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Lolita

Lolita

Lolita – (Vladimir Nabokov)

En la historia de la literatura existen unas pocas obras que, de tan vívidas y perfectas, acaban por crear tipos humanos e instalarse en la realidad como historias verdaderas. La apasionada confesión del profesor Humbert Humbert y su tormentosa relación con Lolita, una nínfula de doce años, es una de ellas.

La historia de la obsesión de Humbert Humbert, un profesor cuarentón, por la doceañera Lolita es una extraordinaria novela de amor en la que intervieIncestonen dos componentes explosivos: la atracción “perversa” por las nínfulas y el incesto. Un itinerario a través de la locura y la muerte, que desemboca en una estilizadísima violencia, narrado, a la vez con autoironía y lirismo desenfrenado, por el propio Humbert Humbert. Lolita es también un retrato ácido y visionario de los Estados Unidos, de los horrores suburbanos y de la cultura del plástico y del motel. En resumen, una exhibición deslumbrante de talento y humor a cargo de un escritor que confesó que le hubiera encantado filmar los pic-nics de Lewis Carrol.

Hijo de una aristocrática familia rusa, el novelista y crítico Vladimir Nabokov (1899-1977) escribió en ruso e inglés, y pasó la mayor parte de su vida en el exilio. Entre sus novelas figuran “Pálido fuego“, “Ada o el ardor” y “La defensa“, pero la controvertida Lolita, llevada al cine por Stanley Kubrick y Adrian Lyne, es su obra más representativa.

Trainspotting

Trainspotting

Trainspotting – (Irvine Welsh)

Un grupo de jóvenes heroinómanos cuentan a breves trazos su particular visión de la vida en el barrio de Leith, en la capital europea del Sida que fue el Edimburgo de los ochenta. Un escenario enfermizo y moribundo en el que un puñado de anti-héroes contemplan con repugnancia el presente mientras, un día si y otro también, pululan a la búsqueda de sexo, cerveza, pelea o heroína…

Trainspotting 2

Muy pocas veces alguien se atrevió a recomendar tan fervientemente una novela. “Merece vender más ejemplares que la Biblia“, afirmó Rebel Inc, una insolente revista literaria escocesa. De inmediato celebrada por los críticos más estrictos pero leída también por aquellos que raramente se acercan a los libros, “Trainspotting” se convirtió en uno de los acontecimientos literarios  —y también extraliterarios—  de la última década. Fue rápidamente adaptada al teatro y luego llevada a la pantalla por Danny Boyle, uno de los los jóvenes prodigio inglés.

Sus protagonistas son un grupo de jóvenes desesperadamente realistas  —ni se les ocurre pensar en el futuro: saben que nada o casi nada va a cambiar–,  habitantes del otro Edimburgo, el que no aparece en los famosos festivales, capital europea del Sida y paraíso de la desocupación, la miseria y la prostitución, embarcados en una peripecia vital cuyo combustible es la droga, “el elixir que les da la vida, y se la quita“.

Welsh escribe en el áspero, colorido, vigoroso lenguaje de las calles. Y entre pico y pico, entre borracheras y futbol, sexo y Rock and Roll, la negra picaresca, la épica astrosa de los que nacieron en el lado oscuro y duro de la vida, de los que no tienen otra salida que escapar, o amortiguar el dolor de existir con lo primero que caiga en sus manos.

Una novela que es el equivalente literario de una bomba de hidrógeno

La novela fundamental de un escritor fundamental. Irvine Welsh, un maestro del lenguaje popular, con un estilo de boxeador sin guantes, ataca con ferocidad el cuerpo de nuestra sociedad. Tristísima, pero también de un ingenio perverso, nos conduce en una gira infernal por los guetos psíquicos donde se refugian los drogotas, los borrachos, los desesperados y los perdedores… Una novela terrible, pero al mismo tiempo arrebatadora