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El Maestro del Prado

El maestro del prado

El Maestro del Prado y las Pinturas Proféticas – (Javier Sierra)

Un libro asombroso. Solo así puede definirse lo que el autor de La cena secreta confía ahora a sus lectores. Esta aventura se inicia en 1990, cuando Javier Sierra tropieza en las galerías del Museo del Prado con un misterioso personaje que se ofrece a explicarle las claves ocultas de algunas de sus obras maestras. Visiones místicas, anuncios proféticos, conspiraciones, herejías y hasta mensajes que parecen llegados del “otro lado” inspiraron a maestros como Rafael, Tiziano, el Bosco, Juan de Juanes, Botticelli, Brueghel o el Greco. Y según ese inesperado maestro, lo que todos ellos dejaron escrito en sus pinturas es tan sobrecogedor como revolucionario.

Tiziano

Los habrá mejores, pintores y maestros indiscutibles, de la talla de Miguel Ángel, de Leonardo, Rafael, El Greco, Botticelli….Donatello….Velazquez…

Pero este, Tiziano, por cuestiones filosóficas y personales mías, es para mí, mi gran preferido, el numero uno. (cuestión de gustos)

Pero para llegar hasta aquí, los maestros tuvieron que recorrer un camino muy largo, que comenzó cuando el egipcio Filocles trazo por primera vez el contorno de una figura, y la pintura siguió progresando de manos de Ceimón de Cleonas, el inventor de los escorzos,  y de Polignoto, que supo dar a los rostros  su verdadera expresión.

Contaba Plinio que, cuando en uno de aquellos concursos artisticos de la antiguedad se enfrentaron Parrasio y Zeuxis, éste presento unas uvas pintadas con tanto realismo que los pajaros, engañados por el aspecto de la obra, habían bajado del cielo para intentar picotearlas. Y, como él, el resto de escritores antiguos dejaron en sus textos el testimonio y el recuerdo de una pintura que había alcanzado en su tiempo tal grado de perfección que, al verla, resultaba imposible distinguir qué era lo pintado y qué era lo real. La fuerza ilusionista y el poder de persuasión que tenian aquellas obras eran tales que no sólo engañaron a los pájaros, sino que también fueron capaces de confundir a los artistas que las estaban creando. Así le sucedió a al propio Zeuxis en aquel mismo concurso cuando, envalentonado por su proeza y sintiendose ya ganador con la victoria al alcance de su mano, alargo el brazo pretendiendo en vano retirar la tela que, aparentemente, cubría el cuadro con el que le habia desafiado su rival, y descubrió asombrado que dicha tela no ocultaba nada sino que ella era el cuadro mismo. Y al darse cuenta de su error -continuá contando el autor- con ingenua verguenza, concedió la palma de ganador a su rival, porque él había engañado a los pajaros pero Parraiso le había engañado a él.

Tanto Zeuxis y Parraiso, fueron superados poco después por Apeles, cuando este consiguió pintar “aquellas cosas que no pueden pintarse: El trueno, el relámpago y el rayo”.