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¡Indignaos!

Indignaos

¡Indignaos! – (Stéphane Hessel)

Cuando alguien como Stéphane Hessel llama a la “insurrección pacífica“, a desperezarse, a rebelarse, hay que escucharlo. Porque Hessel, a sus 93 años, sabe de lo que habla: miembro de la Resistencia francesa, superviviente de Buchenwald, militante a favor de la independencia argelina y defensor de la causa Palestina, este eterno luchador es, además, el único redactor aún vivo de La Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948.

Por eso, cuando reclama “un motivo de indignación” para todos hay que hacerle caso. Porque “las razones para indignarse pueden parecer hoy menos nítidas o el mundo demasiado complejo“, pero siguen ahí, en la dictadura de los mercados, en el trato a los inmigrantes, a las minorías étnicas. “Buscad y encontrareis“, nos dice, “coged el relevo, ¡indignaos!, porque la peor actitud es la indiferencia. Si os comportais así, perdéis uno de los componentes esenciales que forman al hombre: “la facultad de indignación y el compromiso que la sigue“. Un mensaje que ya ha contagiado a más de un millón y medio de lectores en Francia.

¡Indignaos!” Hoy se trata de no sucumbir bajo el huracan destructor del consumismo voraz y la distracción mediática mientras nos aplican los recortes.
¡Indignaos! Sin violencia. Como cantara Raimon contra la dictadura: Digamos NO. Actuad. Para empezar, ¡Indignaos! (José Luis Sanpedro)

La Alegria de vivir

La alegria de vivir

La Alegria de vivir – (Phil Bosmans)

Ediciones 29 tiene el honor de realizar la versión española de un libro ciertamente best-seller en todo el mundo. La edición original holandesa ha alcanzado ya 31 reimpresiones, con un total de 400.000 ejemplares, convirtiéndose así en el libro más vendido en Holanda durante este siglo. La edición alemana alcanza ya los 200.000 ejemplares. Ahora, junto con la edición española, se publica simultáneamente en Italia, Noruega, Francia, Japón e Inglaterra.

No se conoce nada comparable a este libro. Es dificil calificarlo en términos tradicionales, y a esto debe en parte su extraordinaria popularidad. Aunque escrito por un sacerdote católico, no se trata de un libro religioso en sentido estricto. El autor es un líder nato: dirige una organización, ciertamente única, de ayuda a gentes desesperadas y una residencia para ex-reclusos, y, además, como parte de su actividad, dirige un servicio telefónico con gravaciones dirigidas a personas con problemas de depresión nerviosa. Este servicio se puso de moda y, ahora, cientos de personas llaman por teléfono diariamente cuando tienen algún problema o necesitan apoyo moral.

La profunda personalidad de este hombre transpira a través de toda la obra, pero no existe muestra de afectación o sentimentalismo fácil. Su mensaje es moderno y actualizado. Habla de viviendas donde habita la gente amontonada, sobre madres que no tienen a dónde llevar a sus hijos, sobre gentes que tra haber comprado alfombras y televisión en color para todas las habitaciones de la casa, se sienten prisioneras de un mundo muerto y sin sentido que ellas mismas fabricaron.

Y cuando habla del aburrimiento, de la agresividad personal, del consumismo, no trata de hacer trampas y engañarnos. Su mensaje no está encaminado al piadoso o al intelectual. Su lenguaje es directo, rígido, pero consolador. Ha llevado la esperanza al corazón de miles de personas que perdieron a la persona amada, su trabajo o que están atravesando un periodo de crisis personal.

Lean este libro profundamente probechoso y la alegría de vivir retornará a sus corazones