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Los siete pecados capitales en Estados Unidos

Los siete pecados capitales en Estados Unidos

Los siete pecados capitales en Estados Unidos – (Fernando Díaz-Plaja)

Fernando Díaz-Plaja, que llegó por primera vez a los Estados Unidos de Norteamérica en septiembre de 1950, ha vivido en el país cerca de ocho años, como profesor de las universidades de Pensilvania, California, Tejas, Arizona, y como conferenciante o simple turista en la mayoría de los otros cincuenta estados, incluyendo Hawai. Pero incluso durante sus ausencias europeas ha seguido de cerca, a través de relaciones personales, periódicos y libros, el camino del coloso americano, que por su peso en la vida mundial permite a la mayoría de los seres del planeta hacer uso frente a él de sus reservas de amor o de odio.

Un país presente en las decisiones de todas las demás, tanto en lo positivo como en lo negativo. Un país que despierta demasiado pasión para que pueda ser juzgado imparcialmente.

Fernando Díaz-Plaja lo ha intentado con este libro, fruto de muchos años de mirar y escuchar, de estudiar y comparar. El éxito alcanzado por “El Español y los siete pecados capitales” le ha animado a emplear la misma técnica a la hora de describir el espíritu estadounidense, visto también aquí a lo largo de los siete canales de nuestras debilidades humanas “Al fin y al cabo  -concluye el autor-  los Pecados Capitales son universales. Lo único que los distingue nacionalmente es la importancia que reciben y el énfasis con que se cometen en las distintas latitudes

SOBERBIA

AVARICIA

LUJURIA

IRA

GULA

ENVIDIA

PEREZA

Ensayo sobre la vocación política

Ensayo sobre la vocación politica

Ensayo sobre la vocación política – año 1958 – (Gabriel Elorriaga)

Un libro falangista. Este tipo de lectura científica y adoctrinante, a la vez que convence se entiende.

Decía con exactitud, Ortega y Gasset, refiriéndose al orden político:

Orden no es una presión que desde fuera se ejerce sobre la sociedad, sino un equilibrio que se suscita en su interior

El político actúa desde el seno de la sociedad, contando con sus propias posibilidades de ordenación, no anestesiándolas con algún elemento artificial de poder. Un ejemplo claro son las dos formas de enfrentamiento político con las agrupaciones sindicales. Un poder político que tema ser intranquilizado por el movimiento laboral moderno, puede tratar de coagular el auge sindical con actos de fuerza. Obliga, con ello, a las agrupaciones obreras a utilizar métodos de lucha. Si, a pesar de ello, vence en dicha lucha social, habrá conseguido tranquilidad, pero habrá construido una presa para almacenar potencia de más futuros desordenes, y, muy probablemente, favorecido el mantenimiento de intereses injustos, a los que el poder no tenía ninguna necesidad de defender.

Por el contrario, un poder político fiel a su misión ordenadora, verá en el movimiento sindical un elemento de utilidad. Este ejemplo del sindicalismo nos sirve también para explicar el carácter activo del orden. El político, al agrupar intereses, habilitar cauces y normalizar situaciones, no tiende a la quietud, sino que intensifica la actividad social. Porque en el fondo, el orden no es capricho estético, sino una necesidad de eficacia. Y la sociedad ordenada es más eficaz, no por ser menos activa, sino por actuar con más método, pues la inactividad social es también una forma de desorden. El principio fundamental de dar a cada uno lo suyo, inspira paralelamente al orden y a la justicia, hacia una misma meta de perfección. ¿Pero como distinguir la ambición política del egoísmo? ¿Como la avaricia del afán?. Porque como escribió Aristóteles:

En política es más difícil reformar que crear; como es más fácil aprender lo que se ignora que destruir lo aprendido