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El mar de jade

El mar de jade

El Mar de Jade – (Alberto Vázquez-Figueroa)

Juvenal y César han crecido a la sombra de su tío Feliciano, ex militar del ejército español que estuvo destacado en el desierto del Sahara. Poco antes de morir, su tío les habla de su amor por Shereem, una joven saharaui que le hizo creer que había tenido una hija suya; pese a haber invertido treinta años en la búsqueda de ambas, Feliciano nunca logró localizarlas. Juvenal y César, deseosos de salir de la monótona vida de Cuenca, emprenden un viaje que les deparará múltiples aventuras. Se verán en la tesitura de ayudar a unos inmigrantes subsaharianos abandonados en el desierto y descubrirán que su tío formó parte del ejército irregular de los Grupos Nómadas del Sahara. Pero averiguar el paradero de su posible prima resultará más peligroso de lo que esperaban

¡Malditos sean en sus tumbas quienes escribieron la más putrefacta página de nuestra historia!

«El hombre feliz es más raro que un cuervo blanco.»

(Juvenal)

Todos somos Culpables

Todos somos culpables

Todos somos Culpables – (Alberto Vázquez-Figueroa)

Una amenaza de muerte, el robo de documentos y de un cuadro de incalculable valor, la muerte misteriosa de varios colaboradores, actos de sabotaje en varios proyectos de construcción…

El propietario de la gran empresa multinacional que está sufriendo estos atentados tiene que averiguar a cualquier precio quién está detrás de ellos. Pero descubrir al culpable no es lo mismo que descubrir al responsable de esta conspiración… Y la investigación nos llevará a todos a replantearnos nuestra propia responsabilidad en el mundo actual, signado por la globalización y el terrorismo

Ícaro

Icaro

ICARO – (Alberto Vázquez-Figueroa)

El protagonista de Ícaro es un personaje real, el aventurero y pionero de la aviación Jimmie Angel (1899-1956). Héroe de la Primera Guerra Mundial, piloto personal de Lawrence de Arabia y compañero de escuadrilla del mítico Roland Garros, su afán aventurero le llevó a internarse, en 1937, en el corazón de la Guayana venezolana en busca de oro y allí descubrir uno de los parajes más hermosos del planeta y que desde entonces lleva su nombre: El Salto del Ángel. Alberto Vázquez-Figueroa ha escrito una magnífica novela, una historia de lucha, supervivencia y aventuras insólitas que intenta hacer justicia a la memoria de este hombre extraordinario e injustamente olvidado, el único que consiguió sobrevivir a nueve accidentes aéreos y al arte de volar a los doce vientos.

En la mitología griega, Ícaro es hijo del arquitecto Dédalo, (constructor del laberinto de Creta), y de una esclava. Fueron encarcelados padre e hijo en una torre de Creta por el rey de la isla, Minos.

Dédalo consiguió escapar de su prisión, pero no podía abandonar la isla por mar, ya que el rey mantenía una estrecha vigilancia sobre todos los veleros, y no permitía que ninguno navegase sin ser cuidadosamente registrado. Dado que Minos , el rey, controlaba la tierra y el mar, Dédalo se puso a trabajar para fabricar alas para él y su joven hijo Ícaro. Enlazó plumas entre sí empezando por las más pequeñas y añadiendo otras cada vez más largas, para formar así una superficie mayor. Aseguró las más grandes con hilo y las más pequeñas con cera, y le dio al conjunto la suave curvatura de las alas de un pájaro. Ícaro, su hijo, observaba a su padre y a veces corría a recoger del suelo las plumas que el viento se había llevado, y tomando cera la trabajaba con su dedos, entorpeciendo con sus juegos la labor de su padre. Cuando al fin terminó el trabajo, Dédalo batió sus alas y se halló subiendo y suspendido en el aire.

Equipó entonces a su hijo de la misma manera, y le enseñó cómo volar. Cuando ambos estuvieron preparados para volar, Dédalo advirtió a Ícaro que no volase demasiado alto porque el calor del sol derretiría la cera, ni demasiado bajo porque la espuma del mar mojaría las alas y no podría volar.

Entonces padre e hijo echaron a volar. Pasaron Samos, Delos y Lebintos, y entonces el muchacho comenzó a ascender como si quisiese llegar al paraíso.

El ardiente sol ablandó la cera que mantenía unidas las plumas y éstas se despegaron. Ícaro agitó sus brazos, pero no quedaban suficientes plumas para sostenerlo en el aire y cayó al mar. Su padre lloró y lamentando amargamente sus artes, llamó a la tierra cercana al lugar del mar en el que Ícaro había caído, Icaria en su memoria. Dédalo llegó sano y salvo a Sicilia bajo el cuidado del rey Cócalo, donde construyó un templo a Apolo en el que colgó sus alas como ofrenda al dios.

Pausanias cuenta una versión más prosaica, en la que ambos huían a Creta en barco, para lo cual Dédalo inventa el principio de la vela, desconocido hasta entonces para los hombres. Ícaro, navegante torpe, naufragó frente a la costa de Samos, en cuyas orillas se encontró su cuerpo. Heracles le dio sepultura en esa tierra que desde entonces se llama Icaria.