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Los amigos del viento

Los amigos del viento

Los amigos del viento – (Josep Vallverdú)

Josep Vallverdú (Lleida, 1923) fue, de niño, un estudiante aplicado y un lector infatigable, amante de las novelas de acción. Y él mismo escribía cuentos y los ilustraba. Todavía hoy dibuja, trabaja la cerámica y hace esculturas y, con el tiempo, se ha convertido, seguramente, en el escritor más prolífico para chicos y chicas en lengua catalana. Sus novelas son vivas, rápidas y vigorosas, y situadas casi siempre en el campo o en la montaña, lejos de la ciudad donde  —según dice—  hay demasiada gente, demasiado humo y cemento.

Josep Vallverdú ha sido ganador de los premios “Joaquim Ruyra” y “Folch i Torres“, éste por dos veces. Además de novelas escribe cuentos y artículos de todo tipo. Es autor también de obras de teatro, libros para la escuela, una buena serie de libros de viajes, monografías comarcales… i, aún, de poesía, además de haber visto publicadas, hasta el momento, más de cincuenta traducciones. Vive en el campo, entre plantas, perros y gatos.

En Los amigos del viento la acción se sitúa en la Catalunya ocupada por los soldados de Napoleón. Los hermanos Quel y Antonia, héroes de la novela, se hallan en peligro: los invasores franceses quieren capturar a su padre y, para que se entregue, intentan apoderarse de los dos chicos. Odila, una extraordinaria mujer rosellonesa que odia al emperador, les ayudará a huir… por los aires!

Napoleón

Napoleon

Napoleón – (André Maurois)

Pocas figuras históricas han despertado tanto interés como la figura de Napoleón Bonaparte. De él pueden hacerse los mayores elogios y las más duras críticas. La trayectoria de aquel pequeño soldado corso, que llegó a convertirse en el hombre más poderoso de su tiempo y a tener en sus manos el destino de Europa, ha dado pie a un fragmento del libro de la historia, de lectura inexcusable.

André Maurois, que debe buena parte de su justo prestigio como escritor a su capacidad para iluminar las sombras del pasado, ha escrito sobre Napoleón las que tal vez sean sus páginas más sugerentes. De ellas emerge el perfil biográfico, humano, político y militar del emperador, sobre trasfondo de una época verdaderamente apasionante.

San Pedro y sus Sucesores

San Pedro y sus sucesores

San Pedro y sus Sucesores – (Maurus Schellhorn Osb) – Historia

La máxima Capital de todos los Historiadores reza así:

A mi sincero modo de ver, los acontecimientos deben presentarse tal como en realidad han ocurrido…

Muchos lectores podrán censurar el hecho de que no hagamos alusión del Espíritu Divino que anima a la Iglesia y al Papado. Nada de eso es este libro. Nada más ni nada menos, es un documento histórico.

En la Historia de los Papas, juegan un destacado papel las correspondientes tendencias políticas y espirituales de la época, que justifican en gran medida no pocas las decisiones que tuvieron que tomar los vicarios de Cristo. Resulta, pues, imprescindible una exposición de los acontecimientos espirituales-ideológicos más sobresalientes de cada época, para la comprensión de la actividad de los distintos Papas.

Este libro es, en suma, para decirlo con frase orteguiana, una Historia de los Papas y su circunstancia.

Cuando nos remontamos a los más oscuros principios de la Historia del mundo, encontramos una serie de grandes y poderosos reinos, tales como el de los Asirios, el de los Babilonios, el de los Egipcios, y más tarde el reino de Persia que conquistó Alejandro Magno y que sumó a sus anteriores conquistas para formar un nuevo y gigantesco imperio. Luego nació el imperio romano que fue extendiéndose hasta convertirse en dueño y señor de gran parte del Oriente y del Occidente. Y así fueron apareciendo las tribus Eslavas, Germanas, los Otomanos, los Carolingios, los Otones y los Hohenstaufen, y así por medio de los siglos llegamos a Napoleón, los Habsburgo y los Hohenszollern.

Pero han desaparecido ya los poderosos reinos de la antigüedad, que fueron desmoronándose y dividiéndose en diversas fracciones, muchas de las cuales en la época actual se han convertido en repúblicas. Incluso los monarcas que todavía parecen reinar sobre sus pueblos disfrutan de un poder igual al presidente de cualquier pequeña república. Sin embargo existe un reino –cuya esencia es ciertamente de naturaleza espiritual– que ha perdurado ininterrumpidamente en el curso de 20 siglos, a pesar de todas las persecuciones y de todos los peligros tanto internos como externos…: La Iglesia, que su fundador la definió como: “Mi Reino no es de este Mundo

El Ocho

El ocho

El Ocho – (Katherine Neville)

Catherine Velis, una alta ejecutiva experta en ordenadores, se ve atrapada sin quererlo en la búsqueda de un legendario ajedrez que perteneció a Carlomagno. El campeón soviético de este juego, de gira por Nueva York, le advierte que corre un grave riesgo si se empeña en encontrar las piezas, pues en ellas reside la clave de una antigua fórmula ligada a la Alquimia, la Masonería y los poderes cósmicos. Ese mágico ajedrez, enterrado durante mil años en una abadía francesa, nos conducirá  -de 1790 a 1970-  por la historia de los personajes que poseyeron sus piezas y por la larga serie de crímenes que se cometieron para hacerse con ellas. Los personajes van desde Napoleón, Robespierre y Casanova, hasta Voltaire, Newton o Catalina la Grande. Pero los crímenes todavía no han terminado…

Manuel Godoy

Manuel Godoy

Manuel Godoy – La aventura del Poder – (Emilio la Parra)

Manuel Godoy (Badajoz, 1767 – París, 1851) pertenece a ese tipo de personajes históricos cuyo desconocimiento parece proporcional a su importancia. Tradicionalmente se le ha considerado como uno de los gobernantes más funestos de la historia española, depravado y ambicioso sin límite, responsable, en fin, de los desvarios de la Corona que dieron pie a la invasión de Napoleón.

Como comprobará el lector de este libro, esa imagen,  sin embargo, está lejos de la realidad. Oscuro hidalgo provinciano, Godoy vivió una ascensión y enriquecimiento espectaculares que le llevaron a conseguir los títulos y honores más prominentes de la monarquía. Su estrecha relación personal con los reyes Carlos IV y María Luisa Parma le permitió ejercer un poder omnimodo de 1792 a 1808, superando críticas y conspiraciones y osando enfrentarse a la aristocracia y a la Iglesia en el interior, y a la Inglaterra y la Francia posrevolucionaria y napoleónica en Europa. Pero a Godoy le perdió la ambición y el querer prolongar, en vano, una idea de la monarquía condenada ya a su desaparición. Su caída fue tan espectacular como su ascenso, y le condenó a vivir la segunda mitad de su longeva existencia en el exilio.

En esta biografía  –la más completa y equilibrada sobre Godoy, al decir de su protagonista, el académico Carlos Seco Serrano–  hallará el lector nuevos puntos de vista y un buen número de datos inéditos sobre el reinado de Carlos IV y sobre la génesis de la guerra de la Independencia. La solidez del texto y su rigor científico están avalados por la exhaustiva bibliografía y la extensísima documentación de archivos en que se sustenta, producto de más de un decenio de trabajo de su autor.

La vida y la época de José Bonaparte

La vida y la epoca de Jose Bonaparte

La vida y la época de José Bonaparte – (Rafael Abella)

José Bonaparte (1768-1844), hermano mayor de Napoleón, fue rey de España de 1808 a 1813. Su reinado fue un auténtico espejismo, frustrado por la lucha del pueblo español y por las divergencias que tuvo con el emperador. José I se empeñó, de buena fe, en llevar a sus nuevos súbditos los beneficios de un gobierno alejado de los residuos feudales y del escándalo de los últimos Borbones. Pero el modo como llegó al poder  —ocupación militar—  no lo hizo posible. Para Napoleón, la aventura hispánica no pasaba de ser un objetivo militar en su guerra contra Inglaterra. El carácter español, rebelde, resistente al invasor, hizo el resto en una áspera lucha por su independencia.

Tras su marcha, el país quedó marcado por una ocupación que había dividido al pueblo y le había privado de unas minorías ilustradas (los afrancesados) que tuvieron que exiliarse. Para desgracia de la nación, agotada por cuatro años de guerra, se inicia un período en el que todas las ignominias tuvieron cabida. La emoción liberal y el grito de independencia emitido en Cadiz serían perseguidos.

El destino de José Bonaparte, una vez abandonado el trono español, fue azaroso como lo fue la suerte de su hermano, el emperador. Emigró a Estados Unidos, vivió en Gran Bretaña y murió en Italia a los setenta años.

El 2 de Mayo de 1808 fue pregonado en Móstoles, un humilde pueblo situado a diecisiete kilómetros de Madrid, un bando emitido por el alcalde. Se llamaba éste Andrés Torrejón, y el bando decía asi:

La Patria está en peligro. Madrid perece víctima de la perfidia francesa. ¡Españoles: acudid a salvarla!

Desde aquel perdido lugar, el grito del alcalde iba a sonar como una señal de tocar a rebato.

El día anterior, 1 de Mayo, Madrid ofrecía un aspecto tétrico. Las tropas francesas que habían ocupado la capital de España eran denostadas a gritos de “¡Gabachos!”, “¡Franchutes!”, la Puerta del Sol se poblaba de gente que discutía con calor. Un hervor incontenible brotaba de aquella muchedumbre para quien la presencia de los franceses se había hecho indesable. En éstas se estaba cuando apareció el gran Duque de Berg, el generalísimo Murat, Jefe supremo de los ocupantes. Iba a caballo, “todo aterciopelado y engalanado como vestido para una mojiganta“, según relató un testigo presencial. Le seguía una nutrida escolta de coraceros. A su paso, sonó un concierto de silbidos, agudos, penetrantes, que resonaron hacia la calle Montera. Pero el francés desoyó aquella estentórea manifestación de desagrado y siguió, impertérrito, su camino.

La atmósfera estaba densa. De un momento a otro se esperaba un estallido de odio. Y llegó. Al día siguiente.

En torno al Palacio Real, desde las primeras horas de la mañana, se aglomeró el pueblo de Madrid. Nunca dicho con mayor propiedad. Aquella multitud la componían talabarderos de la Cava Baja, zapateros del Arco de Cuchilleros, barberillos de Lavapiés, aguadores de la Fuente del Berro, cerrajeros de Caños del Peral, arrieros de las Ventas del Espíritu Santo… Sus nombres eran Juan Malasaña. Policarpo García, Teodoro Arroyo, Antonio Romero, Claudio de la Morena, Isidoro Espósito… Toda la menestralía madrileña daba rienda suelta a un fermento de rebeldía ante una invasión que se había hecho intolerable, pactada insidiosamente a espaldas de su voluntad…

El Príncipe

El principe

El Príncipe – (comentado por Napoleón Bonaparte) – (Nicolás Maquiavelo)

No ha existido hombre poderoso en la Tierra, desde Carlos V a Catalina de Médicis, de Luis XIV a Napoleón, hasta los dictadores de la época contemporánea, que no hayan sido acusados de leer secretamente El Príncipe para obtener consejo e inspiración..

El Príncipe de Nicolás Maquiavelo (Florencia – 1469 – 1527), es, sin duda, un clásico en el sentido mas literal del termino, pero también uno de los libros peor entendidos de la Historia de la literatura mundial. Basta pensar que en todas las lenguas el sentido negativo se da a los términos “Maquiavelismo” o “Maquiavelico“. Con ellos usualmente se designa un uso del poder político carente de prejuicios, en el que el fin justifica cualquier medio.

Si embargo, puede decirse que Maquiavelo, y el método de investigación que desarrolla, significa para el origen del pensamiento político moderno lo que Leonardo da Vinci y el suyo significaron, en la misma época, para la Ciencia.

A partir de un vasto inventario de la historia de las épocas pasadas y de la contemporánea, Maquiavelo se esfuerza por extraer las relaciones, las constantes, aquellas leyes, en definitiva, que permiten a los estados, sean repúblicas o principados, durar y prosperar.

Aquí la obra acompañada de comentarios de Napoleón Bonaparte, y precedida de una introducción del reconocido especialista Giuliano Procacci.

“No quiero que sea considerado presunción que un hombre de bajo e ínfimo estado se atreva a discurrir y a prescribir sobre los gobiernos de los príncipes, porque, así como los que diseñan los países se colocan en lo más bajo para considerar la naturaleza de los montes y otros lugares altos, y para considerar la de las cosas bajas se colocan encima de los montes, así para conocer la naturaleza de los pueblos hace falta ser príncipe, y para conocer la naturaleza de los príncipes hace falta ser pueblo”.

Los que desean ganarse el favor de un Príncipe suelen presentarse a él, la mayoría de las veces, con aquellas de entre sus pertenencias que ellos más estiman, o que él más aprecia. De ahí que muchas veces le regalen caballos, armas, telas tejidas con oro, piedras preciosas y otros adornos semejantes, dignos de su grandeza. Por lo tanto, siendo mi deseo ofrecer a Vuestra Magnificencia algún testimonio de mi devoción hacia Vos, no he encontrado entre mis cosas nada más querido ni más estimado que mis conocimientos sobre las acciones de los grandes hombres, adquiridos a través de una amplia experiencia de las cosas modernas y una repetida lectura de las antiguas; habiéndolas examinado y considerado con gran diligencia durante mucho tiempo, las he resumido ahora en un pequeño volumen, que envío a Vuestra Magnificencia…

Y aunque considero que esta obra es indigna de seros presentada, confío no obstante en que por Vuestra benevolencia la aceptaréis, dado que no podría haceros mejor regalo que el de ofreceros la posibilidad de aprender, en poquísimo tiempo, lo que a mí me ha costado tantos años y tantas dificultades y peligros llegar a conocer…

El principe2