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Las Frases del Metro

Las frases del metro

Las Frases del Metro – Edición solidaria con SINTEL –  CC.OO.

Las Frases del Metro es una recopilación de trescientas treinta y seis citas escritas por viajeros anónimos en algunas estaciones del suburbano en un momento determinado en la historia de nuestro país.

El autor recopila las frases a través de muchos de viajes y esperas por los “metros de Madrid“. Su elaboración está llena de buenas intenciones reflejadas en todos aquellos que colaboran en estas páginas, intenciones dirigidas hacia los trabajadores de Sintel, que nos regalan un vivo ejemplo de dignidad y lucha de la clase obrera. De ahí la participación de ilustres figuras del mundo de la farándula como Indio Juan, Gran Wyoming, Molleda y muchos otros compañeros y compañeras que han dejado su esfuerzo tras las páginas de este libro para que la lucha de los trabajadores de Sintel tenga también apoyo moral y económico. ¡Va por ustedes!

El Efecto Iguazú

La Muerte de Durruti

La muerte de Durruti

La Muerte de Durruti – (Joan Llarch)

La muerte del anarquista y jefe de la columna que llevó su nombre constituye uno de los grandes enigmas de la Guerra Civil española. Joan Llarch ha conseguido reunir una valiosísima documentación con testimonios directos y fidedignos, que contiene pasajes inéditos sobre los primeros meses de la guerra, con las acciones desplegadas por el cabecilla anarquista hasta el epílogo de su vida y con las presencias personales más inmediatas. El libro pretende sólo dejar constancia objetiva de los hechos o personas que intervinieron en la contienda, y que no han sido divulgadas todavía o lo han sido sólo fragmentariamente.

El entierro de Durruti:

El cadáver llegó a Barcelona por la noche. Había llovido todo el día, y los coches que escoltaban el féretro estaban llenos de barro.
La bandera rojinegra que cubría el coche fúnebre estaba sucia.
En la casa de los anarquistas, los preparativos habían comenzado el día anterior.
El vestíbulo había sido transformado en capilla ardiente. Como de milagro, todo se había hecho a tiempo. La ornamentación era simple y sencilla.
En el recinto había en las paredes colgados paños negros y rojos, y un gran letrero que decía “Durruti dice que entréis y Durruti dice que salgáis“.

Unos milicianos custodiaban el féretro con los fusiles en posición de descanso.
La muchedumbre era tan inmensa, que costaba trabajo acercarse a la casa. El féretro lo habían traído desde Madrid. La multitud era impresionante.
La gente fumaba. Algunos se quitaban la gorra, otros no. Había mucho ruido. Algunos milicianos que venían del frente, eran saludados por sus amigos.
Los centinelas trataban de hacer retroceder a los presentes.
El rostro de Durruti en el ataúd yacía sobre seda blanca, bajo vidrio. Tenía la cabeza envuelta en una bufanda blanca que le daba aspecto de árabe… Era una escena trágica. Parecía un aguafuerte de Goya. La describo tal como la vi, para que se pueda entrever lo que conmueve a los españoles.

La muerte, en España, es como un amigo, un compañero, un obrero que se conoce en el campo o en el taller. Nadie se alegra cuando viene. Se quiere a los amigos, pero no se les importuna. Se les deja ir y venir cuando quieran.
Durruti era un amigo. Tenía muchos amigos. Se había convertido en el ídolo de todo un pueblo. Era muy querido, y de corazón. Toda la multitud allí presente, lamentaban su muerte, y ofrecían su afecto. Nadie lloraba salvo su compañera, una francesa, y la vieja criada, que probablemente nunca le había conocido. Los demás sentían su muerte como una pérdida atroz e irreparable, pero expresaban sus sentimientos con sencillez.

Callarse, quitarse la gorra y apagar los cigarrillos era para ellos tan extraordinario como santiguarse o echar agua bendita. Miles de personas desfilaron ante el ataúd de Durruti durante la noche. Esperaron bajo la intensa lluvia, en largas filas. Su amigo y su líder había muerto. No me atrevería a decir hasta que punto era dolor y hasta qué punto era curiosidad. Pero estoy seguro de que un sentimiento les era completamente ajeno: el respeto a la muerte.

El entierro se llevó a cabo al día siguiente por la mañana. Desde el principio era evidente que la bala que había matado a Durruti había alcanzado también el corazón de Barcelona. Se calcula que uno de cuatro habitantes de la ciudad había acompañado su féretro, sin contar las masa que flanqueaban las calles, miraban por las ventanas, y ocupaban las azoteas y los arboles de las ramblas.

Todos los partidos y organizaciones sindicales, sin distinción habían movilizado a sus miembros. Al lado de las banderas de los anarquistas ondeaban sobre los colores de todos los grupos antifascistas de España. Era un espectáculo grandioso, imponente y extravagante; nadie había organizado, guiado, ni ordenado a esas masas. Nada salía de acuerdo con lo planeado. Reinaba un caos inaudito.

El comienzo del funeral había sido fijado para las diez. Ya una hora antes era materialmente imposible acercarse a la casa anarquista. Los obreros de todas las fábricas de Barcelona estaban allí, en las calles abarrotadas. El escuadrón y la escolta que encabezaba el cortejo fúnebre, se hallaban totalmente bloqueados, estrujados por las masas de obreros, por todas partes se veían flores y coronas, el cortejo estaba atascado, ni podía seguir ni podía retroceder. A las 10:30 minutos el ataúd de Durruti, salió de la casa de los anarquistas cubierto con la bandera roja y negra, llevado a hombros por los milicianos de su columna.

Las masas dieron su ultimo adiós, y su ultimo saludo con el puño en alto. Cantando el himno anarquista “hijos del pueblo” Se despertó una gran emoción.
Las orquestas tocaban sin sincronización unas tocaban muy alto y otras muy bajo, los coches tocaban sus bocinas, los milicianos hacían señales, pero los que portaban el féretro no podían avanzar.
Era imposible, los puños seguían en alto, y las orquestas seguían tocando sin orden ni compas. Por último cesó la música, descendieron los puños, pero el estruendo de las masas seguía. Había muerto su líder. Y era su último adiós.
Pasó por lo menos media hora antes de que la comitiva pudiera seguir su marcha. Transcurrieron varias horas hasta que llegó a la plaza de Cataluña.
Todo el mundo gritaba a más no poder.

No era el entierro de un rey, era un sepelio organizado por el pueblo.
Nadie daba órdenes, todo ocurría espontáneamente. Reinaba lo imprevisible.
Era simplemente un funeral Anarquista, y allí estaba su majestad.
Tenía aspecto extravagante, pero en ningún momento perdía su grandeza extraña y lúgubre.
Los discursos fúnebres se hacían en el pie de la columna de Colon, donde una vez había luchado y caído a su lado el mejor amigo de Durruti.
García Oliver, el único superviviente de los compañeros habló como amigo, como anarquista y como ministro de justicia de la República Española.
Después tomo la palabra el cónsul ruso, y finalizó el discurso con el lema “Muerte al fascismo“. El presidente de de la Generalitat, Companys, comenzó diciendo “Compañeros” y termino con la consigna “Adelante“.

El programa planeado para enterrar a Durruti por sus amigos más cercanos, no llego a cumplirse… Las masas no se movieron de su sitio. El camino al cementerio estaba bloqueado. Caía ya la noche, y seguía lloviendo, la lluvia se hizo torrencial, y el cementerio se hizo un pantano… En último momento se decidió no enterrar a Durruti.
Sus compañeros decidieron llevarle de nuevo a la casa anarquista.
Durruti fue enterrado al día siguiente.

Historia del Anarco-Sindicalismo español

Historia del anarco-sindicalismo español

Historia del Anarco-Sindicalismo español – (Juan Gómez Casas)

Este libro para mi tiene más valor que cualquier piedra preciosa de Oriente. Por muy valiosa y preciosa que sea. Solo tocar este volumen, tenerlo en tus manos una y otra vez, notar su textura y apreciar su peso, apreciar como con el paso del tiempo va envejeciendo, ver como sus tejidos, sus átomos, acarician la epidermis de mis manos y experimentar como se va introduciendo poco a poco en la sangre de mis venas, sentir como viajan sus letras hasta mi cerebro. No tiene precio. Además del valor sentimental de la persona que me lo regaló. Y una vez comenzado a leerlo allá por los años 70, el primer insulto que me llevé de parte de un familiar (un tío) fue: “TU ERES UN ANARQUISTA“… solo por contestarle y rebatirle sus preguntas con mis respuestas de joven.

Este libro es una síntesis de la Historia del movimiento Anarco-Sindicalista en nuestro País. Una visión completa de las vicisitudes del movimiento obrero español, de tanta trascendencia e influencia para los destinos de la Clase Obrera.

Historia del ANARCO-SINDICALISMO español, está dividida en dos partes.

La primera comprende todo el periodo anterior al Anarco-Sindicalismo. La segunda, la Historia del movimiento propiamente dicho, a partir de la fundación de la Confederación Nacional del Trabajo, 1911, hasta el término de la Guerra Civil española, 1939.

Juan Gómez Casas, conocedor profundo de nuestra historia social y política, contribuye con este nuevo muevo libro a un desentrañamiento esclarecedor de los últimos años de nuestra historia. También escribió “Cuentos Carcelarios

Una primera edición del año 1968. Franco no había muerto, por lo tanto era un libro clandestino.