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El socialismo y la polemica marxista

El socialismo y la polemica marxista

El socialismo y la polemica marxista – (Alfonso S. Palomares)

La Sal – El Fuego y la Rosa

El presente es un libro perturbador. Sostiene que el pensamiento de Marx ha sido vaciado de sentido y de contenido al ser reducido por algunos devotos a cuatro o cinco “slogans” que se convirtieron en jaculatorias o tatuajes para los “creyentes”; en ocasiones también se utilizan como espadas apuntando al pecho de los “infieles“. Para el autor, Marx tiene una gran validez hoy, no ha muerto, y a partir de un Marx vivo elabora la teoría del “Marxismo Analógico“, un marxismo liberado de dogmas, que responde a las exigencias de hoy. Sin embargo, el verdadero eje del libro no gira alrededor del “marxismo en el socialismo“, sino de los problemas que tiene que afrontar aquí y ahora un partido como el PSOE si quiere elaborar un proyecto socialista que coagule amplios sectores populares y no se deje tragar por remolinos de falsas polémicas.

Fuego

Fuego

 Ya os lo avisé. Os lo avisé hace muchos años y no me quisisteis escuchar. El fuego lo devora todo. Devora a las familias, a las casas más sólidamente construidas, a los hijos, a las madres, a los hombres y mujeres, a los trabajos, a los futuros y a los pasados. El fuego mata los sueños, los días y el presente. Os lo avisé, os lo avisé, y no me quisisteis hacer caso. Nadie se escapa del fuego abrasador…

El Profeta

El profeta

El Profeta (Gibrán Khalil Gibrán)

Una de las obras maestras de la literatura universal es “El Profeta“. En la voz de Almustafá El Profeta se encierra la esencia última del pensamiento poético de Khalil Gibrán, poeta libanés emigrado a Estados Unidos y perseguidor errante de la verdad y la belleza, en cuya personalidad se produce la prodigiosa síntesis del Oriente y el Occidente fertilizados por la sensibilidad de un autor subyugante.

Cada relectura arrojará un nuevo valor, cada imagen evocada adquirirá un nuevo perfil. Siempre hay algo nuevo y sorprendente en las densas y breves páginas en las que se concentra el verbo creador de poeta libanés. Y es ésta la razón por la que “El Profeta” fue desde un primer momento un clásico predestinado a la inmortalidad.

Con esta obra, la editorial pretende rescatar a la luz del público la literatura, con frecuencia maltratada, de Khalil Gibrán.

Hay algo más leve que el pensamiento, y sin embargo más constante y atemporal: El Arte. Hay pensadores inmortales, pero, sin embargo, casi todos los artistas lo son. Pueden pasar las modas y los gustos de una época y de unas gentes, pero la obra de arte, cuando lo es, siempre pervive. Incluso puede carecer de sentido el pensamiento que la cimentatara, pero no el espíritu que le diera vida y forma a la arquitectura.

El galopante discurrir de una generación a otra demuestra, en las postrimerías del siglo XX, la fugacidad de los valores absolutos, de la ética absoluta y de la ciencia absoluta. En plena era del relativismo cultural, Occidente es un Saturno furioso e insaciable. Todo cuanto llega a nuestras manos es inmediatamente consumido y desechado, sin apenas haber tenido tiempo para digerirlo. Cómo es posible, nos preguntamos, que aún sobrevivan en la memoria los clásicos. Qué sin-sentido hay para que las obras, como la que encierra el presente libro, continúen siendo editadas año tras año y, lo que es más importante, continúen siendo leídas generación tras generación. Y es que cada generación se lee a sí misma. En ello, quizá, esté la clave que explique la vigencia del arte, y más concretamente, de una literatura como la de este poeta libanés que,  indudablemente, es hoy uno de los grandes clásicos universales.

Entonces dijo Almitra: háblanos del Amor. 

Y él alzó su cabeza y miró a la multitud; y la quietud cayó sobre el lugar.

Entonces con gran voz dijo:

Cuando el amor os llama, seguidlo, aunque sus caminos sean duros y abruptos. Y cuando sus brazos os envuelvan, entregaos a él, aunque su voz haga añicos vuestros sueños, como el viento del Norte cuando se abate devastador sobre el jardín. Porque, del mismo modo que el amor os ensalza, así ha de crucificaros. Y si os cultiva, es que por él habréis de ser podados. Y tal como yergue sobre vuestro talle vegetal y acaricia las delicadas ramas que titilean trémulas bajo el sol, así también descenderá hacia vuestras raíces y las sacudirá en un abrazo implacable con la tierra.

Como haces de trigo os reunió en su corazón. Él os llevó a la trilla para rescataros desnudos. Él os llevó al tamiz para liberaros de la cáscara que cubre vuestra piel. Él os llevó a moler para haceros puros y blancos. Él os llevó a amasar para que seáis dóciles; Sólo entonces os habrá dispuesto sobre su fuego santo para que podáis amanecer como el pan sagrado a la mesa de Dios Todopoderoso.

Todas estas cosas hará el amor en vosotros para que podáis conocer los secretos que alberga su corazón, y así, con esta certeza, florezcáis como un fragmento en el Pilar de la Vida. Pero si en vuestro miedo anheláis la paz y el placer del amor, mejor sería que cubrieseis vuestra desnudez y os marcharais de su era hacia un mundo sin veranos ni inviernos donde reiréis, si, pero no con toda vuestra risa, y donde lloraréis, también, pero no con todas vuestras lagrimas.

El amor no da más que de sí mismo y no toma de nadie más que de él. El amor ni posee ni puede ser poseído. Porque el amor es suficiente para el amor. Cuando amas no puedes decir: “Dios está en mi corazón“, más bien ha de ser: “Yo estoy en el corazón de Dios“. Y piensa que tampoco puedes dirigir los designios del amor, porque el amor, si te encuentra digno de su favor, será quien dirija tu destino. El amor no desea más que satisfacerse. Pero si amas, necesariamente debes sentir deseos; que éstos sean tus deseos:

El fundirte y ser como la corriente del arroyo que canta sus melodías a la noche. El de saber que duele la mucha hermosura. El de ser herido por comprender la esencia del amor; Y desangrarte libre y alegremente. El de despertar al alba con el corazón aleteando y dar gracias por otro día de amor. El de descansar al mediodía y meditar en el éxtasis del amor. El de volver a casa al atardecer con gratitud; y entonces, dormir con la plegaria en el corazón por el amado y una canción de alabanza prendida de tus labios…