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Crónicas prohibidas

Crónicas prohibidas – (Pedro Monzón)

El libro que tiene delante ha sido precedido por una campaña detractora y en otros tiempos habría terminado en la hoguera antes de ver la luz.

Se ha dicho que era un libro cruel, mordaz, despiadado, cuando en realidad sólo es un juego literario, divertido, metafórico, festivo, tal vez punzante e hiriente en algunos pasajes, pero con heridas superficiales de pronóstico menos grave.

Se trata de 79 retratos con figura, de 79 caricaturas literarias de nuestro entorno, de nuestro “ahora mismo” albacetense. Son 79 semblanzas de personajes que bajo el prisma del autor tratan de reflejar la verdad y el camelo de una etapa de nuestra provinciana historia. Tal vez lo más sobresaliente del libro sea su estilo fluido, ese buscar símiles, esa intuición presta a poner ejemplos siempre clarificadores de lo que el autor quiere expresar.

El libro “se encuentra a caballo entre el barroquismo decadente, el realismo social y la clandestinidad“, y nace o parece ser que fue creado para divertir y hacer pensar por partes iguales. Don José S. Serna que se disculpó y que prefirió “guardar la ropa“, cuando se le encargó la confección del prólogo, habla de este libro como de algo prohibido y pone el ejemplo comparativo de los toros en puntas y los trapecistas sin red. 

El muerto indiscreto

El muerto indiscreto – (Rubén Correa)

Emilio Dargas, un periodista cuarentón y casi acabado, se tropieza en un restaurante de Buenos Aires con Luis Kunny, uno de los artífices del ascenso del presidente Saul Jalil. Pero todos saben que Luis Kunny murió dos años antes, y no dudan en atribuir tan singular encuentro al compulsivo romance de Dargas con el alcohol.

En busca de su verdad, el periodista se adentrará en la trastienda del poder político, sin advertir que es utilizado en una desesperada venganza: blanco involuntario en el fuego cruzado de una guerra secreta, se verá enredado en una lucha de fuerzas tan dispares que no será fácil predecir el desenlace.

Metáfora de la lógica sinuosa que ha regido la política argentina en las últimas décadas, “El muerto indiscreto” es también una parábola sobre las siempre difíciles relaciones entre periodismo y poder. “Un relato del proceso de progresiva corrupción, tanto del personaje, como del régimen político que le sustenta y promociona“.

Juan Luis Vives

J. Luis Vives – (Antología) – (José Corts Grau)

La verdadera sabiduría estriba en juzgar sanamente las cosas, de modo que estimemos cada una de ellas tal cual es en sí, y no vayamos tras las viles, como si fueran preciosas, o desechemos las preciosas como viles, ni vituperemos las laudables ni alabemos las vituperables

(Juan Luis Vives)

Jerónimo Feijoo

P. Jerónimo Feijóo – (Antología) – (J. de Entrambasaguas)

Extensa y multiforme la obra de Feijóo, presenta, aparte de su creación literaria, dos aspectos esenciales, discernidos con especial cuidado para esta Antología, que aspira a reflejar la ideología del polígrafo gallego: uno, sus estudios sobre el saber de su tiempo, bien científicos o de otra especie, técnicamente superados, que sólo interesan desde el punto de vista histórico; otro, sus opiniones personales sobre temas pervivientes que no han perdido su vitalidad, como reflejo de una época en relación con el pensamiento español. Este último aspecto es el que forma, casi íntegramente, la presente selección una vez deslindado el resto, separándolo escrupulosamente de cuanto le rodea sin unión con ello, tras demoradas lecturas y confrontaciones. Finalmente, los textos reproducidos  —sin más modificación que transcribirlos con la ortografía y puntuación modernas—  siguen fielmente las mejores ediciones de la obra de Feijóo.

Jerónimo Feijoo II

P. Jerónimo Feijoo – (Antología) – (J. de Entrambasaguas)

No puedo menos de improbar la conducta de aquellos escolásticos que, al ver que algún presidente de disputa pública a la autoridad de algún Santo, que se le objeta como argumento, no da interpretación alguna, ni otra respuesta que el que no se conforma con su dicho, se exacerban furiosamente, como si oyesen negar algún artículo de Fe.

Jerónimo Feijoo III

P. Jerónimo Feijoo III – (Antología) – (J. de Entrambasaguas)

Los ignorantes, por ser muchos, no dejan de ser ignorantes: ¿Qué acierto, se puede esperar, de sus resoluciones? Antes es de creer que la multitud añadirá estorbos a la verdad, creciendo los sufragios del error.

Siempre alcanzará más un discreto solo, que una gran turba de necios; como verá mejor al sol un águila sola, que un ejército de lechuzas.

El vulgo, el juez inícuo del mérito de los sujetos, suele dar autoridad contra el sí propio de los hombres literatos, y constituyéndolos en crédito hace su engaño poderoso. Las tinieblas de la popular rudeza cambian el tenue resplandor de cualquiera pequeña luz en lucidísima antorcha; así como la linterna colocada sobre la torre del faro, dice Plinio, que parecía desde lejos una estrella a los que navegaban de noche en el mar de Alejandría.

Don Juan Valera

Don Juan Valera – (Antología) – (Emiliano Aguado)

Bien acostumbrados estamos a no sentir la belleza de un paisaje que se nos describe como el más encantador del mundo ni a encontrar por ninguna parte la bondad, la perspicacia, o la perversidad de unos personajes que se nos presentan como los más buenos, perspicaces o perversos de los hombres. Y este hecho, que está al alcance de cualquier fortuna, puede explicarse de maneras bien distintas, aunque no brote más que de esa mirífica disonancia en que viven los que no han conseguido acomodar sus medios de expresión a los sentimientos que el mundo y el paso de la vida van dejando en su alma.

Vázquez de Mella

Vázquez de Mella  – (Antología)

Este no es un Mella partidista. Y no sólo porque él no lo fué, sino porque no conoció partidismo jamás. Los grandes hombres de España, vistos a través del prisma y su terrenal estilo, no son sólo grandes, sino que todos ellos siguen el camino recto y seguro del servicio patriótico. Si pudieron parecer en otro tiempo de derechas o de izquierdas, se debió a un prejuicio falsamente planteado. Si se encuadraron en partidos, no arrancó tanto de la lógica de sus opiniones como de la coacción de las circunstancias y del ambiente.