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Dublineses

Dublineses

Dublineses – (James Joyce)

Dicen que si Dublín desapareciera podría ser reconstruida a partir de los libros de Joyce. Pero los personajes desesperados, desafiantes o resignados que pueblan estos relatos se parecen a los habitantes de cualquier ciudad. Cada una de estas historias, intensas e intemporales como toda obra maestra, adquiere nueva vida con cada lectura.

Publicado en 1914, Dublineses es uno de los libros de relatos más unitarios y perfectos alumbrados por un autor. Pese a gravitar en su totalidad en torno a Dublín y sus personajes enmarcados en un periodo histórico muy concreto (el que habría de anteceder en breve a la independencia de la católica Irlanda respecto al protestante Reino Unido, y sobre todo Inglaterra), James Joyce muestra en los quince cuentos que integran la obra una sensibilidad y penetración difícilmente igualables a la hora de captar la naturaleza humana en sus distintas edades y condiciones, así como en el laberinto de las relaciones personales y sociales. La impecable estructura del libro, que parte de las primeras experiencias infantiles para ir recorriendo el arco de la existencia humana, culmina en esa obra maestra que es el relato titulado “Los muertos” sin duda alguna una de las cumbres del género.

Desde la delicada orfebrería de “Dublineses” a la revolucionaria técnica estilística de “Finnegan’s wake” pasando por “Ulises“, su novela más conocida, la literatura de James Joyce (1882-1941) renovó la lengua inglesa y la narrativa moderna creando un estilo único.

El Camino del Corazón

El camino del corazon

El Camino del Corazón – (Fernando Sánchez Dragó)

Estamos en 1969. Un hombre de treinta y dos años decide emprender un largo viaje a Oriente para buscar allí la sabiduría, la embriaguez, la espiritualidad y la felicidad que Occidente le niega. Deja a sus espaldas, esperándole en la penumbra de una ciudad de provincias, a la mujer con la que ha compartido todos sus sueños y las desilusiones de la Década Prodigiosa. El viajero recorre Turquía, Irán, Paquistán, la India, Nepal, Indonesia, Vietnam, y Afganistán.

Poco a poco –de lance en lance, de aventura en aventura, de encuentro en encontronazo– su personalidad se transforma. Le ayudan a ello, entre otros, el Canciller de Estambul, el Caminador Manchego, el Comerciante Sufí, el Troglodita de Luarca, el Tigre de Bengala, el Motorista de Delhi, la “kumari” de Kathmandú, los Caballeros de la Tabla Redonda del “Cabin“, el Dúo Latino, el Indómito Volkswagen, el “Pandit” de Bombay, el Barón Siciliano, el Periodista Argentino, el Espontáneo de Saigón y el Faquir de Kornarak. Al mismo tiempo, como falsilla, envoltorio y columna vertebral de este viaje –al fondo de lo desconocido para encontrar lo nuevo– Cristina (o Penélope) teje y desteje su incesante trama de amor y desamor con Dionisio (o Ulises). Pero es, como de costumbre, el Destino quien dice la última y sorprendente palabra de esta odisea de nuestro tiempo…