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Cleopatra

Cleopatra

Cleopatra – (Edward Grifins)

Desde el año 59  —antes de Jesucristo—  los acontecimientos se habían sucedido a los ojos de la pequeña Cleopatra con un ritmo nuevo, fascinante, ofreciéndole un espectáculo de la vida lleno de interés y movimiento.

La niña se había hecho ya mujer en el año 55. Tenía ya catorce años y había podido observar y vivir el atractivo de la existencia.

En el año 59, Cleopatra había asistido en Roma al reconocimiento de su padre, Ptolomeo Auteles, como rey de Egipto por el Senado Romano.

Roma, la poderosa y mítica Roma, había accedido, al fin, a las pretensiones de aquel bufón flautista que era el padre de Cleopatra, hijo bastardo de Ptolomeo X, y reconocido sus discutibles derechos a sentarse en el trono fundado por el general macedonio  —hijo de Lagos y partidario del gran Alejandro—  con los reinos de Egipto y Palestina.

Aquel Ptolomeo, primero de la dinastía de su nombre, tal vez estuviera bien lejos de imaginar que sus sucesores ensangrentarían constantemente el trono por él fundado y lo mancharían con sus incestos y otros vicios hasta extremos poco menos que inconcebibles…

Roma había fascinado a la joven y sensitiva egipcia. Allí, al amparo de los muros de la imponente Roma republicana, Cleopatra se había hecho mujer, conociendo el amor por primera vez en los brazos del bello y audaz Cneo Pompeyo, hijo de Pompeyo el Grande

Sombra en las Estrellas

Sombra en las estrellas

Sombra en las Estrellas – (Peter Kolosino)

Nadie podrá decir jamás cuándo el empezó a soñar en las estrellas. Quizá cuando se destrozó las manos y los pies en el primer Olimpo del mundo, rugiendo de furor contra las órdenes intocables que encendían fogatas en el suelo. Quizá cuando lanzó la primera flecha hacia la Luna; y aquella flecha, en el mágico mundo mogol, no volvió jamás a la Tierra. Después, el sueño —quizá— le mostró la senda. El hombre salió a conversar con los dioses, los invitó entre los mortales, se hizo lo que hay allá. Alguien, en la América precolombina, se dio de que una escala común no servía, y construyó una escala de fuego. La llama tiende al cielo porque pertenece al cielo, donde arden las estrellas. Verdaderamente, una curiosa intuición. Cuando Morfeo no fue suficiente para Icaro, Icaro se construyó las alas. Y vino la ficción científica. Hubo un cierto éxito editorial, en el mundo mediterráneo, con una tablilla de arcilla de Nínive, en la que se narra el maravilloso del pastor Etana, quien animó a un águila a volar tan alto “que las tierras y los mares y las ciudades no parecían más grandes que panes en un cesto”, La idea gustó al primer Gordon de la literatura espacial, Alejandro Magno, que unció sin más una bandada de águilas a un carro, les puso delante del pico pedazos de carne atados a un bastón, y las convenció con ese engaño para que lo llevaran de paseo por el cielo. El relato está extraído de una  novelada del macedonio, atribuida, sin mucha lógica.

Un libro bien nutrido de anécdotas, referencias y acontecimientos relacionados con el cosmos y la carrera espacial. Tras una primera aproximación al avance de la aeronáutica a lo largo de la historia, desde los primeros mitos y leyendas hasta los artefactos bélicos de los siglos XVI al XIX, y tras agradecido homenaje a los precursores en este terreno (gentes como los rusos Tsiolkovski o Zánderque construyó el primer avión-cohete de la historia-, el americano R. H. Goddardque lanzó el primer cohete de combustible-, el rumano Herman Oberth y, por supuesto, el prusiano Werner von Braun), el trabajo referencia hechos tan trascendentes como el primer vuelo experimental de la “V-2” (el 3-10 del 42, empleado contra Inglaterra dos años más tarde), el lanzamiento del primer Sputnik (el 4 del 10 del 57) y del segundo (con la tristemente célebre perrita Laika, el 3 del 11 del 57), el vuelo orbital de Yuri Gagarin alrededor de la Tierra en su cápsula Vostok 1 (el 12 del 4 del 61), la labor del astronauta Gordon Cooper en el proyecto Mercury, el primer paseo cósmico de Alexei Leonov (18-3-65) o la contribución de Valentina Tereshkova, la primera mujer en el espacio…

Pero Kolosimo también se adentra en los proyectos de las estaciones espaciales y nos habla de la paradoja “de los relojes” de Einstein (por la que la masa de los cuerpos deviene en un concepto… relativo: a mayor velocidad más se “alarga” el tiempo), o de las teorías sobre la formación de los planetas y la posibilidad de vida en otros mundos, la datación del carbono catorce, el desarrollo de la radio astronomía (con ejemplos de señales enviadas al espacio), la historia de los canales marcianos y la famosa “mancha verdosa”, la detección de fenómenos extraños en la luna… y hasta del curioso y simpático arbusto nigeriano que no gusta del polvo. Y como hombre culto que fue, también constata el autor cómo escritores de ficción y filósofos ya se anticiparon a la “realidad” décadas antes de que todo esto aconteciera, en un más que curioso ejercicio de feedback metaliterario.

Peter Kolosimo nos enseño que no todo ha de ser medido con la escala de la Tierra, y que solo somos unos inquilinos más. Nos recordó que todo el universo está constituido por solo noventa y dos elementos, aunque las leyes físicas y químicas puedan variar. Que no todas las posibles criaturas pueden estar formadas por carbono, que los meteoritos bien podrían haber dotado de vida nuestro planeta, que resulta sorprendente la tecnología en la antigüedad (impresionante el apartado dedicado a los autómatas, los primeros robots) o que la Nebulosa de Andrómedahuye” de nuestro sistema a 4000 kilómetros por segundo. Sombras en las estrellas habla además de las técnicas por estimulación eléctrica del cerebro, de la posibilidad de que existan los futuros que no hemos escogido, de la misteriosa muerte del piloto Thomas Mantle y de los foo-fighters (esas bolas de luz que acompañaban el vuelo de los pilotos durante la Segunda Guerra Mundial), del mayor Donald Keyhoe y el “Proyecto Libro Azul” (Blue Book), del extraordinario suceso de Tunguska (Siberia)…

Todo un paseo espacial sin movernos de casa, orquestado con el estilo ameno y constructivo que definió la escritura de Peter Kolosimo. 

Y es que Peter Kolosimo fue una de esas figuras que ennoblecieron, a través de su obra divulgativa, toda una época de estímulos creativos, investigación de talante riguroso y divulgación de lo extraño. En suma, de todo aquello que no nos debía (debe) resultar ajeno. La época, en fin, que tan bien supieron imaginar Chris Foss, Don Dixon o David A. Hardy (que no todo fueron pantalones de campana o desarmante destape de badajos).

Momentos Cumbre de la Historia

Momentos cumbre de la historia

Momentos Cumbre de la Historia – (Cesar Vidal)

A veces de modo fortuito, otras mediante el engaño, en no pocas ocasiones con derramamiento de sangre, rara vez fruto de planes cuidadosamente elaborados, el curso de la historia se ha visto alterado de manera dramática y decisiva, de tal modo, que el mundo ya no volvió a se el mismo.

En este libro, César Vidal nos muestra algunos de los principales episodios históricos que cambiaron el rumbo de la Historia y, por ende, de la Humanidad.

Desde la derrota de los ejércitos persas por Alejandro Magno o la toma de Constantinopla hasta el fin de la esclavitud, el nacimiento de la Democracia moderna o la caída del Muro de Berlín, pasando por las 95 tesis de Lutero, la redacción de El Príncipe o el Manifiesto Comunista, una serie de acontecimientos son analizados en este libro con una perspectiva rigurosamente histórica.

Pero además, Cesar Vidal señala al lector las claves que esclarecen y explican la razón por la que ciertos hechos marcan un antes y después en el discurrir de la Historia y, sobre todo, los expone de tal modo que se puede percibir como si un hilo conductor los conectase en una sucesión coherente con el, a pesar de todo, avance de la civilización y la libertad.

Un libro imprescindible para, a través del pasado, interpretar y comprender el presente e imaginar el futuro.