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Los Renglones Torcidos de Dios

Los renglones torcidos de dios

Los Renglones Torcidos de Dios – (Torcuato Luca de Tena)

Alice Gould es ingresada en un sanatorio mental. En su delirio, cree ser una investigadora privada a cargo de un equipo de detectives dedicados a esclarecer complicados casos. Según una carta de su médico particular, la realidad es otra: su paranoica obsesión es atentar contra la vida de su marido. La extrema inteligencia de esta mujer y su actitud aparentemente normal confundirán a los médicos hasta el punto de no saber a ciencia cierta si Alice ha sido ingresada injustamente o padece realmente un grave y peligroso trastorno psicológico.

“Los renglones torcidos de Dios son, en verdad, muy torcidos. Unos hombres y unas mujeres ejemplares, tenaces y hasta heroicos, pretenden enderezarlos. A veces lo consiguen. La profunda admiración que me produjo su labor durante mi estadía voluntaria en un hospital psiquiátrico acreció la gratitud y el respeto que siempre experimenté por la clase médica. De aquí que dedique estas páginas a los médicos, a los enfermeros y enfermeras, a los vigilantes, cuidadores y demás profesionales que emplean sus vidas en el noble y esforzado servicio de los más desventurados errores de la Naturaleza.”

La Mujer de Otro

La mujer de otro

La Mujer de Otro – (Torcuato Luca de Tena)

Los tipos humanos que alientan con tremendo y,  a veces, patético verismo por la páginas de  -La Mujer de Otro-   “novela galardonada con el Premio Editorial Planeta 1061” no han existido nunca en la vida real. Pero su miseria o su grandeza, sus dilemas, sus ambiciones, sus sueños son tan semejantes a los nuestros que el lector se sentirá arrastrado por la corriente de sus aconteceres, creyéndose testigo, o protagonista incluso, de lo que no es más que una ficción.

La calidad humana de ese “todo un hombre” que es el comandante Moscoso; la luminosa simpatía de Pedro Turull;  la gracia alada de María José, la misionera portuguesa; la honrada simplicidad del sargento Petrirema, chocan y contrastan con los aguafuertes solanescos de María Terrón o del nrgro sacrílrgo Isabel Jesús Rodríguez Akato Trinidad; de Elena, pusilánime, y de Matilde, dominadora. Y Enrique y Andrés y Alicia y Ana María, vértices del cuadriláatero  -no triangulo-   en que se apoya la acción; y los niños, Alberto y Enrique  -cuya personalidad ha sido descrito con mano maestra-,   y el intendente Rolland y tantos otros personajes centrales o secundarios, no podrán ser fácilmente olvidados por quienes lean estas páginas.

La Brújula Loca

La brujula loca

 La Brújula Loca – (Torcuato Luca de Tena)

El autor de la Brújula Loca confesó  -con motivo de la publicación de sus anteriores novelas Edad prohibida y La mujer de otro–  que su único propósito al escribir es “el puro deleite de escribir“. Es en esta última novela, más que en ninguna otra, donde se advierte el goce del autor al crear situaciones y tipos, describir escenarios o ambientes, penetrar en el interior de los espíritus, desnudar las almas y mostrarlas al exterior: pues siempre hay algo en ellas digno  –cuando no de alabanza, al menos de admiración-.  La Brújula Loca es una novela escrita por quien tiene la virtud de gozar al escribir y para quienes tienen el arte inefable de saber deleitarse al leer.

Los tipos claves de la narración  —Martín Pescador, Felisa la Guardesa, Cosme el bandido, Mariuca la niña vagabunda, Micaela monja clarisa y ese fabuloso, insensato y estupendo legionario que es Catalino Riopérez-Pérez—  son seres tan diversos, tan reales y tan ricos en calidades humanas, que no se diría arrancados del mundo de la fábula. Con ellos alternan caricaturas de hombres y mujeres u otros entes que nisiquiera son humanos  —como trespatas o Malacopterigia—  voluntariamente deformados porque así conviene “al clima” de la narración, “como verá quien leyere“. Y con ellos, y por encima de ellos, un pobre ser aspecto y tamaño insignificantes. El autor ha querido forzar su nimiedad con un hombre pueril: Perico. Mas he aquí que el personaje se sobrepone a su destino y “con la Brújula Loca, pero fija la Fe“, se transforma en el más vigoroso y perfecto de cuantos han salido de la pluma del mismo autor.

Corre la primavera del año 1937 y la aviación del general Franco bombardea Santander dentro de las acciones por hacerse con el Norte de España. Los vecinos de la capital cántabra se afanan en buscar cuerpos de entre los escombros de una casa alcanzada por una de las bombas caídas durante la noche. De puro milagro hallan a un niño que, a pesar de estar inconsciente, ha podido salvarse gracias a que la criada lo protegió con su propio cuerpo.

–¡Aquí hay otro!

–¿Está vivo?

–¡Qué va a estar!

–¿Le has palpau?

–No llego, pero le columbro con los ojos de mi cara, que pa eso están. Pásame el palu.

–Ten cuidau. Como nos falle el suelo nos vamos los dos p’abajo… ¿Qué? ¿Llegas?

–Tan guapamente… ¡Ya toco en blando!

–¿Se mueve?

–No sé… ¡Mira que si está vivo!

–Pero ¿resueya o no resueya, roño?

–Te digo que no sé… Avisa a los otros… ¡Creo que se ha movío!

Damián hizo altavoz con las manos.

–¡Eeeeeeh! ¡Que aquí hay otruuuu!

Abajo, en la taberna, el alcalde pedáneo había organizado su estado mayor.

–¿Cuantos van ya?

–Ocho, creo.

–¿Todos muertos?

–¡Tooos muertos!

-¡Leñe!

–A mí me aguele que el padre era fascista. Y que se vino al pueblo pa esconderse. ¡Como aquí naide le conocía!

–¿Qué sabes tú? Eran forasteros. Y el hombre estaba enfermo y no hacían mal a naide.

–Ni bien tampoco.

–¿Enfermo el padre? ¿Nueve meses enfermo? ¡Los meses de la guerra! ¡Echa la cuenta y verás…!

Petra la tabernera, intervino.

–Los niños no son fascistas. Los niños son niños y na más…