: antes al contrario, se advierte la santa alegría, lozanía y pureza de estilo que tiene toda su obra. Entre otras obras escribió el libro de “Su Vida“. La Santa Madre murió en Alba de Tormes en 1582.