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La Preservación de Enfermedades

La preservacion de enfermedades

La Preservación de Enfermedades

El camino más corto para alcanzar un fin en cualquier problema que se presente, no importa en qué orden de la vida, es el que se mide por un arco. Las horas de la mañana llegan en línea curva; el año es una sucesión de curvas; el Tiempo también; y el Todo una esfera infinita. La recta de que nos hablan los filósofos es una concepción absurda sobre la cual se ha montado toda la arquitectura abstracta de la Geometría.

El sol, lejos de marchar en línea recta, gira siguiendo un maravilloso arco. La Vía Láctea recorre el espacio como una rueda. Los universos lejanos, los soles, los mundos, las lunas, los cometas, trazan arcos. Aquel astro, que parece seguir una línea recta, es realmente perturbado por uno o varios cuerpos que le apartan de su ruta ideal.

La humanidad aprende a vivir alejándose del camino recto. La civilización ha inventado una graciosa curva que se llama “educación“. Ella permite ocultar el fondo de nuestros sentimientos, enmascarándolos con una fórmula común. Las distancias de los centros de dos almas es una línea recta, pero no debemos ir por ella, sino por la curva que la educación ha trazado para el trato social. Por ella se va bien en todos los puntos de su trayectoria. Se gana tiempo, aunque parezca lo contrario. La civilización ha cultivado y legalizado esa curva que hace del hombre honrado un solemne hipócrita.

La sinceridad, la sencillez, la ingenuidad, encuentran siempre perturbadores, y cuando alguna vez el hombre quiere hacer uso de uno de esos elementos rectilíneos, lo anuncia previamente como una amenaza a las leyes de las costumbres.

Si sentís la necesidad de pedir dinero a un amigo, la amistad os brinda una línea recta. Mas no la seguís. Empezáis por perífrasis, rodeos, historias, es decir, comenzáis por trazar curvas y más curvas que os conducen tanto más pronto al fin deseado cuanto más graciosa y delicada sea el trazado por ellas.

El que sigue el camino recto no está educado, ni sabe vivir; la sociedad le huye o le teme. La línea recta es la línea de la guerra, es la línea absurda que la razón no admite. Es la línea de los atracadores, la de los ladrones de corrales y salteadores de caminos. El hombre que la inicia suele avergonzarse y se enmascara el rostro para ejecutarlas, o bien piensa en ella cuando es de noche.

La vida es un sinusoide; la línea visual no es recta, ni el rayo de luz, ni la trayectoria de la bala que sale del fusil. Hasta la Verdad sufre flexiones en el concepto del hombre que la contempla. Y como la consecución de un fin es la apetencia constante del hombre, no puede aconsejarse a éste la línea recta como camino más corto para llegar a él, sino la curva más o menos convencional que le guía hasta el corazón mismo de sus anhelos.

Los Astros y la Fortuna

Los astros y la fortuna

Los Astros y la Fortuna

Conociendo la influencia que los Astros ejercen sobre nuestro carácter y nuestro comportamiento se dispone de una eficaz ayuda para enfrentarse con los problemas que la vida plantea en campos tales como:

El Amor – La Salud – La Fortuna – El Carácter – Los Hijos – La Amistad

La Astrología afirma que el destino de la humanidad está escrito en las estrellas; por lo tanto, sus conocimientos sobre este fascinante tema pueden permitirle a usted una insólita visión: la de su propio futuro y el de los demás.

Hay quien cree, sin embargo, que la Astrología es un juego de adivinanzas para uso del vulgo o una rama bastarda de las llamadas Ciencias Ocultas. En efecto, se suele hacer una verdadera ensalada confundiendo la Astrología con la Grafología, la Quiromancia, la Morfología o, lo que es peor, con el el Espiritismo, la Cartomancia o la Videncia.

Pero la Astrología no forma parte del arsenal adivinatorio ordinario; es una cosa completamente distinta: según unos, una Ciencia; según otros, un arte; para otros aún, una Metafísica; y según Raymond Abellio: “una Ciencia, un Arte y una sabiduría al mismo tiempo.”

La Astrología se funda en datos científicos: la posición astronómica de los planetas, si bien considerados de un modo egocéntrico, y la hora de nacimiento calculada en función del lugar y la fecha. Se basa en una estructura rigurosa, completa, y en una ordenación estricta mediante la cual el astrólogo interpreta este lenguaje del hombre y del universo, para sintonizar con lo que Jung llamaba “el mutuo diálogo de los dioses

El Principito

El principito

El Principito – (Antoine de Saint-Exupéry)

Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944) hizo posible un doble y delicado equilibrio: entre la inmediatez de la experiencia vivida y el distanciamiento de la reflexión: entre la libre fantasía de una imaginación sin barreras y el preciso análisis de sensaciones y sentimientos minuciosamente registrados.

De un lado, la acción y la literatura constituyeron el anverso y el reverso de un único proyecto vital, que precisaba para su realización tanto del azar y la emoción del vuelo (piloto civil de lineas comerciales en Africa y Sudamérica, voluntario en las fuerzas aéreas de la Francia libre, Saint-Exupéry encontraría la muerte en una acción bélica) como de la meditación sobre el significado último de una existencia comprometida en la aventura.

De otro lado, los libros que transmutan los recuerdos de los viajes aéreos en profundas meditaciones líricas y este maravilloso cuento infantil que “El Principito” protagoniza superan sus evidentes particularidades genéricas gracias al pulso estilístico y al repertorio de interrogantes que las integran en un horizonte común. El sentido de la acción, el valor de la amistad, el heroísmo como meta, la felicidad como cumplimiento del deber y la responsabilidad como motor de la vida moral  —los grandes temas de una obra con insospechadas virtualidades pedagógicas—  parecen encontrar su raíz última y su meta final en el mundo de la infancia, el añorado planeta del que todos los hombres han sido exiliados y al que sólo mediante la fabulación pueden regresar.

Terrirorio comanche

Terrirorio comanche

Territorio Comanche – (Arturo Pérez-Reverte)

Una auténtica historia de Guerra nunca es Moral. No instruye, ni alienta la Virtud, ni sugiere modelos de comportamiento, ni impide que los hombres hagan las cosas que siempre hicieron. Si una historia de Guerra parece Moral, no la creáis.

Guerra de Bosnia, principios de los años noventa.

Una novela extraordinaria que es, además, una lúcida reflexión sobre el periodismo

«Para un reportero en una guerra, territorio comanche es el lugar donde el instinto dice que pares el coche y des media vuelta; donde siempre parece a punto de anochecer y caminas pegado a las paredes, hacia los tiros que suenan a lo lejos, mientras escuchas el ruido de tus pasos sobre los cristales rotos. El suelo de las guerras está siempre cubierto de cristales rotos. Territorio comanche es allí donde los oyes crujir bajo tus botas, y aunque no ves a nadie sabes que te están mirando.»

Esta novela fue llevada al cine por Gerardo Herrero y protagonizada por Imanol Arias y Carmelo Gómez.

Territorio comanche es una obra maestra, no porque sea de una perfección literaria sin igual, sino por todo lo que ésta conlleva. No sólo es de fácil lectura, sino que se acerca al estilo de los artículos periodísticos que nos enriquecen culturalmente. Se trata de una obra en la que Reverte saca lo más profundo de sí y lo pone a la vista de todos aquellos a los que la guerra nos queda tan lejos, nos ofrece otro punto de vista.

No solo habla de la muerte y destrucción, sino que nos habla de amistad. De personas y de sentimientos. Sentimientos de amor y de odio, de ternura y de ilusión, de esperanza y de deseos como el que sentía Márquez por su puente. Juega un poco con la muerte, hace bromas con ella e incluso se permite reírse de los muertos como Sexsymbol. Pero esto sólo lo puede hacer alguien que ha sido capaz de ganarle a la muerte cuando ésta le tuvo enfrente.

Es una novela excepcional e incluso se podría decir que consiguió salir victoriosa de su adaptación al mundo cinematográfico, pues hay que felicitar a los actores por su interpretación y sobre todo agradecer ese decorado real que nos permitió sentir más cerca lo que quería mostrar.

Me gustaría acabar este apartado con un comentario que hizo el propio Pérez-Reverte sobre esta adaptación cinematográfica:

“Ninguna película es nunca tu historia, ni la que has escrito ni la que ha vivido. Hay cosas que te gustan más, otras menos y otras nada. Sin embargo, a pesar de todo eso, a veces una película consigue recuperar, o construir, algo que merece la pena. En el caso de Territorio Comanche ha sido así. Se trata de una película voluntariamente seca y dura, fría, con ninguna concesión a la retórica fácil, las pseudocoartadas morales ni los efectos sentimentales que solemos encontrar en las películas sobre reporteros de guerra.

Territorio Comanche es una simple historia de amistad y de trabajo en un lugar difícil, en un mundo difícil, entre gente que se dedica a la difícil tarea de contar para espectadores lejanos una guerra que desde Troya a Sarajevo siempre fue la misma. Una guerra que, a pesar de sus crónicas diarias y la crudeza de sus imágenes, esos hombre y esa mujeres, los periodistas que cubren conflictos bélicos saben por experiencia que seguirá siendo siempre la misma guerra, sin que eso altere, salvo por unos minutos de telediario, el pulso de la gente. En Territorio Comanche, hasta los colores, fríos y grises, corresponden a la mirada desesperanzada y lúcida con que realmente ves la guerra cuando estás metido en ella; y logran crear de un modo bastante fiel, tratándose del cine, el modo en el que trabajan los reporteros profesionales.

Creo que Carmelo, Imanol y los otros, encarnan con suficiente credibilidad la mirada de quienes viven el horror sabiendo que nada, ni siquiera su trabajo, podrá impedir que el hombre siga matándose hasta la consumación de los tiempos. Precisamente la toma de partido de Gerardo Herrero es esa: la áspera sequedad de una trama y unas imágenes más elocuentes que un discurso, una lágrima o una bandera. Por supuesto, no faltarán algunos imbéciles que lamenten en esta película la ausencia de demagogia al uso, camuflada de compromisos morales o éticos, de hermanitas de la caridad travestidas de periodistas filántropos que viven y mueren por la solidaridad, la paz y el progreso, en vez de profesionales que se limitaban a hacer su trabajo lo mejor que podían, a cambio de un sueldo y de una cierta idea del mundo y de sí mismos. Pero da igual. Ellos nunca fueron reporteros, ni estuvieron allí. Ni les mataron, trabajando, a cincuenta y dos compañeros”.

Capitanes Intépidos

Capitanes intrepidos

Capitanes Intrépidos – (Rudyard Kipling)

Harvey Cheyne es un muchacho que, a sus quince años, dispone de todas las bazas a su favor para convertirse en uno de esos “hijos de papá” insoportables a todos y así mismos. Es desvergonzado, engreído y caprichoso. Hijo de un multimillonario norteamericano que apenas se ocupa de él, nunca de falta un buen fajo de billetes en el bolsillo. Por otra parte, le basta con abrir la boca para que su madre  –que vive pendiente de él–  satisfaga todos sus caprichos

Un buen día, cuando madre e hijo atraviesan el Atlántico con dirección a Europa, Harvey se cae al agua. Unos pescadores le salvan de morir ahogado. Inicia a partir de entonces una nueva vida que modificará su forma de ser.

Capitanes intrépidos es la historia de un chico que se enriqueció con algo que no podía proporcionarle todo el dinero de su multimillonario padre: se enriqueció con la amistad, el compañerismo y el ejemplo de unos hombres que le enseñaron a ser, como ellos mismos, un capitán valiente.

¡Campeona!

Campeona

¡Campeona! – (Suzan Elizabeth Phillips)

Queridos lectores:

De todos los libros que he escrito, ¡Campeona! es el que más me llena de orgullo. Es una de mis historias favoritas, y llevaba años deseando contarla; trata sobre “una mujer con el coraje necesario para enfrentarse al mundo de los hombres” ¿Ha habido alguna vez una heroína, menos preparada para eso que la correcta y distinguida Susaannah Faulconer?

Susannah huye de su boda, a lomos de la Harley de un chico malo, y entra en un mundo para el que no la habría podido preparar ningún manual de protocolo. Un mundo con hombres como Mitch Blaine, genio de los negocios que no aguanta a la Alta Sociedad, y Sam Gamble, un visionario carimático. También conoceremos a Yank Yankowski, uno de esos fabulosos frikis sobre los que me encanta escribir. Estos tres hombres obligarán a Susannah a poner a prueba su valor y su capacidad para amar en el mayor desafío de su vida.

¿Dónde estuviste ayer?

¿Donde estuviste ayer

EL HOMBRE

Hay defensores de unas teorías, y hay defensores de las contrarias.

Yo defiendo las mías.

Si los que defienden el bien, piensan que contribuyen a la supervivencia del hombre, entonces habrá poca esperanza en la paz mundial del futuro.

En la historia de la humanidad, los capítulos sangrientos se encadenan ininterrumpidamente. Solo hay repasar durante unos momentos, un poco la historia. Y con el armamento atómico que aún queda en la actualidad, nos suicidaremos dentro de muy poco.

EL hombre esta compuesto por unos genes de agresividad innata.

En el mejor de los casos podemos reprimirlos, pero nunca suprimirlos.

Repito, el que dude esto le aconsejo leer la historia universal,

 y sobre todo a Leopold Szondi.

El hombre es uno de los animales mas peligrosos y agresivos de la tierra, que goza torturando y matando a otros animales, incluidos a sus semejantes.

Sus hormonas le incitan a copular con sus hembras, de modo parecido a como lo hacen otros animales.

Pero su corteza cerebral, le indica que le conviene intercambiarlas con las de otros hombres, para obtener beneficios monetarios y ventajas políticas.

Le gustaría matar a su padre,

pero no lo hace.

Porque ese instinto criminal y natural, es suprimido astutamente.

 Pues algún día el será también padre.

La tesis es la siguiente:

El hombre es asesino por naturaleza.

El entendimiento y la razón, le hacen reprimir esos impulsos. No hay que olvidar que el hombre al principio de su existencia, era un caníbal  que se comía a sus semejantes.

Se puede decir también, que el hombre bajo la razón, es una bestia domada y hace el bien. Pero cuando salen los oscuros impulsos de la bestia, el hombre no puede hacer nada.

Estas tesis no son nuevas, Thomas Hobbes, el filósofo ingles,

dijo que el hombre  es una criatura insociable y asesina.

La tesis de Hobbes, era que el hombre es tan insociable como asesino, tanto por el instinto de conservación de si mismo,

como por su ambición de poder.

Decía también, que el hombre se comportaba en un escenario de guerra abierta de todos contra todos,

 y no lo dijo el solo,

también lo dijo primero Marx, en sus tratados sociales,

y después Kropotkin, y Lenin.

Pero esta tendencia de la guerra de todos contra todos, según Hobbes, solo se evita mediante las leyes y las autoridades, que imponen al hombre la unión a pesar suyo.

Esta tesis tiene su contra.

Según Rousseau, el hombre era pacifico y amistoso, y fue la civilización quien lo corrompió y le hizo agresivo.

Las dos tesis tienen aún hoy, y en posiciones extremas, sus defensores.

Tomas Huxley, interpretó estas cuestiones como una lucha por la existencia,

y Darwin la interpretó, como una despiadada lucha del hombre contra el hombre, a mano armada.

Darwin decía también, que en esa lucha, solo podía salir con vida, el más fuerte, el más rápido, y el más astuto. Tesis mundialmente conocida por todos.

Darwin lo comparaba como la lucha a muerte de dos gladiadores, y en este escenario, el espectador no necesita levantar el pulgar o bajarlo. Porque de cualquier manera, uno de los dos no tenia perdón en el combate.

De todas las maneras, tanto unas tesis como otras, demuestran que el instinto agresivo del hombre es innato en el, y nos enseñan, que la agresión es algo malo, mientras que la amistad y el amor, es algo bueno.

 Pero esto se podría contemplar desde otra perspectiva, la de que si la agresión es mala, también es buena, porque mantiene la conservación de la especie.

 Pero también se puede ver desde otro ángulo.

Si el instinto asesino y agresivo del hombre, es patológico por naturaleza,

entonces estamos perdidos,

deduciendo que el hombre siempre será demasiado agresivo,

y raramente demasiado amistoso.