Archivos de la categoría Drama

Años de perro

Años de perro – (Günter Grass)

En los Turnos de madrugada  –primero de los tres libros que integran este volumen–  Brauxel, propietario de una mina, cuenta las mocedades de Eduardo Amsel y Walter Matern, que viven en la desembocadura del Vístula. Amsel tiene sangre judía y sufre tribulaciones que sólo compensará creando espantajos a imagen y semejanza del hombre; Matern encarna las virtudes el pueblo alemán antes de que este se convirtiera en espantapájaros con el nazismo y en robot con la prosperidad.

En el segundo libro, el joven Harry Liebenau dirige las Cartas de amor a su prima Tula y describe en ellas cuanto ocurrió antes de que el mastín Principe, perro favorito del Führer, abandone a su dueño en la Cancillería del Reich y cruce el Elba en pos de un nuevo amo. Matern  –antiguo SA, pero limpio de culpa porque los culpables son siempre los otros–,  narra en las Materniadas, el tercer libro, sus viajes por la Alemania vencida para castigar las fechorías nazis y buscar a Amsel, hasta que en la mina encuentre el desenlace insólito de estos Años de perro.

Cinco años después de escribir El tambor de hojalata, Günter Grass, con su genio de narrador, su visión personalísima de Alemania y del mundo, su parodia de todos los estilos respetables, la amargura que se traduce en insolencia y la burla en corrosiva carcajada, Grass logra una inmensa construcción alegórica, convierte la narración del Apocalipsis en una gran novela picaresca de nuestros tiempos, en la epopeya satírica de ese gran espantajo que es el hombre.

Dieciséis mujeres

Dieciséis mujeres – (Rafael Cardoso)

Dieciséis historias, cada una de ellas en torno a un personaje femenino y a un barrio de Río de Janeiro, se entretejen formando un retrato íntimo y conmovedor de la vida de esta gran ciudad.

Mujeres como Maria, de 93 años, asaltada en su casa, por enésima vez, por un ladrón armado, o Jade, de 6 años, dejada al cuidado del último novio de su madre. Y barrios que recorren todas las realidades de la ciudad, desde las elitistas urbanizaciones privadas hasta la dura vida de las favelas y los suburbios.

Cada una de las historias captura un momento crucial en la vida de estas mujeres: Renata, de 34 años, recepcionista en la consulta de un dentista, decide vengarse de las infidelidades de su marido; la adolescente Helena debe elegir entre la comodidad de su barrio de clase media y la aventura del peligroso mundo de las favelas cuando se enamora de un traficante de drogas; Jamilly, prostituta de 25 años, ahorra todo su dinero con la esperanza de una nueva vida; Cintia espera nerviosa los resultados de un análisis de VIH… Y como hilo conductor de todas las historias, de todas esas existencias, la sombra de un personaje masculino, Rafael, que entra y sale de las vidas, a menudo sembrando la confusión a su paso…

No fue en vano

No fue en vano – (Gerald Green)

Durante una manifestación estudiantil en un campus universitario de Nueva Inglaterra, tres jóvenes fueron muertos por disparos de la policía, y otros muchos resultaron heridos. En el juicio que posteriormente se celebró, los policías que dispararon quedaron libres de cargos porque, según declararon, obraron en defensa propia al haber sido atacados incluso con armas.

Cinco años después, en el aniversario de aquel suceso, los padres de las víctimas, los heridos y algunos profesores se reúnen en el lugar de los hechos con el fin de mantener conversaciones y ver el modo de revisar el juicio para pedir a los culpables daños y perjuicios y dejar las cosas clarificadas de acuerdo con la justicia. Una madre, en particular, está decidida a asegurarse de que su hijo no murió en vano.

Un tema de candente interés no sólo para la sociedad norteamericana, sino para la de cualquier país democrático.

La Noche

La Noche – (Andrés Bosch)

Para la despreocupada o profana muchedumbre que no asiste a espectáculos deportivos o, si los presencia alguna vez, considera a sus intérpretes como seres privilegiados a quienes la fortuna sonríe constantemente deparándoles una vida placentera y una venturosa posición económica, “La Noche“, será una aleccionada revelación. Pues la atribulada existencia de Luis Canales descubrirá al lector ajeno al deporte que en el boxeo, como en todos los esfuerzos humanos, el triunfo es sumamente difícil y, aún conseguido implica muchas veces dificultades insuperables y peligros angustiosos. No es otro el fondo de “La Noche“, cuyo autor ha acertado a fijar el ambiente de los boxeadores, tanto en su modalidad espectacular como en su aspecto privado, para así captar la atención de los lectores al desarrollo de la acción, descrita con ritmo muy apropiado al asunto elegido. La fluidez y precisión del estilo, y la perfecta trama ambiental son elementos básicos en esta novela, que, por unanimidad del tribunal seleccionador, ha obtenido el Premio Planeta 1959.

Todos nuestros ayeres

Todos nuestros ayeres – (Natalia Ginzburg)

El paso de la adolescencia a la juventud en una muchacha italiana durante los años terribles de la guerra constituye el pretexto en torno al cual Natalia Ginzburg ha tejido esta conmovedora crónica de los “pobres jóvenes” que constituye un fresco gigantesco y maravilloso de toda la vida de un país en una época. La acción de esta novela transcurre durante la segunda Guerra Mundial. Pero ella no aparece para nada. Aletea sobre todo cuando sucede como un espectro terrible y destructor, como una presencia permanente aunque apenas entrevista.

La obra se divide en dos partes claramente diferenciadas. En la primera aparece la ciudad multitudinaria donde sus pobladores, no por hacinados, están menos trágicamente incomunicados. En la segunda parte la acción se traslada a la campaña, al perdido Borgo San Constanzo, y nos hallamos entre seres que viven una existencia miserable y aletargada, acosados por pequeñas necesidades, acuciados por mínimas ausencias. Natalia Ginzburg no se ha propuesto entretenernos, ni siquiera adoctrinarnos. Sólo quiere mostrarnos. Y esa mostración  —cuanto este libro tiene de crónica terrible, estremecida—  es lo que hace que se construya en un documento tierno y memorable.

Los perros

Los perros ¿quien los convirtió en fieras? – (Robert Calder)

¿Qué pasa cuando un perro deja de ser el mejor amigo del hombre?

En un centro experimental donde tratan de elevar al máximo el potencial natural del perro, se ha extraviado un cachorro. Un profesor sensible lo encuentra y adopta. A los pocos meses el magnífico pastor alemán se transforma en una extraña criatura con reacciones casi humanas. El perro huye al bosque, “retorna a los orígenes” y se convierte en el líder de una jauría que lucha por la supervivencia.

El terror y la tragedia se desencadenan. Un relato escalofriante que atenaza al lector más allá de la última página… no porque esa historia pudiera suceder, sino porque está sucediendo ¡ahora!

Farsa

Farsa – (Juan Goyanarte)

Después de “Lago Argentino, y luego de la presencia de obras intermedias como “La quemazón, “Fin de semana, “Campos de hierro, “Kilómetro 25… era de esperar la realización de otra obra de gran envergadura y de alcances universales como es aquella obra, ya clásica de la literatura argentina. La espera está satisfecha.

Farsa es el escenario y son los personajes de un drama íntimamente americano, de nuestra actual América: la realidad social ha cobrado tal grado de cosa insólita (en decadencia y, por contraste, en altura), que se confunde con trazos de leyenda, y la leyenda es aprovechada con un sentido económico tal, que desfigura el rostro de la belleza. Probos o traidores, decentes o luctuosos, constructores o asesinos: los personajes enfrentan el rostro impasible del drama, que es general. Y el amor, al caer sobre ellos con una fuerza desencadenada, se parece a un alud de corrupción, de miseria y de pena.

¿En dónde cabía semejante acción? En América, en la América al mismo tiempo blanca, indígena y mestiza. No valía la pena aludir a determinado país. Sin pecar de exagerados, acertarán aquellos que descubran en el país de Farsa una síntesis de las realidades nacionales de este Continente.

Juan Goyanarte ha dado tiempo y constancia a su obra, es decir, a las necesidades de su oficio; pero además ha ido más allá y, en el sitio de la desgracia o de la desventura, ha puesto la crítica, y en el de la crítica ha colocado la piedad, y en el de la piedad ha hecho erguirse la esperanza. Con mucho menos son saludadas hoy novelas de aquí y de allá. Su estilo eminentemente claro, porfiadamente claro, de una claridad que obliga a veces a cubrirse los ojos por el resplandor de los caracteres, las situaciones y los desenlaces, era el justo, el que se imponía. Lejos de las novedades puramente formales que tanto hacen en favor de nuestro engatusamiento, Juan Goyanarte ha obtenido, en esta Farsa llamada a perdurar en el recuerdo y en el entusiasmo de todos cuantos se asomen a ella, una exposición de tan diáfana sencillez, de tan ilustre naturalidad, que ahorra al lector el obstáculo de las palabras para imbuirlo de una vez por todas en el océano de las pasiones al rojo.

Las cenizas de Ángela

Las cenizas de Ángela – (Frank McCourt)

Cuando recuerdo mi infancia, me pregunto cómo pude sobrevivir siquiera. Fue una infancia desgraciada, se entiende: las infancias felices no merecen que les prestemos atención. La infancia desgraciada irlandesa es peor que la infancia desgraciada corriente, y la infancia desgraciada irlandesa católica es peor todavía.

Así comienzan las memorias luminosas de Frank McCourt, que nació en Brooklyn en la época de la Depresión, hijo de padres recién llegados de Irlanda como inmigrantes, y se crió en los suburbios de Limerick, Irlanda. La madre de Frank, Ángela, no tiene dinero para dar de comer a sus hijos porque el padre de Frank, Malachy, rara vez trabaja, y cuando trabaja se bebe su sueldo.

Las cenizas de Ángela está empapado en todas sus páginas del asombroso humor y compasión de Frank McCourt. Es sorprendente que el autor haya vivido para contarlo. Que haya podido crear, a partir de esa miseria y esa pobreza, una obra maestra impecable es pura y simplemente milagroso. Una obra extraordinaria en todos los sentidos. El autor recupera mágicamente el amor, la dignidad y el humor de una infancia marcada por el hambre, la muerte y el dolor.

El jugador

El jugador – (Fedor Dostoievski)

La primera idea de este relato parece datar de unos tres años antes; por aquel entonces Dostoyevski pensó en escribir una novela sobre el tema del juego, ambientándola en alguno de los balnearios alemanes que solían frecuentar los rusos en sus viajes por la Europa occidental; balnearios como los de Wiesbaden, Baden-Baden, Homburgo y Ems, que eran al mismo tiempo verdaderas capitales del juego, y que el escritor conocía bien, para su desgracia.

El jugador es una pieza básica en el edificio de la obra de Dostoyevski, conteniendo absolutamente todas las características de sus novelas más famosas, esto es, morbosidad, dramatismo, tensión casi intolerable, agresividad y revelación punzante y sutil de estados anímicos vividos y sufridos por el genial escritor. Dos pasiones principales campean en este libro: la del juego, que envenenó al propio autor, hasta pocos años antes de morir, y la de un amor hecho de humillaciones, confusiones y odios. Ruina, demencia, engaño y desengaño son sólo algunas de las explosivas turbulencias que un hombre, Alexei Ivanovich, desencadena en un paraíso cogido con alfileres.

Dostoyevski traslada todas estas experiencias a su obra con el propósito de liberarse de una pasión funesta, objetivizándola en un libro y dominando unos recuerdos obsesionantes, como antes había sublimado los negros años de su estancia en un penal de Siberia.

Los demonios de Loudun

Los demonios de Loudun – (Aldous Huxley)

Los demonios de Loudun (primera edición inglesa en 1952), es un ensayo interpretativo sobre un célebre caso de supuesta posesión diabólica. El el año 1631, en la ciudad francesa de Loudun, las monjas de un convento de ursulinas, encabezadas por la priora, Sor Juana de los Ángeles, afirman estar poseídas por el Maligno y acusan como responsable a Urbain Grandier, un cura conocido en Loudun por su ambición y su vida poco ejemplar.

En el proceso, en el que se mezcla la buena fe con la ignorancia y la superstición y las pasiones humanas, la alta política, representada por el Cardenal Richelieu, acaba decidiendo la suerte de Grandier, quien muere en la hoguera. Tras haber inspirado a escritores como Dumas, Vigny y Michelet, el tema ha pasado recientemente a la ópera “Los diablos de Loudun, de Penderecki” y al cine en la película polaca “Madre Juana de los Ángeles, de Jerzy Kawalerowicz“, y en la británica “Los Demonios, de Ken Russell