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Juventud sin Futuro

Juventud sin futuro

Juventud sin Futuro

El 7 de Abril una marcha de jóvenes sin futuro recorría el centro de Madrid politizando sus condiciones de vida: decían que la precariedad, la deficiente representación política, los recortes sociales o las expectativas vitales bloqueadas no tenían nada de natural, sino que eran el resultado de un sometimiento de la política democrática al poder económico.

Una innovadora iniciativa política de una generación que, enterrada como “perdida” por las élites políticas y económicas, supo pintarse de amarillo para que nadie pudiese pretender no verla.

Este movimiento, convocante, conjuntamente con Democracia Real Ya, de las marchas del 15 de Mayo, es también parte activa en el movimiento de acampadas ciudadanas autoorganizadas que han inundado de reivindicaciones y propuestas las plazas de las principales ciudades.

La Juventud toma la Palabra.

Juventud sin Futuro es una iniciativa que nace de colectivos estudiantiles, que siguiendo el ejemplo de las luchas encabezadas por la juventud en Europa y el Mundo Árabe, se plantea ayudar a romper la apatía social ante la crisis y sus reformas, podíamos estar en paro, pero no seguir parados. “Sin Futuro” nos permite plantear: 

¿Quién nos ha robado el futuro? señalando a los culpables de la crisis. Y “Sin Miedo” expresa la acción colectiva y el derecho a disentir, la propuesta de recuperar nuestro futuro porque no tenemos miedo…

Un tranvía en SP

Un tranvia en sp

Un tranvía en SP – (Unai Elorriaga)

Cuando Lucas era joven, su amigo Tomás conducía un tranvía y su hermano Ángel poseía una carpintería que siempre tenía las puertas abiertas. Después de hacerle un hermoso bastón, su hermano Ángel murió, y también Tomás y todos sus amigos. Ahora ya no quedan tranvías ni carpinterías con las puertas abiertas, pero Lucas le quedan los sueños, los recuerdos, y las fotos de las montañas más altas del mundo…

Lucas sueña con ocho miles. Hay catorce en todo el mundo, catorce montañas de más de ocho mil metros, con nombres que llenan la boca al decirlos: El Anapurna, el Nanga Parbat, el Mansalu o el Sisha Pangma. A Lucas le gusta sobre todo el Sisha Pangma. Quizá lo subiría, tal vez, si Rosa estuviera todavía aquí, si pudiera subirse con ella al tranvía y observar su perfil y poner la mano en su falda o su rodilla. Quizá si su amigo Tomás condujera el tranvía y los llevara a la cima.

Pero como Rosa ya no está, ni Tomás, ni su hermano Ángel ni todos los demás, Lucas se conforma con fotos de ocho miles, como la que le compra su hermana María cuando va a buscarlo al Hospital. María le dice que le dará la revista cuando lleguen a casa, sólo entonces…

En casa está Marcos, un chico que toca la guitarra en las esquinas y lee demasiado. Que no quiere molestarles, que creía que la casa estaba vacía, que ya se marcha. Pero a Lucas y a María no les importa: le dicen que se quede en la habitación de Ángel, que hace mucho que está vacía. Y Marcos se queda, y vive con Lucas sus últimos días, sus sueños de subir a las montañas que sólo ha visto en fotos, sus monólogos con la polilla Don Rodrigo, sus conversaciones con los amigos que ya no están pero que tienen todavía 20 años, sus besos con Rosa que hace 17 años que tampoco está pero como si estuviera, porque sólo con Rosa valía la pena hacer las cosas, como subir al Sisha Pangma. En tranvía…

Como hacer lo que quieras

Como hacer lo que quieras

Como hacer lo que quieras y que tus viejos estén contentos – (Maria Pino)

Cada generación tiene su consigna; la de tus padres quizá fuera aquel “Haz el amor, no la guerra” que tanta responsabilidad tuvo en la explosión demográfica, pero ¿cuál es la tuya?

Hela aquí, expresada en términos matemáticos: Libertad + Comodidad = Cómo hacer lo que quieras… y que tus vecinos estén contentos…

A ti no te apetece perder el plato calentito de lentejas, ¿verdad?; te enloquece el olor a lavanda de las sábanas limpias, ¿verdad?; te gusta encontrar tu ropa planchadita y ordenada siempre que acudes a tu armario ¿verdad?

Los jóvenes de hoy son mucho más sensatos… y astutos que los de otras épocas, porque además de no renunciar al bienestar del hogar-nido paterno desean independencia para:

–No perderse un maratón bakalaero.

–Pasar la noche fuera de casa.

–Disponer de su dinero.

–Raparse el cráneo a la moda.

Y con un poquito de picardía, logran que los padres suelten la guita y les compren una moto.

¿Cómo pueden hacerse compatibles los términos de la fórmula Libertad + Comodidad? ¡Ah!, para hallar la respuesta tendrás que esforzarte en leer este libro, fruto de la misma pugna insigne que ha ayudado a miles de jóvenes a montárselo por todo el morro…