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Aullido triste

El aullido triste de un lobo.

Un aullido triste como esa flecha envenenada de idealismo y crueldad, que atraviesa la historia desde la antigüedad surcando un aire doloroso hecho de misteriosos enigmas y paradojas. Una saeta turbia como un Dios, que en 1516 inspiraron griegos y cristianos a Tomas Moro para que este imaginara una isla perdida llamada Utopía, un mundo aterrador y feliz a la vez, un mundo misterioso y opresivo, lleno de pasiones y de dudas, y que halló suelo fértil en generaciones y generaciones de inconformistas que quisieron hacer realidad lo ilusorio de aquel “no lugar”.

Un aullido triste de lobo, como esa flecha que irremediablemente colisiona en el corazón de Tommaso Campanella, que torturado por la inquisición hasta la locura, y sin esperanzas de libertad, escribiera otra Utopía, su Utopía particular llamada “La ciudad del sol”

 Tommaso Campanella – La Ciudad Del Sol

Felipe III de España

Obra escultórica del frances Juan de Bolonia, y del italiano Pietro Tacca 

Felipe III de España (Madrid 14 de Abril de 1578 – 31 de Marzo de 1621)

Felipe III fue Rey entre 1598 y 1621. Fue hijo de Felipe II y de Ana de Austria. La subida al trono del nuevo monarca es acogida con gran esperanza. Apenas sube al trono, despide a los principales colaboradores de su padre (Cristobal de Moura, el marques de Velada, el conde de Chinchon), disuelve el Consejo privado y encarga todos los asuntos de gobierno a Francisco de Sandoval, al que convierte en duque de Lerma. Comienza así en España el régimen del Valimiento, (puestos de confianza, característico del s. XVII)

Contrae matrimonio con su prima Margarita de Austria, que no influye directamente en la política, pero sí en la persona de Felipe III, hasta su muerte, en 1611. En política interior se hace imperiosa una marcha atrás en Flandes, pues la penuria económica no permitía proseguir con las operaciones. El duque de Lerma encarga a Espínola que insinúe a los holandeses una posibilidad de paz. Así se acuerda la tregua de los Doce Años (1699). Por primera vez, España reconoce la existencia de las Provincias Unidas de Holanda y también su incapacidad, al menos momentánea, para someterlas a su dominio.

Fernando III sigue una política de pacificación  dentro del país. Pero solo sirve de respiro, debido a la reanudación de la guerra. Ayudado por el duque de Lerma, se muestra firme en el mantenimiento de las posesiones extrapeninsulares y en su decisión de evitar nuevas injerencias en ellas.

Fernando III muere arrepentido por no haber cumplido cabalmente con sus deberes de rey. Suya es la frase: “Si Dios me diera más vida, de otra forma gobernaría“.

Realmente Felipe III no había gobernado, sino sus consejeros, los duques de Lerma y de Uceda.

Yo era Huse-in (Jose-Luis)

Figura tallada de alabastro

SUFISMO

Diversas influencias (cristianismo, neoplatonismo, religiones de la India y de Persia) hicieron que los musulmanes se interesaran por la mística. Desde los primeros tiempos del Islam no faltaron ascetas que se prroponían prescindir de todo lo que pudiera distraerles de Dios y de las cosas divinas. Un sencillo vestido de lana (suf) los distinguía y les dio nombre. Comunidades de sufitas aparecieron en Basora, Kuffa y Bagdad. El santo Hassan AL-Basari es el representante de ese sufismo primitivo que predica la confianza en Dios y la entrega desinteresada.

Al-Aiyaj, que fue condenado como hereje, quiso, basándose en la experiencia mística, armonizar el dogma como la filosofía griega. No faltaban en esas experiencias los medios fisicos: drogas, narcóticos, danza, música para llegar a los estados extáticos.

El sufismo era una manera de satisfacer el anhelo  de religiosidad afectiva del pueblo ante la piedad formalista. El filósofo Algazel reconcilió definitivamente sufismo y ortodoxia. Las comunidades de sufíes, formadas sobre todo a partir del s. XII, costaban de un número de gentes relativamente pequeño que vivían juntas, de limosna, y que estaban en relación con un grupo más amplio de personas que vivían en la sociedad y con la que se reunían para cumplir ciertas prácticas religiosas, bajo la dirección de los maestros. Eran las comunidades de Derviches, de las que algunas perduran aún. Se dividen en numerosas sectas, cada una de las cuales tiene su fundador y su ritual propio.

Aunque Mahoma había prohibido el culto a los santos y quería reservar para Dios la veneración de los discípulos, el ejemplo del cristianismo  y el culto de los árabes por sus antepasados contribuyeron a que tomara cuerpo un verdadero culto por Mahoma y sus compañeros, por Alí y su familia, los mártires del Islam, los grandes místicos, los sufíes, los derviches, etcétera.

Derviche