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Poema del Cid

Poema del cid

Poema del Cid – (Odres Nuevos)

Versión métrica de Francisco López Estrada (Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid)

El Poema del Cid es la obra más importante del grupo de la poesía épica medieval vernácula en España. El único texto conocido de este Poema procede de un manuscrito, escrito con letra del siglo XIV, que hoy se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid. En el colofón de este códice se leen los siguientes datos, los primeros que ofrecen una noticia de la obra:

Quien escriuió este libro déle Dios parayso. Amen.

Per Abbat le escriuió en el mes de mayo en era de mil y CCCXLV años.

La obra, tal como aparece en el códice manuscrito, fue considerada como un libro; es decir, se trata, como comprobará el lector, de una obra de gran extensión con una clara unidad argumental y de composición. Según los datos indicados, un tal Per Abbat o (Pedro Abad, como le llamaremos), lo escribió; escribir en el lenguaje medieval quiere decir  “poner en la letra de la escritura“, y esto pudo hacerlo o componiendo él mismo la obra o copiándola de otro manuscrito que tenía delante (o bien de una manera aproximadamente fiel o bien retocando a su gusto el texto que copiaba) o fijando  en la escritura lo que un juglar le iba dictando. Según pudiese haber sido esta labor, Pedro Abad sería o autor o coautor o copista del Poema.

Los Confinados

Los confinados

Los Confinados – Relato vivo de los desterrados – (Juan Antonio Pérez Mateos)

Los Confinados” no en un libro-denuncia y casi ni siquiera un libro-documento. Solo pretende ser –y lo es– la exposición objetiva –apoyada en cartas, artículos periodísticos, etc– de una etapa histórica, que abarca más de cuatro décadas (dictadura de Primo de Rivera Segunda República Españolaépoca franquista) en que los jefes de los grandes grupos disidentes, u oposición, fueron confinados a distintos puntos del territorio nacional (generalmente insular), al objeto de evitar sus posibles actividades subversivas o actos delictivos contra la seguridad del Estado. El carácter expositivo de la obra anula voluntariamente cualquier toma de posición por parte del autor, el cual se limita a “HABLAR” por boca de los propios protagonistas, a exponer y ordenar cronológicamente los hechos y a darles coherencia.

En la primera etapa de “Los Confinados” la que corresponde a un breve exordio, que se inicia en el CID, el primer desterrado en nuestro país, destacan los confinados por Carlos V, la figura de Jovellanos, los destierros de la época absolutista de Fernando VII y los confinamientos de Nicolás Salmerón, Giner de los Ríos y Gumersindo de Azcarate. Tras este prolegómeno, aparece lo que podríamos llamar una segunda etapa con confinamientos tan célebres como el de Miguel de Unamuno y Rodrigo Soriano en la Isla canaria de Fuerteventura. Durante este período dictatorial, pródigo en este tipo de penas –recuerdese el caso Sbert– figuran otros nombres conocidos, de los que sobresale la figura de Jiménez de Asúa confinado por Primo de Rivera en las Islas Chafarinas. En ése un momento, en que la intelectualidad española se rebela contra un régimen que cercena las libertades públicas y cierra centros tan liberales como el Ateneo madrileño. La dictadura de Primo de Rivera cae, al fin. Viene la República con sus intentos democratizadores, y es durante esta etapa en la que sufre confinamiento el jefe del partido Nacionalista español, el famoso doctor Albiñana, al que se le obligará a vivir en un lugar inhóspito de Las Hurdes extremeñas en unas condiciones que llegan a superar dramáticamente a los peores lugares conocidos históricamente; condiciones que provocarán una reacción mundial a la que responderá el Gobierno con un confinamiento mas ligero y suave, menos draconiano, en el pueblo natal del doctor Albiñana.

Un hecho de gran importancia surge durante los cinco años republicanos: se trata de la sublevación del 10 de Agosto. Al mando del General SanJurjo varios militares se alzan contra la República. Una orden inmediata les deporta a tierras africanas de Villacisneros, ciudad de la que 29 hombres emprenden una romántica fuga. La última etapa que se aborda en “Los Confinados” responde a los confinamientos de la etapa del Franquismo, pródiga en estas penas. Confinamientos con grandes contenidos políticos por cuanto que aquéllos obedecen a consignas que, de alguna manera, marcan aconteceres en la marcha política del régimen hacia su estructura y consolidación. Hedilla, Francisco Herrera-Oria, Ridruejo, monárquicos, catedráticos, sucesos de Begoña, generales, Congreso de Munich, estados de excepción en todo el país y en suelo vasco. Todos estos confinamientos sintetizan una forma de actuación por parte de quienes llevaban el timón de la nave franquista. Confinamientos que vienen a ser como una intrahistoria de aquellos últimos años.

España ha sido, a lo largo de su historia, un país de grandes pasiones, que muchas veces desembocaron en odios y rencores personales de los que fueron víctimas hombres nobles que no merecían, por sus actos, castigos sectarios e injustos. Penas de destierro y confinamiento se producen con extraña y curiosa frecuencia a lo largo de los siglos.