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Tirano Banderas

Tirano Banderas

Tirano Banderas – (Ramón del Valle-Inclán)

Las novelas sobre tiranos y déspotas latinoamericanos constituyen ya un género literario. Tirano Banderas es,  sin duda, la gran precursora de todas ellas. Valle-Inclán exhibe bajo el velo de lo grotesco, los conflictos históricos, sociales y culturales del Nuevo Mundo y crea un esperpéntico personaje, arquetipo de los tiranos de cualquier tiempo y lugar.

Ramón del Valle-Inclán (1866-1936) cultivó todos los géneros y es considerado el gran renovador del teatro español del siglo XX. Tras un viaje a México  escribió “Tirano Banderas” (1926), una novela inusitada en el paisaje literario de su época.

Los Dioses Sanguinarios

Los dioses sanguinarios

 Los Dioses Sanguinarios – (Salvador de Madariaga)

Como las partes primera y tercera de “El corazón de piedra verde“, esta segunda, titulada: “Los Dioses Sanguinarios“, constituye una obra en sí misma y puede ser leída con independencia de sus compañeras de la serie Esquiveles y Manriques, como se denomina la obra total que abarcará la historia de las dos familias trasplantadas al México de la Conquista.

Comienza este volumen con la llegada del protagonista al Nuevo Mundo, a donde lo llevan las consecuencias de un desgraciado episodio.

Una vez más la admirable técnica del autor le permite completar,  ya no el bosquejo, sino el retrato fiel de las dos complejas personalidades de Alonso y Xuchitl, el hijo de un caballero español y la hija de un emperador Azteca, sobre el animado fondo de las luchas entre indígenas y conquistadores, que tan bien conoce y desarrolla quien escribió las admirables páginas de Hernán Cortés.

A los pocos días de navegar ya se había acostumbrado Alonso al movimiento pendular de la carabela que hacía crujir el maderamen con regularidad de reloj, y a la vibración de los tres mástiles cuando algún golpe de mar venía a descargar sobre el costado, y a los quejidos estridentes de las cuerdas distendidas por sus constantes esfuerzos, ruidos todos que prestaban a la carabela una personalidad casi humana. Aunque Alonso disfrutaba de una cabina especial en el castillo de popa, no le era posible evitar aspirar el aire espeso y nauseabundo que subía de la bodega, con sus olores de cocina, cuadra, excusado, hospital, lavadero y puerto de pesca, sobre cuya mezcla pestilente pasaba como una bendición de Dios el viento limpio y estimulante que, cargado de sal, soplaba de la mar…