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La fiel infantería

La fiel infantería – (Rafael García Serrano)

Rafael García Serrano le debemos, sin duda, una de las novelas más sinceras de cuantas se han escrito sobre la Guerra Civil española de 1936. Importa, y mucho, el destacar el suave realismo que el autor expone y, especialmente, la espontaneidad de la narración. No hay, a nuestro parecer, un solo personaje que destaque sobre otro. Se trata de todo un pueblo que vive su más dramática epopeya. Epopeya, innecesario es el indicarlo, aceptada con sugestiva resignación y magnífico espíritu humanitario.

El acierto principal del autor de estas páginas reside, ante todo, en no haber reprimido los detalles de alegría que, efectivamente, dentro del propio dolor se producen. Por eso, justamente, estamos en presencia de uno de los pocos libros  —sobre la contienda de 1936—  que, quiérase o no, perdurarán a través del tiempo: lo humano, lo rigurosamente auténtico, y lo noble, como es bien sabido, permanecen siempre.

Existen, además, razones de mucho peso que avalan el éxito literario de “La fiel infantería“. García Serrano, independientemente de poseer una rara habilidad constructiva, nos ofreció una de las más conseguidas muestras de lo que se ha dado en llamar “El realismo“. El autor, conjuntamente con otros escritores de su generación, contribuyó al milagro de que, en España, luego de no pocos años, literatura y realidad comenzasen a recordar. He aquí, pues, la raíz de no pocos problemas…

La fiel infantería” inicia una nueva singladura. Una singladura que, para unos, significará nostalgias y, para otros, el asomarse a la contemplación de una hora de España que debe evocarse con todo respeto y serenidad. Digamos finalmente, que, sobre las páginas de “La fiel infantería“, campea una eterna primavera. Inmejorable recuerdo, ciertamente, para todos los que fueron sus heroicos protagonistas. 

París Rebelde

Paris rebelde

París Rebelde – (Ignacio RamonetRamón Chao)

Al grito de “¡La imaginación al Poder!”, la revuelta estudiantil de Mayo del 68 no hacía sino recoger una larga tradición: desde la Revolución de 1779, París es la ciudad del mundo en que se han producido más revueltas populares, insurrecciones y levantamientos de repercusión universal. Un carácter revolucionario que se refleja también en lo literario y artístico, pues en esa ciudad nacieron muchos movimientos estéticos contra el orden establecido: realismo, simbolismo, impresionismo, dadaísmo, cubismo, surrealismo y demás vanguardias.

Esta guía es una manera diferente de leer la ciudad, paseando por los lugares, pero también por los textos de Bolívar, Marx, Bakunin, Lenin o Che Guevara, entre tantos otros insurrectos que acudieron a París buscando la inspiración política en sus tertulias, sus librerías y sus jardines. En ella, el turista inquieto podrá seguir el rastro de los protagonistas de esta historia de la revolución: sus domicilios, los cafés de reunión y conspiración, las plazas y las barricadas en las que muchos ganaron la historia y perdieron la vida. Rincones que conservan la memoria de varios siglos de lucha y que conviene recordar cuando se cumplen cuarenta años de la gran revuelta del 68.

La sala número seis

La sala numero seis

La sala número seis – (Antón Chéjov)

El doctor Andrei Efímich es un hombre apocado, de poca decisión, acostumbrado a su cómoda vida, a su cerveza de media tarde, a dejarse acompañar por su amigo Mijaíl Averianich. Su vida se limita a sus costumbres entre las que se encuentra acudir al hospital a trabajar pocas y desganadas horas. Un día entra en la sala número seis, un lugar donde están encerrados los locos (en aquella época se les llamabaalienados“), y allí se encuentra con un personaje poco común que llama mucho su atención. Su inteligencia y lo agradable que le resulta hablar con él es lo que hace que la vida de Andrei Efímich de un giro y tenga nuevas ilusiones, sin embargo no todo el mundo entenderá este interés. Su amigo Mijaíl y el nuevo doctor Jobotov deciden tomar cartas en el asunto.

Antón Chéjov, escritor ruso (1860-1904). Nacido en el seno de una familia pobre, logró licenciarse en medicina (1884). Sin embargo, únicamente ejerció en esporádicas ocasiones y prefirió consagrarse a la literatura. En 1884 sufrió los primeros síntomas de tuberculosis, enfermedad contra la que luchó hasta el final de sus días y que le obligo a efectuar diversas estancias en Crimea y Francia. Cultivó la amistad de Tolstoi y Gorki.

Se dedicó principalmente al teatro y al cuento. Entre sus obras dramáticas sobresalen “La Gaviota” (1895), “El Tío Vania” (1899), “Las tres hermanas” (1901), y el “Jardín de los cerezos” (1904). Recopiló sus cuentos en volúmenes como “Cuentos de Melpómene” (1884), que muestran la influencia de Gógol y un tono cómico-grotesco, “Relatos abigarrados” (1886), y “En el Crepúsculo” (1887). Fueron estas dos últimas obras las que le proporcionaron notoriedad.

En estos cuentos Chéjov rechaza los elementos retóricos y la acción para describir a la pequeña burguesía rusa. Con “La Sala número seis” (1892), una de sus obras maestras, Chéjov trató de superar el realismo mediante el recurso del simbolismo. Algunos de sus mejores cuentos son: 

La EstepaEl dueloHistoria de mi vidaLos campesinosLa señora del perritoEn la hondonada.

Su estilo , simple, sobrio, sugerente y delicado se caracteriza por abordar la tragedia cotidiana de la existencia humana prescindiendo del énfasis…

–Los hipócritas pretenden ser palomas, políticos, literarios, águilas. Pero no se deje engañar por su apariencia, no son águilas, son ratas–.

Tristana

Tristana

Tristana – (Benito Perez Galdos)

Se ha dicho repetidamente y con justicia que Benito Perez Galdos (1843 – 1920), es el gran captador y expositor del Siglo XIX, español en todas sus dimensiones y momentos. Desde “La Fontana de Oro“, y los episodios nacionales, hasta los “Obras de Tesis“. “La Familia de León Roch“, y el ciclo de “Novelas Contemporáneas“, “La Desheredada“, “El Amigo Manso“, “Tormento“, “Las novelas de Torquemada“. El Gran narrador supo aunar en una vasta síntesis los aspectos Históricos, Sociales, y Políticos de la época que le correspondió vivir, así como el pasado inmediato que había establecido los cimientos de la España Contenporánea. Ahora bien, ha señalado acertadamente Douglas M. Roger en “Benito Perez Galdos – El Escritor y la Crítica“, la tendencia a juzgar la narrativa de Galdos según criterios intrínsecos de carácter ideológico y político ha llevado muchas veces a pasar por alto el valor propiamente novelístico de su obra.

Sin embargo, la voluntad Galdosiana de dar testimonio de su tiempo se expresó siempre a través de instrumentos específicamente literarios y se plasmó en la creación de tipos inolvidables, pertenecientes en su mayor parte a esa pequeña burguesía madrileña que el escritor conoció tan profundamente y a la que supo describir de la forma más sutil. TRISTANA es tal vez el mejor ejemplo de esta maestría para la invención de personajes, a la vez típicos y singulares. La protagonista trata de revelarse contra las circunstancias familiares y sociales que le impiden desarrollar sus posibilidades de alcanzar la independencia y la felicidad: su fracaso es la triste victoria de una sociedad sórdida y represora, que refuerza su estabilidad a costa del sometimiento y destrucción de quienes se alzan contra sus dictados.

En el populoso barrio de Chamberí, más cerca del Depósito de aguas de Cuatro Caminos, vivía no ha muchos años un hidalgo de buena estampa, y nombre peregrino, no aposentado en casa solariega, pues por allí no las hubo nunca, sino un plebeyo cuarto de alquiler de los baratitos, con ruidos vecindario de taberna, merendero, cabrería, y estrecho patio interior de habitaciones numeradas…La primera vez que tuve conocimiento de tal personaje y pude observar su catadura militar de antiguo cuño, algo así como una reminiscencia pictórica de los Tercios Viejos de Flandes, dijéronme que se llamaba Don Lope de Sosa…..