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La Princesa Manca

La princesa manca

La Princesa Manca – (Gustavo Martín Garzo)

Hace muchos años…” Así, con emotiva nitidez, igual que si ahora fuese por vez primera, alguien rompe el silencio que va a crear. Ya estamos atrapados en las redes de esa voz persuasiva, pues enseguida sospechamos que acabará contándonos una e incluso mil historias maravillosas, tal como las de antes, cuando las aventuras tenían la rectitud dudosa de un sueño, al tiempo que los sueños buscaban, a través de senderos pantanosos, toparse de repente con la visión serena de la bondad.

Lo que el narrador dice que los personajes no dicen, es que hay una comarca donde se callan para que allí lo natural sea el prodigio, esa felicidad que ignora el antes y el después. Por eso, a cada anochecer; en ese terreno movedizo del ir contando lo que todos perseguimos en sueños, alguien nos lleva, como en la época de Andersen, al encuentro con lo adorable.

Para los muchos que, al leer el Lenguaje de las Fuentes, reconocieron en Gustavo Martín Garzo a un novelista con mundo propio, será motivo renovado de satisfacción descubrir en las páginas de La Princesa Manca que aquel mundo ocultaba otros mundos. Puede el nuevo lector; en cambio, saber que nunca hubo mejor principio: “Hace muchos años…

¿Quién no ha deseado alguna vez encontrar un regalo hermoso en la espesura del bosque?, ¿quién no se ha enamorado nunca de un ser insólito, sin saber cómo y por qué?, ¿quién no se ha soñado príncipe o princesa en un día de invierno? Heredera feliz de las antiguas leyendas, La Princesa Manca nos cuenta la historia de Esteban, un muchacho solitario que vive en comunión con la naturaleza y disfruta sin más de sus prodigios; quizá por eso no le asusta encontrar un día un cofre misterioso que esconde la mano viva de una muchacha. Desde entonces, la mano le acompañará en todas sus peripecias y en los encuentros con hombres, mujeres y animales que han venido del mundo de las fábulas para aliviar el dolor de los humanos y devolvernos el placer de mirar la vida con ojos limpios.

Creo que el adulto tiene que tratar de ser fiel al niño que fue. En los ojos de ese niño pervive la capacidad de asombro y el amor a todo lo que es pequeño, dulce y hospitalario

(Gustavo Martín Garzo)