Archivo de la etiqueta: Del Franquismo al Felipismo

Del Franquismo al Felipismo

Del franquismo al felipismo

Del Franquismo al Felipismo – (José Oneto)

A las cuatro y veinte de la madrugada del 20 de noviembre de 1975, fallecía en Madrid, en la Ciudad Sanitaria “La Paz”, Francisco Paulino Hermenegildo Teodulo Franco Bahamonde, Generalísimo de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, Jefe Nacional del Movimiento, Prior honorario de una veintena de conventos españoles. Deán de Cabildos y Catedrales, Señor de la Guerra y Héroe de la Paz, Hijo predilecto de casi todos los ayuntamientos del país, Caudillo de España por la Gracia de Dios y jefe de un “Nuevo Estado” que tuvo treinta y ocho años de vida y que se deshizo, como el polvo, en poco menos de doce meses.

A esta intempestiva hora de esa fría y desapacible madrugada de noviembre, cuando ya nadie lo esperaba y mientras algunos reían y otros lloraban, después de varias operaciones y una angustiosa, interminable y dolorosa agonía, el cansado corazón del pequeño general, que resistió toda la campaña bélica de Africa, que soportó una larga, cruenta y fratricida guerra civil de treinta y tres meses y que fue capaz de aguantar con frialdad y cinismo las tensiones de cuarenta años de poder personal, dejó de latir rodeado de la soledad mñas absoluta.

Quien había sido objeto de todos los homenajes, de todas las alabanzas, de todos los honores, que fue calificado de omnipotente, carismático, providencial, milagroso, fuerte, inteligente, poseedor de poderes sobrenaturales, dueño de un extraordinario control urético, experto en conocimientos teológicos, calificado, por quienes le conocían y nunca le habían visto, como gran cazador, experto pescador del río y de mar, excelente jugador de golf, poseyente de una extraordinaria sangre fría y de un pulso fuera de lo normal, elegante caballista, avezado economista, insigne científico, gran ingeniero, excelente arquitecto, experto aviador, cinéfilo y taurómaco, conocedor de casi todas las especies culinarias, dotado de poderes mágicos y hasta consumado jugador de quinielas (acertó un pleno de un millón de pesetas en la jornada 36 del año 1967), moría en una clínica del Seguro de Enfermedad, que él había creado, lejos de su familia y sin un menor consuelo.