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Memento mori

Memento mori

Memento mori – (Antonio  Rabinad)

Escrita entre 1976 y 1980 podría considerarse, entre muchas cosas, como el canto del cisne de lo que Gonzalo Sobejano llamó en su día la novela estructural: en la órbita de Luis Martín SantosJuan Goytisolo y Juan Marsé, su autor, injustamente olvidado por la historia oficial de nuestra literatura durante muchos años, no sólo lleva sus postulados hasta el límite, a través de una escritura obsesiva y minuciosa, sino que además los reconvierte en otra cosa, algo así como el acta de defunción de lo que una vez fue una narrativa arriesgada y experimental, pero también directa, torrencial y tumultuosa.

Al final siempre volvemos a los romanos. Eso dice el náufrago mientras mira a lo lejos, a un tiempo que se me escapa. Memento mori. Cuando un general triunfaba en una batalla era preceptivo que desfilara por las calles de Roma para recibir los vítores del pueblo, pero cuenta la leyenda que durante el trayecto un esclavo le recordaba, para que el éxito no se le subiera a la cabeza, la fugacidad de la vida y que, al fin y al cabo, somos una gota de agua en el océano. No olvides que eres mortal, le repetía machaconamente, memento mori.

Antonio Rabinad empezó a escribir esta novela en 1976. Tenía 49 años y serias dificultades para sacar adelante a su familia por culpa, según él, de un “pequeño canalla” que le había dejado en el paro. A ese individuo hay que agradecerle que fuera, aunque indirectamente, responsable de la gestación del que algunos consideran el mejor libro sobre la guerra y la posguerra en Barcelona.

El náufrago recuerda a sus “pequeños canallas” particulares, gente que intentó joderle la vida –en vano, aunque sí consiguieron que durmiera mal algunas noches– con la coartada de un trabajo que agitaban sobre su cabeza como una espada de Damocles. Qué habrá sido de ellos, se pregunta. Se creían brillantes, importantes, atractivos y, sobre todo, poderosos, y tal vez lo fueran, pero ante todo eran mortales (aunque eso ningún sirviente se hubiera atrevido a recordárselo). Me habla de un sádico que disfrutaba al despedir a la gente, que paladeada cada uno de los segundos que duraba la perorata, siempre la misma, que dirigía a sus víctimas, futuros parados, y de varios inútiles que llegaron a directores gracias a la táctica, letal para sus empresas, de rodearse de tipos todavía más inútiles que ellos. Y se detiene en un cuarteto que llama, con sorna, “el equipo médico habitual”, que cambiaba en bloque de puesto de trabajo en función de cómo soplara el viento de sus influencias (ahora se dice “contactos”) e intereses. El modus operandi del grupo partía siempre de la preterición de los trabajadores que ya estaban ahí antes de que ellos llegaran. Que fueran eficaces o no era lo de menos. No se enfrentaban a ellos, ni siquiera les dirigían la palabra; simplemente los enfocaban como a través de una mirilla al tiempo que contrataban a otros, muchas veces jóvenes y necesitados, siempre maleables y sumisos, que hacían el trabajo sucio de disparar con la ingenuidad (y la estulticia) de quien cree a pie juntillas que ha descubierto la pólvora. Todos somos mortales, repite el náufrago.

La Noche Bífida

La noche bifida

La Noche Bífida – (Francisco J. Satué)

Un niño que sufrió los abusos de su padre, que no pudo comulgar con el franquismo de sus progenitores y acabó siendo fotógrafo de guerra, ese hombre que ha visto y sufrido tanta miseria, no ha olvidado su sueño: cazar un dragón al que abatir y a una princesa a la que rescatar, es decir, un objetivo en su vida. Noche escindida, pues, bífida como la lengua de un reptil, entre la vida y la muerte, entre el niño y el hombre, en un relato a la vez contenido y arrebatado, rabioso y lírico, como el que espera un huracán.

Un independiente puede seguir su propio camino, pero no piensa que el suyo sea el único ni afirma nunca que sea el mejor, salvo quizá para sí mismo. Y no penséis que este bohemio impenitente que os habla os va a decir que es libre. Se trata tan sólo de que algunas de las necesidades a que estoy sometido difiere de las vuestras. Como director, por ejemplo, me financio con trabajos interpretativos. Utilizo mi trabajo para sufragar mi trabajo. En otras palabras, estoy loco. Pero no lo bastante loco para fingirme libre. Es un hecho, no obstante, que muchas de las películas que habéis visto esta noche no se habrían podido hacer de otro modo. Aunque si se hubieran hecho de otro modo… Bueno, quizá hubieran salido mejor. Pero la verdad es que entonces no habrían sido mías.

(Orson Welles)

Durante toda la noche anterior me acordaba de que tu padre me contó en cierta ocasión que los marineros se niegan a aprender a nadar porque así, en caso de naufragio, se ahogan enseguida y no tienen tiempo de sufrir.”

(Rafael Chirbes)

Desaparecen de tu cuerpo todas las sensaciones, excepto el hambre. ¿Qué ha pasado?

(Juan Marsé)

Todo es creer o no creer. Esa transformación mía se cumplió en un instante. Creí en lo increíble, que es la más antigua religión.

(Francisco Nieva)

Útimas tardes con Teresa

Ultimas tardes con teresa

Útimas tardes con Teresa – (Juan Marsé)

Ambientada en una Barcelona de claroscuros y contrastes. Últimas tardes con Teresa narra los amores de Pijoaparte, típico exponente de las clases bajas marginadas cuya mayor aspiración es alcanzar prestigio social, y Teresa una bella muchacha rubia, estudiante e hija de la alta burguesía catalana. Los personajes de esta novela a la vez romántica y sarcástica pertenecen ya, por derecho propio, a la galería de retratos que configuran toda una época. Hito de la literatura española contemporánea obra consolidó internacionalmente el nombre del autor.

La obra comienza en una verbena de Sanjuán donde se conocen el Pijoaparte (chico de clase baja) y la criada de Teresa (una burguesa), Maruja. Maruja y el viven un romance un día del verano siguiente Maruja cae al suelo y se da una golpe en la cabeza, a causa del golpe entra en una profundo coma del cual no volverá despertar. Durante el tiempo que Maruja permanece en el hospital, Teresa y el Pijoaparte se enamoran y comienzan a salir juntos, una vez que Maruja fallece Teresa es obligada a volver a la Villa de veraneo junto a sus padres y pierde el contacto con el Pijoparte que al enterarse que esta en la Villa decide ir a verla, roba una moto para ir y en el trayecto es detenido por la Guardia Civil y llevado a comisaría donde se descubre que había sido denunciado por una amiga suya. Al final él pasa dos años en la cárcel y al salir se entera de que Teresa ya le ha olvidado.

Donde la Ciudad cambia su nombre

Donde la ciudad cambia su nombre

Donde la Ciudad cambia su nombre – (Francisco Candel)

Las Casas Baratas de Port tuvieron suerte. Han desaparecido tras casi 70 años de vida, pero contaron con un vecino de excepción, Francisco Candel, que supo explicar como era el paisaje, ahora roto seguramente porque era preciso romperlo, como eran unas gentes y sus formas de vida.

Hay descripciones impensables para conocer un mundo que está ahí, en los recuerdos de un ayer que es el de muchos: el despacho parroquial con el cura idealista, el médico que visita gratuitamente, el cine de barrio que constituye la principal distracción, los gitanos que no trabajan, los apodos que sustituyen a los nombres…

Donde la ciudad cambia su nombre es una de las grandes novelas de Barcelona. Pocas veces forma y fondo estan tan bien ensambladas. Además, la burguesía no es la eterna protagonista.

Decía una vez Manuel de Pedrolo que la inmigración había dado, curiosamente o no, pocas novelas importantes. Que la geografía suburbial era rara vez el trasfondo de una historia. Lo decía cuando presentaba él una que respondía a esa características, Si són roses, floriran. Y él valoraba como excepciones Donde la ciudad cambia su nombre y Tardes con Teresa de Juan Marsé.

Ahora que las Casas Baratas de Port entran en la historia, es un buen momento para leer donde la ciudad… Un trozo de vida que, seguramente, sin Francisco Candel no hubiésemos conocido o no la hubiéramos conocido tan bien.

¡Castigados sin tele!

Castigados sin tele

¡Castigados sin tele! Cuentos para que no veas la televisión.

Cuentos de Andreu Buenafuente, Javier Calvo, Mercedes Cebrián, Eloy Fernández Porta, Rodrigo Fresán, Julio Llamazares, Juan Marsé, Juan José Millás, Quim Monzó, Manuel Rivas, Germán Sierra, Naief Yehya, Manuel Vázquez Montalbán. Prólogo de Juan Cruz

Monólogos – Risas enlatadas – Tempus fugit – La página pantalla: introducción a la estética avant-pop – Pruebas irrefutables de vida inteligente en otros planetas – Viajes a la Luna – El caso del escritor desleído – El sentido de la vida – Thomson, Braun, Corberó, Philipshave… -La luz de la Yoko – Por culpa de la televisión – Mamis malas – Televisión basura.

El Fin del Milenio

El fin del milenio

El Fin del Milenio

El Fin del Milenio agrupa cinco narraciones de otros tantos escritores españoles contemporáneos del máximo prestigio. Desde Juan Eslava Galán a Javier Tomeo, por riguroso orden alfabético, reunimos en este volumen colectivo los frutos de la imaginación más originales y sorprendentes de cinco novelistas de primer orden.

Juan Eslava Galán cuenta un inexplicable suceso en el que se mezclan el erotismo y el misterio.

Juan Marsé aborda también, con su peculiarísimo estilo, un tema erótico que tiene un extraño desenlace.

Albaro Pombo nos introduce en “El Pésame” en uno de sus característicos ambientes en los que lo real y lo imaginario, lo vivido y lo recordado se confunden dolorosamente ante el lector.

Una breve estancia en Túnez da pie a Soledad Puértolas a urdir una de sus sutiles intrigas en las que los hechos anodinos transparentan sutiles reacciones de los personajes.

Javier Tomeo, en “El Artefacto“, plantea una intriga de carácter Kafkiano con un intenso componente de amargo humor y de fantasía.

Cinco extraordinarios narradores que figuran en la vanguardia de la literatura española actual…