Archivo de la etiqueta: Friedrich Engels

Cartas sobre el Capital

Cartas sobre el capital

Cartas sobre el Capital – (Marx y Engels)

Marx fue el primer economista de gran categoría que reconoció y enseñó sistemáticamente cómo la teoría económica puede convertirse en análisis histórico y cómo la exposición histórica puede convertirse en historia razonada

(Joseph A. Schumpeter)

A pesar de que el autor sea, por sus opiniones, un socialista cien por cien, y que todo el libro tenga un neto cariz socialista, teniendo en cuenta sin embargo, el hecho de que la exposición no puede ser calificada de accesible a todo el mundo y que posee, además, la forma de una demostración científica de tono estrictamente matemático, la comisión declara que es imposible perseguir esta obra delante de los tribunales…”

(Resumen del veredicto de la Censura Zarista sobre la traducción al ruso del libro I de El Capital. 1872)

Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820-1895) redactaron conjuntamente El Manifiesto Comunista. “Desde que el destino relacionó a K. Marx con F. Engels la obra a la que ambos amigos se consagraron se convirtió en una obra común“, diría Lenin, tras evocar a Engels: “después de su amigo Marx, el más notable sabio y maestro del proletariado contemporáneo de todo el mundo civilizado.”

La correspondencia entre Marx y Engels es ingente: se conservan más de dos mil cartas, escritas en inglés, francés y alemán. En el presente volumen han sido seleccionadas las cartas que permiten interpretar mejor El Capital, de Marx, la obra que estudia las condiciones objetivas de producción de la vida material, y que esta es la base misma de la interpretación de la historia humana. A través de esta correspondencia vemos surgir las intuiciones geniales que permiten una interpretación materialista de la realidad…

Los dos Marxismos

Los dos marxismos

Los dos Marxismos – (Alvin W. Gouldner)

Las contribuciones de Alvin W. Gouldier  –fallecido en plena madurez en 1990–  a la Sociología contemporánea aunaron una vasta erudición con dos enfoques críticos y la imaginación especulativa. Los dos Marxismos  –su último libro–  estudia las contradicciones y anomalías en el desarrollo de la teoría construida por Marx y Friedrich Engels. La contradicción “NUCLEAR” de este pensamiento ha generado dos Subsistemas, vinculados entre si en una unidad de contrarios: El “MARXISMO CIENTIFICO” de raiz estructuralista, cuyos rasgos principales son el determinismo, el evolucionismo gradualista y el materialismo. Y el “MARXISMO CRÍTICO” de corte histórico, caracterizado por el voluntarismo, el catastrofismo revolucionario y la dialéctica.

Al mantenimiento de ambas corrientes contribuyen tanto las tensiones creadas por la sucesión de diferentes enfoques en la copiosa obra de Marx y Engels, como las disonancias causadas por la falta de correspondencia entre las predicciones o expectativas teóricas, y el curso real de los acontecimientos. El capitulo final –“EL MARXISMO DE PESADILLA”– estudia las relaciones entre milenarismo y cientificismo dentro de la obra de Marx y Engels, y analiza la ambivalencia de su pensamiento, respecto al papel desempeñado por la burguesía en la historia de la humanidad.

Como dijimos antes, Marx centra su análisis de la alineación en el proceso del trabajo. La alineación del trabajo consiste según Marx, en lo siguiente: “Primero, que el trabajo es externo al trabajador, que no es parte de la naturaleza; y, por consiguiente, no se realiza en su trabajo, sino que se niega a si mismo, experimenta una sensación de desdicha, no de bienestar; no desarrolla libremente sus energías físicas y mentales, sino que es físicamente agotado y mentalmente disminuido. El trabajador, por tanto, solo se siente a gusto durante su tiempo libre, mientras que en el trabajo se siente a disgusto. Su trabajo no es voluntarioso sino impuesto, es trabajo forzado…

Ludwing Feuerbach y el fin de la filosofía Clásica alemana.

Ludwing Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana.

Ludwing Feuerbach y el fin de la filosofía Clásica alemana – (Federico Engels)

La única religión que Feuerbach investiga seriamente es el cristianismo, la religión universal del Occidente, basada en el monoteísmo.
Feuerbach demuestra que el Dios de los cristianos no es más que el reflejo imaginativo, la imagen refleja del hombre. Pero este Dios es, a su vez, el producto de un largo proceso de abstracción, la quintaesencia concentrada de los muchos dioses tribales y nacionales que existían antes de él. Congruentemente, el hombre, cuya imagen refleja en aquel Dios, no es tampoco un hombre real, sino que es tambien la quintaesencia de muchos hombres reales, el hombre abstracto, y por tanto, una imagen mental también.

Este Feuerbach que predica en cada página el imperio de los sentidos, la sumersión en lo concreto, en la realidad, se convierte, tan pronto como tiene que hablarnos de otras relaciones entre hombres que no sean las simples relaciones sexuales, es un pensador completamente abstracto.

Antonio de Mendoza

Antonio de mendoza

Antonio de Mendoza – (Germán Vázquez)

Las grandes personalidades, ¿hacen historia? o, simplemente, ¿son un mero instrumento de la coyuntura socioecónomica del momento? El dilema, que ha provocado más de un altercado entre las grandes mentes de la histografía, dista mucho de haberse solventado y, en mi opinión, jamás se resolverá. Los partidarios de una historia idealista, grandilocuente e individualista, continuarán pensando, junto con Pascal, que el destino del Universo dependió del bello apéndice nasal de Cleopatra; los historiógrafos materialistas, esos pesados individuos que siempre andan hablando de infraestrucruras, superestructuras y demás zarandajas, repetirán hasta la saciedad la conocida frase de Friedrich Engels: de no haber existido Napoleón, otro hubiera ocupado su lugar.

De lo expuesto se deduce con claridad meridiana que, le agrade o no,  el biógrafo debe tomar una postura tajante y radical: convierte al personaje en un héroe cuasi homérico, desfacedor de entuertos económico-políticos, o cede el protagonismo a la sociedad de la época, recortando el papel estelar del biografiado. Por eso, recordando el famoso dicho, he de advertir al lector que personalmente me decanto por la segunda de las opciones.

Don Antonio de Mendoza, hijo del marqués de Mondejar, diplomático del imperio, comendador de Socuéllamos, ¿habriá pasado a la historia si el emperador no le nombrara virrey de la Nueva España? Evidentemente, la respuesta sólo puede ser negativa. Pero la cuestión no acaba aquí. Aún debemos formular un segundo interrogante: ¿por qué las páginas siguientes están dedicadas a Antonio de Mendoza y no, por citar algún nombre, al marqués de Falces o a cualquier otro virrey, que los hubo en cantidad y calidad? Porque el buen Mendoza fue única y esclusivamente el espejo de una conflictiva y pasional época; el martillo que burócratas y encomenderos, laicos y seglares, manejaron para dar forma a aquella amalgama en fusión que se llamó la Nueva España. Los siento por los partidarios de la historia rinológica; mas en lo tocante a don Antonio, la razón está de parte del politólogo germano. Si, pongo por caso, una orquiopatía hubiera impedido al marqués de Mondejar cumplir con su deber para con la especie, el destino de la Nueva España no habría variado de manera sensible. Tarde o temprano, el poder de la Corona se manifestaría. Véase si no el ejemplo del Perú. Privado durante largos años de un gobernante carismático, el rey, tras prolongadas y sangrientas luchas, logró imponer su autoridad.

El libro que el lector tiene en las manos no es,  pues,  una biografía individual, sino colectiva. De ahí que don Antonio ocupe un lugar menor en la exposición de los acontecimientos. El resultado ha sido una, llamemósla así, Leyenda gris, en donde la tópica división maniquea entre encomenderos malos y clérigos buenos, entre políticos filantrópicos y sanguinarios conquistadores, deja paso o otra dualidad, no por oculta menos real: la oposición entre la sociedad civil y el Estado.

Al analizarse el pasado desde este punto de vista, la visión ideológica de la historia que  -¿por qué será?-  enlaza espiritualmente a la clase política de turno con sus colegas de antaño, desaparece como por ensalmo. En su lugar surge una nueva interpretación: la del poder omnipotente, demagógico y opresor, que juega con los sentimientos de los administradores, sacrificándolos en aras de la celebérrima raioson d´Etat. De un poder, me apresuraré a añadir, que carece de color.

La vida del virrey Mendoza ilustra de manera paradigmática los gélidos mecanismos que mueven al Estado. Por desgracia, esos mismos mecanismos gozan hoy en día de una salud admirable… Y, lamentablemente, continuarán floreciendo si aquellos que pueden denunciarlos callan. Y nada más, salvo dedicar las páginas que siguen a mi compañera. Su paciencia bien lo merece.