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Obras Selectas

Obras selectas

Obras Selectas – (Hermann Hesse)

DemianSiddhartaEl Lobo Estepario

Así como la novelística rusa asume caracteres de universalidad en el siglo XIX mediante la obra de Turgueniev, Pushkin, Dostoievski y Tolstoi principalmente, destino parecido le estará reservado a la novela alemana. Pero sólo a partir del siglo XX. No es que antes no haya existido una narrativa alemana de contornos vigorosos y originales, y basta señalar al respecto las cuatro novelas escritas por Goethe, pero lo cierto es que el gran público no alemán se enteró de la existencia de un epos escrito en alemán, pero de novelistas nacidos en el último cuarto del siglo anterior, vale decir, de vigencia plenaria en el nuestro.

De este modo, y por razones distintas pero vinculadas entre sí por una impronta artística de jerarquía, ingresó a la consciencia del lector no alemán una nómina de autores encabezados por Thomas Mann y Hermann Hesse, a los que se añadirá en esa misma línea de repercusión universal los nombres de Robert Musil, Alfred Döblin, y, por supuesto, superándolos a todos ellos en resonancia y alcance, la obra narrativa de Franz Kafka. Y un poco más atrás, tampoco pueden silenciarse la difusión de Jakob Wassermann y Franz Werfel.

Crepusculario

Crepusculario

Crepusculario – (Pablo Neruda)

Este originalísimo libro de la adolescencia y juventud de Pablo Neruda, que con él entró de golpe en la gran poesía. Nacido Neruda en Parral (Chile) en 1904, publicó «Crepusculario» en Santiago, en 1923, es decir a los 19 años. Pero él mismo los hace datar de 1919, la cual leva a una edad tan temprana para la madurez y belleza de esos versos que puede considerarse a Neruda como uno de los raros casos de integridad creadora nata.

De allí esa continuidad segura, consciente, en la evolución de su poesía y su pensamiento, ese artesanado firme que le permite realizar el ideal de oficio de Goethe: regir la propia poesía, ser dueño del instrumento expresivo como el ejecutante musical del suyo y hacerlo dar las medidas precisas del «puro producto, alimentos vegetales, celestes o terrestres, poesía…» como Neruda mismo dice…

Werther

Werther

Werther – (Goethe)

Werther es la obra emblemática del Romanticismo europeo y refugio de todos los enamorados sin esperanza. En esta novela epistolar se narran las desventuras, penas, cuitas, sufrimientos y amarguras  –que de todos estos modos se ha vertido al español el título «Die Leiden des jungen Werthers«-  que el joven protagonista padece, hasta el suicidio, por el amor que imposible que siente por Carlota, mujer ya comprometida.

«Es esa criatura  –escribió Goethe juzgando su obra–  que, como pelícano, he alimentado con la sangre de mi corazón. Hay en él cantidad suficiente de vida interior, de mi propio pecho, y hay sentimientos y pensamientos suficientes para llenar una novela de diez tomos.» 

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Los usos del Marxismo

Los usos del marxismo

Los Usos del Marxismo – (Rafael Gomez Perez)

Afirmar que el marxismo que hoy conocemos no es ya el de Marx resulta una banalidad. Ningún pensador puede estar asegurado contra el tiempo, a todo riesgo. Un autor de ficciones —Homero, Dante, Cervantes, Shakespeare, Goethe…– sale siempre mejor parado. Un Filósofo como Marx, que creía haber dado con las claves de toda la Historia pasada, presente (la de su tiempo) y «FUTURA», tenía que entendérselas en seguida con la Historia.

¿Qué era Marx? ¿Qué «aportó»? Para unos, Marx es un Científico que ha descubierto y explicado un Nuevo Continente, el de la Historia. Para otros, una especie de profeta ateo, un «Vidente», cuya VISIÓN aún se cierne sobre el mundo, en espera de realizarse. Para otros, un Economista y Sociólogo, del que se siguen estudiando sus cosas, estando ya otras en el desván de los recuerdos.

Si Marx fuera sólo esto último, no tendríamos hoy necesidad de hablar de «Los Usos del Marxismo». Si fue un Científico de la Historia, el «ÚNICO» criterio válido para juzgarlo, es la misma Historia. Pero que la Historia, no ha «Obedecido» a las Leyes históricas marxistas, no necesita demostración: está ahí, a la vista de todos. Porque sería una Ironía demasiado cruel pensar que la Historia sola, con sus leyes, tenía que conducir al Estado Soviético y a los otros comunismos hoy organizados. Por lo demás, según Marx: ¿No iba a desaparecer el Estado?. ¿No iba a llegar al «Reino de la Libertad»?

¿Marx fue por tanto, un «vidente»?. Para defender esto hay que realizar con Marx, dos operaciones: primera, concederle un crédito que hasta ahora no se ha atribuido a ningún mortal; segunda, poner entre paréntesis lo que sí ha ocurrido desde 1848 (Fecha del Manifiesto Comunista) hasta hoy.

Resulta, por todo esto, más sencillo decir que Marx fue un Filósofo alemán, de la Escuela de Hegel, que supo ver y destacar como nadie lo había hecho antes (con razón o sin ella, eso es otro tema), el aspecto Económico (las «condiciones materiales de la existencia»), que subyace en cualquier actividad humana en Sociedad. El cuerpo teórico de Marx ha sido usado en distintas «salsas», combinado con diversas perspectivas Científicas.

¿Por qué? Aquí los motivos se acumulan, formando una espesa y enredada madeja. Enumero sólo algunos: –por la facilidad con que, en tiempos de des-creimiento religioso, se «Mitifican» la Ciencia y sus reales o presuntos grandes nombres; algo semejante ha ocurrido con Darwin, con Freud, y con Einstein; por el valor de «Conjuro» que, en una época de predominio de la Burguesía (de la que quizá en Occidente, no hayamos salido aún), tiene el nombre de quien presagiaba y anunciaba su inexorable hundimiento, Marx.

Resumo por falta de espacio: por el hecho de que una potencia rusa ya anunciada por Tocqueville, a mediados del siglo XIX, haya resultado, gracias a la Revolución de Octubre (de signo marxista)

Por el hecho de que Marx, en una época en la que dominaba en los ambientes científicos un materialismo «vulgar» (el adjetivo es de Marx), lo sublimase con los grandes calificativos de «Histórico» y «Dialéctico».

Y por muchas otras cosas más. Otro ejemplo, o motivo que explica esto desde el siglo XIX, hasta nuestros dias, es que Marx ha sido combinado con muchos pensadores Filosóficos anteriores a él (Kant), o posteriores (Heidegger). Ha sido combinado con el Psicoanálisis, y con nombres como Marcuse, Reich, Fromm, La lista sería interminable. Marx con la hermeneuta principal del Arte (Lukacs, Hauser, Goldmann); Marx como inspirador de un nuevo método histórico; Marx como pionero de la Antropología (Levi-Straus, Harris)…etc

Si tiene sentido histórico claro, que se use a Marx para combinarlo con lo que ha venido después, mas extraño seria combinarlo con algo que surgió muchos siglos antes. Me refiero al Cristianismo. Aquí entramos en otra dimensión, y, sumamente interesante y profunda, donde el escenario es el planeta entero, donde existe el cristianismo y donde no existe, desde China a África, pasando por los países musulmanes, Latino-américa con sus curas revolucionarios etc….todo tiene la impronta de Marx…es largo de explicar, pero muy claro de entender….

La Cabezas Trocadas

Las cabezas trocadas

Las Cabezas Trocadas – (Thomas Mann)

En Las Cabezas Trocadas, narración alegórica ambientada en Oriente, late, como en el resto de la obra de Thomas Mann, un trasfondo filosófico. Formado en el pensamiento de Nietzsche, Schopenhauer y Ricardo Wagner, y gran admirador de Goethe. Thomas Mann nació en Lübeck en 1875. Publicó Los Budden-brooks en 1901. Tonio Kroger y Tristán en 1903. La Muerte en Venecia en 1913. La Montaña Mágica en 1924 y Doktor Faustus y la Filosofía de Nietzsche en 1947. Exiliado de la Alemania nazi, residente en Estados Unidos, desde 1938 y naturalizado americano, pasó a residir en Suiza en 1949. Recibió el Premio Nobel el año 1929.

Quien conozca y guste la obra de Thomas Mann y se encuentre familiarizado con su peculiar manera de ordenar la intuición poética bajo las exigencias de una labor concienzuda y paciente, en encajar la gracia espontánea del espíritu en la precisión comprobada del detalle, advertirá sin duda en esta «leyenda india» que ahora nos ofrece algo de juguetona escapatoria al campo de la libre fantasía, del humor y de una creación más suelta. No es que falte bajo ella el andamiaje de una preparación cuidadosa, que todo escritor ducho en su técnica presta a cualquiera de sus producciones; tampoco es que este libro pueda pasar por un capricho literario sin precedentes en las anteriores obras de Mann: al contrario, resultan más que evidentes sus conexiones de inspiración y de estilo con muchas de ellas y, sobre todo, la profundidad de su intención simbolizadora y expresiva debe referirse al nervio mismo dl pensamiento del autor. Pero, con todo, aparece indiscutible este resultado; que, siendo como es un escrito lleno de meditación y alcance, el cuerpo tenso y ágil de la fábula rebasa con su gracia cualquier otro elemento y deja en el lector la alegre impresión de lo fácil. Si no se conforma con detenerse en su divertida superficie apreciará pronto, no obstante, cuánta dificultad, qué dolorido esfuerzo del alma oculta en el fondo…

Pio Baroja y su tiempo

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Pío Baroja y su tiempo – (Sebastián Juan Arbó)

«Lejos de mí daros la razón; mientras yo viva no dejaré que me arranquen mi inocencia. Mantendré con fuerza mi justicia y no la negaré«

(Job – 27: 5, 6)

En sus conversaciones con Goethe, refiere Ekermann una frase del pota a propósito de un crítico alemán de su época, frase que me pareció siempre admirable. Tal vez resulte un poco exagerada para los tiempos que corren; a mi juicio, encierra una lección profunda, a la vez que nos revela la amplia libertad de espíritu de aquel hombre excepcional.

La conversación versaba aquél día sobre un libro de crítica, del que era autor Schlegel, libro que acababa de aparecer. Sabida es la escasa consideración que, en general, le merecían a Goethe los críticos, y la más escasa que le inspiraba Schlegel en particular.

A propósito del libro, se habló de diversos autores clásicos comentados en él y la conversación recayó al fin en los trágicos griegos. Goethe expuso sus dudas, no sin ironía, sobre la autoridad de Schlegel ante aquellas grandes figuras y sobre los títulos que pudiera tener para ocuparse de ellos, y sobre todo, criticarlos.

Goethe se detuvo en Eurípides, a quien el crítico dedicaba sus más fuertes censuras comparándolo con Esquilo, proclamado por Schlegel como el mejor. «No quiero con esto  –dice Goethe–  dar a entender que Eurípides carezca de defectos; pero, en todo caso, fue un digno competidor de Sófocles y de Esquilo. Un poeta como él, de quien Sócrates se llamaba amigo, a quien alababa Aristóteles y admiraba Menandro; un poeta por cuya muerte se vistieron de luto Sófocles y la ciudad de Atenas, algo debía de representar. Y cuando un hombre moderno, por más que se llame Schlegel, se atreve a señalarles faltas, debiera por lo menos hacerlo de rodillas.«

 

Johann Wolfgang von Goethe

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Goethe, poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán.

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La poesía de Goethe expresa una nueva concepción de las relaciones de la humanidad con la naturaleza, la historia y la sociedad; sus dramas y sus novelas reflejan un profundo conocimiento de la individualidad humana y del mundo.

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La importancia de la obra de Goethe puede ser juzgada por la influencia que sus escritos críticos, su vasta correspondencia, su poesía, sus dramas y sus novelas ejercieron sobre los escritos de su época, y sobre las puertas de los movimientos literarios que él abrió e inauguró y de los que fue la figura principal.

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Cuando Goethe escribió su célebre Fausto, (Fausto es un personaje de ficción, protagonista de varias obras literarias y musicales, inspirado en un mago que se supone que vivió entre el siglo XV y el siglo XVI, y proclamaba que había vendido su alma al diablo para obtener sabiduría) El rumbo que tomo Goethe al escribir su obra Fáustica problablemente la más influyente de todas, y obra cumbre de la literatura universal. (La primera parte de este poema dramático se conoció en 1808; la segunda se publicó  póstumamente en 1832), fue el hecho de acariciar temas como la juventud eterna, la libertad, la salvación, las relaciones del bien y el mal, la moral, y los limites de la naturaleza humana. 

Goethe

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Johann Wolfgang von Goethe (Fráncfort del Meno, 28 de agosto de 1749 – Weimar, 22 de marzo de 1832) novelista, dramaturgo, poeta, científico, geólogo, botánico, anatomista, físico, historiador de ciencias, pintor, arquitecto, diseñador, economista, filósofo humanista y, durante diez años, funcionario del Estado alemán de Weimar.

 –Contra la estupidez, hasta los dioses luchan en vano–

–Trata a un hombre tal como es, y seguirá siendo lo que es; trátalo como puede y debe ser, y se convertirá en lo que puede y debe ser–

–Lo que no comprendemos no lo poseemos–