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La Romana

La romana

La Romana – (Alberto Moravia)

La parafernalia luminosa y el cinismo de la Roma de Mussolini es el escenario de la que es, probablemente, la mejor y más conocida novela de Moravia. En ella se narra la historia de Adriana, una muchacha sencilla y pobre, muy hermosa, que trabaja posando desnuda como modelo para un pintor, acepta regalos de los hombres y no sabe muy bien cuándo abandonó su sueño de tener un hogar e hijos para convertirse en prostituta. También es la historia de Giacomo, estudiante universitario y revolucionario fallido que rechaza la idea de estar enamorado de Adriana; de la siniestra figura de Astarita, el oficial de la policía secreta obsesionado con la muchacha; y de Sonzogno, un burdo criminal que trata a Adriana como su propiedad privada. Las relaciones entre todos ellos conforman la que es, según algunos críticos, una de las escasas novelas del siglo XX que se encuentran a la altura de Dostoievski.

Adriana no se rebela ante su condición de prostituta; su temperamento, su belleza, su clase social: todo parece haberla predestinado a ello. Y es esa pasividad moral lo que determina su paradójica inocencia y la enfermedad del mundo que la rodea. Una novela dolorosa y vital, que Elio Vittorini supo definir como “una conquista de la literatura italiana“.

El escritor Alberto Moravia (1907-1990) ha retratado la sociedad italiana y los conflictos del hombre contemporáneo con una visión crítica y gran agudeza psicológica en novelas como “Los indiferentes” y “El desprecio” y en sus magníficos “Cuentos romanos

El olor del Heno

El olor del heno

El olor del Heno – (Giorgio Bassani)

Giorgio Bassani nació en Bolonia en 1916, de familia ferrasera y en Ferrara transcurrieron su infancia y su juventud. Tras haber participado en la Resistencia y pasado tres meses de prisión antes de la caída de Mussolini, se trasladó a Roma donde es profesor de Historia del Teatro de la Academia Nacional de Arte Dramático. Sus primeros escritos literarios datan de 1937, y ha sido redactor y colaborador de diversas revistas literarias como “Letteratura“, “Paragone“, “Botteghe Oscure“, etc.

Lleva publicados varios libros de poesía (Storie dei poveri amanti, 1945; Un’altra libertà, 1951); dos novelas, El jardín  de los Finzi-Contini, 1962, y “La Garza“, 1969; un volumen de relatos, “Historias de Ferrara“, 1960, y una novela corta. “Detrás de la Puerta“, 1964.

El olor del Heno (L’odore del fieno, 1972) es el último libro de Giorgio Bassani. El narrador de “El jardín  de los Finzi-Contini” nos devuelve en él sus mejores cualidades: la precisión y la punzante sutileza del estilo se aúnan a un don particular de captación del matiz y a una extrema sensibilidad para la sugerencia y la elipsis. La melancolía de un mundo ido perdura, quemante y arrasada, en una serie de narraciones tan justas en el plano psicológico y social como densas de sentido lírico.

La Guerra Civil de España

La guerra civil de España

La Guerra Civil de España – (Georges-Roux)

Georges-Roux posee una cualidad extraordinaria: sabe escribir para el público sin sacrificar la verdad. Es claro, apasionante, vivo, patético. El lector se siente atraído, interesado, arrebatado. De ahí la enorme personalidad de todos sus libros.

Su Nerón, aparecido en esta Colección  de Biografías, ha permitido cribar todos nuestros conocimientos actuales sobre la antigua Roma. Su Mussolini, también publicado en la misma Colección, es la mejor biografía del dictador italiano, la más viva y la que llega más lejos en el conocimiento del personaje. El gran éxito que ha obtenido en todas partes es merecidísimo.

De una calidad por lo menos igual es esta Historia de la Guerra de España.

Este drama, como tantos otros, empezó por himnos jubilosos. Una noche, España se acostó monárquica para levantarse republicana al día siguiente. No ha habido víctimas humanas; hay motivos para enorgullecerse. España ha hecho el cambio mejor que todos los demás países, ha sido un modelo y todos deben celebrar la “madurez política” de ese pueblo. Todos los españoles están encantados. Exultan de alegría. El espectáculo de Madrid es extraordinario. La ciudad sólo está llena de cánticos y de risas. Aquella revolución es una verbena. Al escritor Ortega y Gasset sólo le preocupará una cosa: quiere que la república sea alegre.

¿Cómo, a las cuatro semanas, la tragedia se instala en medio de los gritos de júbilo? ¿Cómo y por qué se desencadenará una guerra civil larguísima? Esto es lo que Georges-Roux explicará con mesura y buena fe, pero en un estilo irresistible. El que empiece la lectura de la obra no la dejará hasta el epílogo de esta historia, que puede clasificarse entre las más prodigiosas de nuestro tiempo y cuyos remolinos todavía agitan a España y tal vez a Europa.

En el mes de Junio de 1964, la Academia Francesa ha otorgado al señor Georges-Roux el Premio THIERS, establecido para galardonar la obra de carácter histórico más importante publicada por un autor francés.

Es inutil deformar la verdad. Más tarde o más temprano se endereza por sí misma

Este libro se lo dedico a mis amigos de España: es decir a todos los españoles

La guerra civil de España es una de las aventuras más trágicas de la Historia. Libre de las pasiones partidistas que pueden oscurecerla, representa un terrible drama humano. Ahora vais a leer el sencillo relato de ese drama.

El nacimiento del Fascismo

El nacimientp del fascismo

El nacimiento del Fascismo – (Angelo Tasca)

El Fascismo no tiene patria.
Un fantasma empieza a recorrer Europa: movimientos neonazis y neofascistas han dejado de ser una reminiscencia nostálgica del pasado para surgir, con fuerza, no sólo en la calle, sino también en los parlamentos de nuestras sociedades democráticas.
Quizá están renaciendo bajo otras apariencias, pero su ideología racista, sexista, y xenófoga es la misma que martirizó Europa en la primera parte del siglo XX.
Si queremos extirpar de raíz esa amenaza, bueno será que no olvidemos las lecciones de la historia. En este sentido se recupera una obra escrita en 1938, que segun Ignazio Silonees la mejor, la más viva, la más veridica e instructiva de las obras publicadas hasta ahora“, sobre el nacimiento del fascismo. Todo está en este libro: desde las tensiones político-sociales en Italia despues de la primera guerra mundial hasta la formación del movimiento fascista encabezado por Benito Mussolini, las resistencias que se opusieron a la atmósfera de terror que culminó con la marcha sobre Roma y la conquista del poder por el fascismo.

Angelo Tasca (1892 – 1960) fue un dirigente político italiano que escribió este libro en memoria de su padre, “un obrero metalurgico” cuyos últimos años se vieron ensombrecidos por la victoria del fascismo en Italia.

Muss El Gran Inbécil

Muss el gran invecil

Muss El Gran Inbécil – (Curzio Malaparte)

Me incliné para mirarle a los ojos. No había nada más en aquel cuerpo vacío, en aquella cabeza vaciada de su cerebro. Nada más, excepto aquella mirada suya firme, serena, paciente. Le dije en voz baja “pobre Muss” y pensé en mi madre. Me miraba sereno, paciente, afectuoso. ¿Qué me importaba si se había equivocado, si había cometido errores crueles y estúpidos, si había llevado a Italia a la ruina?. Ni siquiera me importaba ya que hubiera hecho llorar a mi madre. Lo que me importaba era que fuese un vencido, que todos hubiesen renegado de él, que le hubieran matado como un perro y colgado por los pies, y cubierto de escupitajos y de orina, en medio de aullidos feroces de una inmensa multitud que hasta pocos días antes le habían aplaudido y le habían tirado flores desde las ventanas. Yo le vi colgado de la marquesina de un distribuidor de gasolina, en medio de aquella sucia multitud, de aquella multitud de cobardes que le insultaba y le cubría de esputos, y que los bomberos de cuando en cuando le lavaban los esputos, la orina y las inmundicias que le lanzaba la gente, en aquel aire sofocante impregnado de un terrible olor a mugre y muerte.

No me importaba nada que se hubiera equivocado, que hubiera arrastrado al pueblo italiano a la miseria atroz. Lo sentía por todos los italianos, pero no por aquella inmunda multitud. E incluso si aquella multitud de cobardes hubiera estado compuesta por millones y millones de italianos, no me hubiera importado nada. Casi me hubiera alegrado, pensar que aquella inmunda multitud tenía lo que se había merecido. Era una multitud no de víctimas inocentes, si no de cómplices. No me importaba que aquella multitud tuviera sus casas en ruinas, y estuviera hambrienta, porque una multitud semejante se lo merecía… Incluso los que se habían enfrentado a él fueron sus cómplices hasta el momento de la desgracia. Todos habían sido sus cómplices. No me importaba nada que hubiera sido el hambre, el miedo, la angustia, lo que convirtió a aquellos hombres en hienas viles y feroces.

No me atrevía a mirar su desnudez. Nunca había visto un cadáver desnudo. Sentí que me sonrojaba. Me parecía que le faltaba al respeto a aquel muerto. Nunca había visto un cadáver desnudo. Había visto a muchos compañeros muertos en los campos de batalla del Col di Lana, del Grappa, del Piave, de Bligny, del Chemin des Dames, de Ucrania, miles y miles de soldados muertos, tendidos sobre el fango, el polvo, o sobre la nieve. Pero no había visto nunca a un cadáver desnudo. Mussolini me miraba con fijeza, con aquella mirada serena, paciente, sin rencor, una mirada un poco triste, de la misma tristeza que hay en los animales y hombres muertos, de los hombres, de los perros y de los caballos muertos. Levanté lentamente la mano, la acerqué a su rostro. Sabía que apagaría para siempre aquella mirada maravillosa suya, que cegaría para siempre aquellos ojos serenos, tan nobles. Sabía que el mío era un acto de piedad, no de miedo. No tenía miedo de su mirada. Pero habría dado mi vida por no tener que cumplir con aquel acto definitivo.

Le acerqué la mano lentamente a la cara, busqué sus parpados, hice fuerza con las puntas de mis dedos. Parecía resistirse. Me miraba fijo, con aquella mirada serena. Hice fuerza, casi le arranque los parpados húmedos, le cerré los ojos para siempre. Aquella su mirada serena y buena.

Que me importaba si en los años de su gobierno Italia se había convertido en una bufonada, en un biombo chino, sobre el que se habían pintado escenas de batalla y de triunfos, coronas cesáreas y trofeos de victoria. Hércules musculosos bajo tumultuosos cielos de nubes a lo Tiépolo. Italia siempre ha sido así. Un montón de retorica, una multitud de héroes exultantes, de elocuentes oradores, un laberinto de intrigas y de corrupción. Siempre. ¿No fue así la Italia de Crispi, cuando las primeras empresas africanas? ¿La Italia de Giolitti, cuando la Guerra de Libia? ¿La Italia de Orlando, cuando Versalles? ¿Que había de nuevo, que había de nuevo que no se conociese, en la Italia de Mussolini? Léanse los buenos autores, empezando por los antiguos. Parecerá extraño, pero la Italia seria, digna, verdadera, era en los tiempos de la miseria y de esclavitud extranjera. A quien dirigía Dino Compagni su “o iniqui cittadini“, y ¿Dante? y ¿Petrarca? y ¿Maquiavelo, y Guicciardini, y Michelangelo, y Tassoni? y ¿Manzoni? y ¿Carducci? y ¿Mazzini? Italia siempre ha sido así. Una minoría de gente seria, descontenta, decepcionada, frente a un pueblo en la miseria, en la ignorancia, encorvado bajo una banda de innobles aprovechados, de cortesanos, de traidores, de cobardes, de esbirros, y de clérigos, de sicarios y de espías. Los que se indignaban por las miserias, hipocresías, abusos, violencias y corrupciones del tiempo de Mussolini olvidaban que esas miserias siempre las ha habido en Italia. Y se indignaban solo porque se cometían en el nombre de Mussolini, pero al mismo tiempo rememoraban los tiempos de Giolitti, o de Orlando, o de Nitti, o de Zanardelli, olvidando que entre ellos y Mussolini, la diferencia estaba solo en el nombre y los pretextos.

En la década de 1930, Curzio Malaparte se propuso escribir un libro sobre el “motor principal del fascismo“, Benito Mussolini.
Por diversas razones (encarcelamientos a manos del régimen del Duce). Malaparte no logró completar el proyecto. Lo fascinante del libro es la ambivalencia de Malaparte hacia la figura del Duce, sin cuya inmensa capacidad de seducción no se explicaría el poder que llegó a concentrar y el desastre y la destrucción ocasionadas.